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La UE todavía busca su sitio para frenar la guerra cuatro años después de la invasión de Ucrania por Rusia

Imagen de los destrozos causados por los bombardeos rusos en Ucrania.

Rodrigo Ponce de León

Corresponsal en Bruselas —
21 de febrero de 2026 21:55 h

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En el cuarto aniversario de la invasión de Ucrania por Rusia, la Unión Europea sigue buscando su lugar para tener un peso decisivo en el final del conflicto. Europa está siendo ignorada por Estados Unidos, salvo para la compra de armamento de empresas estadounidenses, y es despreciada por Vladímir Putin, mientras que se ha convertido en la esperanza de Ucrania para mantenerse a flote por en una guerra de desgaste atroz.

En este escenario, la UE se debate entre mantener la presión económica sobre Rusia y encontrar una vía que lleve al Kremlin a sentarse en una mesa de negociación que facilite una acuerdo de paz justo para los ucranianos y, en definitiva, frene cualquier posibilidad de que Rusia se plantee nuevas aventuras expansionistas.

Como era previsible, la última ronda de negociaciones entre Ucrania y Rusia, con la mediación de Estados Unidos, que tuvo lugar esta semana en Ginebra, han sido un fracaso. No hubo avances sobre un cese el fuego, ni en la demarcación de fronteras en el territorio ucraniano del Dombás, ni en la creación de una zona desmilitarizada en la región de Donetsk o sobre la central nuclear de Zaporiyia, en manos de Rusia.

La jefa de Exteriores de la UE, Kaja Kallas, ha apuntado que “las conversaciones en Ginebra han vuelto a demostrar que Rusia no se está alejando de sus exigencias maximalistas. Según la mayoría de los indicadores, la guerra se ha vuelto aún más brutal para Ucrania durante el último año. Rusia está prolongando las negociaciones en lugar de avanzar hacia la paz. La respuesta de Unión Europea sigue siendo clara: más apoyo a Ucrania y más presión sobre Rusia”.

La UE no estaba invitada ni tenía asiento en estas negociaciones. De poco sirve que la Comisión Europea insista una y otra vez en que “la UE está en coordinación constante con Ucrania y EEUU y ha comunicado en numerosas ocasiones que nada puede decidirse sobre Ucrania sin Europa en la mesa de negociaciones”.

Por eso, no es extraño que varios países europeos hayan puesto sobre la mesa la posibilidad de iniciar conversaciones entre la UE y Rusia. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, fueron los primeros en atreverse a pedir la apertura de negociaciones entre Europa y Putin sobre Ucrania. No es una idea del todo descabellada cuando en la mesa de negociación que promueve EEUU no hay sitio para la UE.

El canciller de Alemania, Friedrich Merz, ha descrito a Rusia como parte integral de Europa y puntualizó la necesidad de restablecer relaciones equilibradas con Moscú, aunque siempre y cuando se alcance la paz en Ucrania. Hasta el momento, la posición que ha dominado la política exterior de la UE frente a Rusia ha sido el aislamiento diplomático. 

Sin embargo, Tatiana Stanovaya, investigadora del Rusia-Eurasia Carnegie Center, argumenta que “la trampa final es a la que se enfrenta Europa. Las circunstancias están empujando a las capitales europeas a reanudar el diálogo con Moscú. Pero Rusia solo buscará un acercamiento genuino si Europa está preparada para discutir asuntos estratégicos de seguridad. Es probable que Moscú exija el fin del apoyo militar a Ucrania. La amarga verdad es que Europa no está preparada ni para enfrentarse a Rusia, ni para participar en lo que el Kremlin considera una discusión significativa sobre la futura arquitectura de seguridad europea. En consecuencia, Europa seguirá estando en la periferia del proceso de negociación, como un objetivo indirecto de Rusia, que se sitúa detrás de una Ucrania sitiada”.

Por su parte, Thomas Graham, investigador del Council on Foreign Relations, argumenta que “el diálogo es esencial. No es una concesión, sino una salvaguardia. Reduce el riesgo de que el Kremlin malinterprete las intenciones de Europa y reaccione de manera exagerada, aumentando el peligro de una guerra más amplia. Con el tiempo, el contacto sostenido puede crear oportunidades para estabilizar la larga frontera entre Rusia y Occidente”.

