El derrumbe provocado de la universidad pública madrileña
La dimisión o cese de la dirección de la Consejería de Educación, Ciencia y Universidades de la Comunidad de Madrid pilló por sorpresa hasta a los más iniciados en el mundo de Isabel Díaz Ayuso. Era difícil de sospechar que la caída del consejero Emilio Viciana tuviera un efecto dominó sobre dos directores generales, otros tres diputados y el que parece ser el padrino de todos: Antonio Castillo Algarra, director artístico del Ballet Español de la Comunidad de Madrid. Este 7x1 ha supuesto extirpar a un clan del PP madrileño, un movimiento que puede acarrear más consecuencias, dada su atracción por las artes escénicas.
Este movimiento se ha querido vincular oficialmente con el deterioro de las universidades públicas madrileñas y la mala relación entre los rectores y Emilio Viciana. La realidad es que el deterioro viene de mucho antes de que asumiera el cargo en junio de 2023, de manera que lleva poco más de dos cursos al frente de la consejería. La infrafinanciación de la universidad pública madrileña se arrastra desde hace años y tiene mucho que ver con los modelos que propugna el PP de Madrid desde la época de Esperanza Aguirre, quien quiso establecer el cheque escolar, que hubiera supuesto dar directamente una cuantía por estudiante a las familias y que estas se lo gastaran en el centro que quisiera, público, concertado o privado.
En 2023, cuando Viciana asume el cargo, las seis universidades públicas de la Comunidad de Madrid registraron un déficit (sin operaciones financieras) de 48,1 millones, que en realidad se concentra en dos: la Universidad Complutense y la Rey Juan Carlos, con pérdidas de operaciones no financieras de 64,5 millones y 43,8 millones de euros, según el Informe La universidad española en cifras 2023-2024 elaborado por la CRUE (Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas), página 178. La situación de estas dos universidades colocó a Madrid como la única región con un sistema universitario deficitario, sus gastos no financieros son superiores a los ingresos, según los datos de 2023, que son los últimos disponibles para el conjunto de universidades.
Esta situación no se debe a que los rectores sean unos manirrotos que gastan sin control. El mismo informe pone de relieve cómo se les ha recortado las aportaciones públicas cuando se compara el gasto con la evolución del PIB, lo que se denomina esfuerzo de financiación real (ingresos no financieros/PIB nominal). “Es especialmente relevante el comportamiento de la Comunidad de Madrid que ha mermado en 23,1 puntos porcentuales la participación de su PIB en la financiación ordinaria de sus seis universidades públicas”, dice el informe de la CRUE página 153. En 2008, destinaba a universidades el 0,88% del PIB y en 2023 lo redujo al 0,68%. Es la Comunidad que más lo ha recortado, la siguiente es Cantabria, un 14,8%.
A las mismas conclusiones, como no podría ser de otra manera, llega el Informe 2025 de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CyD), institución privada centrada en la promoción de la contribución de las universidades españolas al desarrollo económico y social y que realiza uno de los mejores análisis de la educación superior en España. Según dicho informe, la Comunidad de Madrid es la que efectúa el menor esfuerzo presupuestario en universidades, ya que destina por alumno tan sólo el equivalente al 16,3% del PIB por habitante; la siguiente, Cataluña, destina el 23,5%. Medido en euros, Madrid emplea 6.975 euros por alumno y año, que es la cuantía más baja y con diferencia, ya que no hay ninguna que gaste menos de 8.000 euros por estudiante.
No es casualidad, que al ser la que menos dinero destina también lidere el ranking de las tasas más altas, con una media de 2.052 euros por alumno, el doble de la más barata, Galicia. Si se baja la mirada a las universidades concretas, las más caras son cuatro de las grandes de Madrid (Carlos III, Autónoma, Politécnica y Complutense).
Al analizar el gasto, el Informe de CyD concluye que las universidades públicas madrileñas fueron las segundas que menos destinaron a gastos corrientes, que incluyen los gastos de personal, funcionamiento (bienes y servicios), financieros y transferencias corrientes que realizan los propios centros, con un coste medio de 7.278 euros por alumno, que únicamente supera a Castilla-La Mancha, con 7.250 euros.
En resumen, la infrafinanciación del sistema universitario público de Madrid está obligando a ajustar el gasto a los centros, incluso a endeudarse, y a que las familias hagan un mayor esfuerzo, de ahí que sea el que tiene las tasas más elevadas. La consecuencia es el crecimiento de las universidades privadas de manera exponencial en número de centros y alumnos. En el curso 2024-25 las universidades españolas tenían un total de 1,4 millones de estudiantes, de los que el 23% acudían a centros privados, nueve puntos más que diez años antes. Este crecimiento está muy ligado a la expansión de estos centros en Madrid, donde las universidades privadas ya suman uno de cada tres estudiantes (34% del total de 264.738), con un crecimiento de trece puntos entre 2015 y 2024.
La expansión de la enseñanza y la sanidad privadas son dos caras de la misma moneda. Habrá quien piense que cuántos más madrileños acudan a los centros privados más hueco dejan en lo público y menos cuestan a los presupuestos públicos, que acaparan el 65% (18.000 millones) del gasto total (30.664 millones) de la Comunidad de Madrid para este año. El problema de este modelo es que la infrafinanciación de la educación y sanidad públicas, con centros que literalmente se caen por falta de inversión, conduce al deterioro de la calidad del servicio de manera inapelable.
Este modelo implica en la práctica poner más dificultades a las clases más desfavorecidas. La educación está considerada el mejor ascensor social; donde el mérito y el esfuerzo son la vara de medir. El problema es que el edificio del sistema educativo cuenta con dos ascensores que discriminan por renta. El primero, el de la educación privada, es más espacioso, entran menos, va mucho más rápido y lleva hasta la azotea, donde hay mejores puestos y más remunerados. Es un ardid pensar que este esquema se monta de la noche a la mañana por Los Pocholos y su mentor.
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