Ahora bien, Graham advierte de que Europa debe “tener cuidado al establecer el diálogo, dadas las divisiones dentro de Europa sobre el carácter de la amenaza rusa y la profundidad del sentimiento antirruso. Putin podría usar un diálogo mal estructurado para crear divisiones entre los Estados europeos y exacerbar las tensiones en la relación transatlántica, que ya se encuentra bajo una fuerte presión debido a las políticas de la Administración Trump”.

EEUU descoloca a la UE

En este juego a cuatro, Estados Unidos no siempre tiene una clara posición. En la Conferencia de Seguridad de Múnich de la semana pasada, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, dejó plantados a los europeos en una reunión sobre la guerra en Ucrania. Se hacía más claro el temor en varias capitales europeas: Washington no tiene ningún interés en involucrar a Europa en las negociaciones para acabar con el conflicto en Ucrania.

Bronwen Maddox, directora de Chatham House, señala que “hubo inquietud inmediata por los límites explícitos que Rubio fijó al apoyo estadounidense a Europa y a Ucrania”, ya que dejó “una advertencia clara de que la Administración Trump seguirá su propio rumbo en defensa de los intereses de EEUU si no encuentra a Europa comprensiva”.

Era una situación esperada. Sander Tordoir, investigador en el Centre for European Reform, ya había avisado reiteradamente de que “la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y las propuestas favorables a Rusia presentadas a Moscú por Steve Witkoff, el enviado 'de paz' todoterreno del presidente estadounidense Donald Trump, para poner fin a la guerra en Ucrania, han enviado un mensaje claro a Kiev —y a Europa—. Cualesquiera que sean las garantías de seguridad que ofrezca, tarde o temprano la Administración Trump abandonará a Ucrania”. 

La preocupación europea se hizo creciente porque Rubio viajó el día después a Budapest para apoyar al primer ministro húngaro Viktor Orbán, el mandatario de un país de la UE que más obstáculos ha puesto a que Europa ayude a Kiev. A esta posición hay que sumar que EEUU, desde principios de 2025, ha dejado prácticamente de financiar el armamento del Ejército ucraniano soltando la carga del pago de armas para Ucrania sobre la Unión Europea.



Como explica Michael Kofman, investigador en Carnegie Endowment for International Peace, “el año pasado, el presidente ruso Vladímir Putin hizo dos apuestas. La primera fue que la presión sostenida y el desgaste provocarían el colapso de las líneas ucranianas. La segunda, que la diplomacia rusa lograría que EEUU se volviera contra Ucrania, eliminando el apoyo estadounidense crítico al esfuerzo bélico. Washington sí detuvo la asistencia militar directa, pero estableció un acuerdo en el que ahora los europeos pagan por la continuidad del apoyo estadounidense al esfuerzo de guerra ucraniano. En esencia, ambas apuestas de Putin resultaron erróneas”.

Después de largas negociaciones para poner de acuerdo a los 27 países de la UE, Bruselas consiguió sacar adelante un préstamo de 90.000 millones de euros que permitirá a Ucrania comprar armamento y seguir aguantando durante dos años más la guerra de desgaste a la que les ha condenado Putin. El préstamo está vinculado a que la mayoría de las compras de armas sean de empresas europeas, salvo cuando no haya opciones en la UE o el nivel tecnológico sea tan elevado que solo puedan ser adquiridas en un país tercero.

Aunque parezca una desfachatez, el Departamento de Defensa de EEUU se ha opuesto a que la UE limite el acceso de los fabricantes de armas estadounidenses al mercado europeo y ha advertido que la medida provocaría una respuesta recíproca: “Las políticas proteccionistas y excluyentes que expulsan por la fuerza a las empresas estadounidenses del mercado —cuando las mayores firmas de defensa de Europa siguen beneficiándose en gran medida del acceso al mercado de Estados Unidos— son el camino equivocado”.



La adhesión a la UE como garantía de seguridad

Solo cuatro días después del inicio de la invasión rusa, Kiev presentó una solicitud de adhesión a la Unión Europea, registrada el 28 de febrero de 2022. Zelenski ha declarado en varias ocasiones que la adhesión de su país a la UE constituye una de las principales garantías de seguridad para Kiev y así se ha propuesto en su plan de paz. El presidente ucraniano defendió que Ucrania debería convertirse en miembro de pleno derecho de la UE en 2027. Ahora bien, no está claro que el camino vaya a ser tan fácil ni tan rápido.

Además de los protagonistas habituales para poner obstáculos a la adhesión de Ucrania, como la Hungría de Viktor Orbán, hay países como Alemania o Luxemburgo que ya han avisado de que su integración debería seguir el procedimiento y cumplir los criterios de adhesión.

Se cierran puertas una vez que el canciller alemán, Friedrich Merz, haya declarado que “la adhesión el uno de enero de 2027 está fuera de discusión. No es posible. En este largo camino, poco a poco podremos acercar a Ucrania a la Unión Europea, eso siempre es posible; pero una adhesión tan rápida, simplemente no es factible”. De hecho, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, retrasó la posible integración a 2030. Los últimos casos de corrupción en Ucrania tampoco han ayudado a acelerar el proceso. 

Imagen de la devastación creada tras un ataque ruso en la localidad ucraniana de Sumi.

Fredrik Löjdquist, director del Stockholm Centre for Eastern European Studies, insiste en la necesidad de que la UE dé un paso más adelante en la integración de Ucrania, tanto en el sistema de defensa europeo como siendo un Estado miembro más. “Cualquier esfuerzo por desarrollar una defensa y disuasión europea creíbles tendrá que considerar a Kiev como proveedor de seguridad, no como consumidor de seguridad. Una Europa que incluya a Ucrania será mucho más fuerte. Ucrania cuenta con las fuerzas armadas más grandes y curtidas en combate de Europa. Ha demostrado un notable nivel de resiliencia y resistencia. Su industria de defensa ha mostrado una agilidad y flexibilidad para ampliarse sin igual. Por ello, Ucrania debe integrarse en el sistema europeo de seguridad y defensa lo antes posible”.

“No debe haber ninguna duda sobre el destino de Ucrania y su valor añadido como Estado miembro de pleno derecho de la UE. Por otro lado, el control ruso sobre Ucrania —su territorio y su industria armamentística y de defensa— sería altamente perjudicial para la seguridad europea”, defiende Löjdquist.

No hay que olvidar que además de la solicitud de Ucrania, también está la petición de territorios como Moldavia y Georgia, es decir, la UE se podría ampliar en lo que hace muchos años era el espacio soviético, una zona que Moscú considera parte fundamental de su radio de acción.

Hay propuestas para que Ucrania vaya ingresando en la UE por partes, incluso si es sin derecho a voto. Aunque Merz es el que más claro se ha posicionado, no hay que olvidar que también hay intereses económicos en juego: Ucrania es una potencia agraria y su entrada en el club comunitario afectaría al presupuesto de la Política Agraria Común, del que países como Francia y España, entre muchos otros, son plenos receptores.

Más sanciones europeas contra Rusia

A falta de tener algo de protagonismo en las negociaciones de paz, la UE mantiene su plan de presionar económicamente a Rusia. Kallas ha explicado que, este lunes, “nuestro objetivo es adoptar el vigésimo paquete de sanciones contra Rusia. Las sanciones están funcionando: están dañando gravemente la economía rusa y cada nueva medida limita aún más su capacidad para hacer la guerra. Moscú no es invencible. Su ejército está sufriendo bajas récord y su economía se encuentra bajo fuerte presión. Pero Vladímir Putin no pondrá fin a esta guerra hasta que los costes superen a los beneficios. Y ese es el punto al que debemos llegar”.

Este nuevo paquete de sanciones de la UE se centra en los sectores de la energía, los servicios financieros y el comercio. En el ámbito energético, se prevé la imposición de una prohibición total de los servicios marítimos para el petróleo ruso, la inclusión de otros 43 buques adicionales de la lista negra de sancionados, así como la restricción del mantenimiento técnico de los buques cisterna que suministran gas natural licuado.

En el sector financiero, está previsto incluir a 20 bancos regionales en la lista de sancionados y ampliar las medidas contra los canales de evasión mediante criptomonedas. Asimismo, se imponen prohibiciones de exportación a Rusia por un valor superior a 360 millones de euros y restricciones a las importaciones por más de 570 millones de euros en metales, productos químicos y minerales críticos.



Pero, ¿están funcionando las sanciones? “Rusia es el país más sancionado del mundo, pero el régimen actual de sanciones ha fracasado en gran medida en su objetivo de limitar la capacidad de Rusia para hacer la guerra”, destacan Volodymyr Dubrovskiy y James Nixey, investigadores de Chatham House.

La situación económica de Rusia es cada vez peor, pero está por ver que sea suficiente para torcer el brazo de Putin. El déficit presupuestario del Estado ruso subió al 2,6% del PIB en 2025, cinco veces por encima de lo previsto por el Kremlin. En 2026, el Gobierno ruso espera que los números rojos se reduzcan al 1,6% del PIB, una previsión que nadie cree que se vaya a cumplir. Además, según la Comisión Europea, los ingresos rusos por petróleo y gas se redujeron en 2025 un 24%, alcanzando el nivel más bajo de los últimos cinco años, aunque todavía estamos hablando de 80.619 millones de euros. Los tipos de interés en Rusia están en el 16%, sin que hayan logrado evitar que la inflación sea muy elevada, el 5,6% en el año pasado.

Sin embargo, según estimaciones del Center for Strategic and International Studies (CSIS), la economía rusa ha resistido mejor de lo esperado tras las sanciones económicas occidentales impuestas por la UE. El balance comercial de Rusia sigue en superávit, el rublo no se ha alejado demasiado de su valoración previa a la guerra frente al dólar y el país depende en gran medida de exportaciones energéticas como el petróleo.

“A pesar de los desafíos de Rusia, la gran ironía es que EEUU y Europa no han logrado ejercer plenamente sus herramientas económicas ni militares. Sin un mayor coste para Rusia, Putin prolongará las negociaciones y seguirá combatiendo, incluso si eso implica millones de bajas tanto rusas como ucranianas”, resaltan los analistas de CSIS.

“Poco espacio para el optimismo”

En el mismo informe del CSIS se revela que “desde febrero de 2022, las fuerzas rusas han sufrido casi 1,2 millones de bajas, más que cualquier otra potencia importante en cualquier conflicto desde la Segunda Guerra Mundial. Tras tomar la iniciativa en 2024, las fuerzas rusas avanzaron a un ritmo promedio de entre 15 y 70 metros por día en sus ofensivas más destacadas, más lento que casi cualquier campaña ofensiva importante en cualquier guerra del último siglo”. Entonces, ¿hay posibilidades de que acabe la guerra sin concesiones a Putin?

Tal y como está la situación, Tatiana Stanovaya, investigadora del Rusia-Eurasia Carnegie Center, subraya que “hay poco espacio para el optimismo. Para el Kremlin, la guerra es existencial. No se trata solo de tomar el control de pueblos y aldeas, sino de un enfrentamiento con Occidente que tiene lugar en territorio ucraniano. Las predicciones sobre el colapso inminente de la economía rusa no carecen de fundamento, pero pasan por alto el punto clave: para el Kremlin, poner fin a la guerra sin que se tengan en cuenta los intereses de Rusia no sería simplemente una derrota, sino que equivaldría a condenar a Rusia a su propia perdición”.

En el mismo sentido se expresan Volodymyr Dubrovskiy y James Nixey: “Por irracionales que sean las motivaciones fundamentales detrás de la invasión a gran escala, Putin es racional cuando se trata de la supervivencia de su régimen. Esto refleja la naturaleza de 'el ganador se lo lleva todo' de la política rusa, basada en la idea de que otro gran error político podría provocar su sustitución o incluso el colapso del régimen. Paradójicamente, esto significa que Putin y su círculo más cercano tienen fuertes incentivos para continuar la guerra, pese a su posible impacto negativo en el bienestar económico de los ciudadanos rusos. Una guerra sin fin es, en cierto modo, políticamente necesaria para que el régimen justifique los sacrificios realizados hasta ahora, tanto en términos de bajas humanas como de las dificultades económicas que los ciudadanos rusos han soportado desde la invasión”.

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