Recorrer un templo como lo hacían los monjes hace un milenio, otra forma de explicar (y entender) el románico
Durante las ceremonias más señaladas, los monjes recorrían una serie de espacios que habían sido expresamente construidos en los monasterios para las celebraciones litúrgicas. Cada estancia tenía un significado, un simbolismo. Con el paso de los siglos, las órdenes religiosas y los rituales fueron cambiando, y muchos de estos edificios se fueron transformando para adaptarse a los nuevos tiempos. Aquellas dependencias que utilizaban fueron modificadas (cuando no destruidas) para construir otras nuevas, así que ese remoto pasado medieval quedó sepultado bajo otras piedras más modernas.
Este relato general —que habla, a grandes rasgos, de multitud de monasterios—describe con exactitud la evolución de San Zoilo (Carrión de los Condes, Palencia), uno de los edificios más importantes de entre la treintena que la abadía francesa de Cluny llegó a administrar en nuestro país. Después de tres décadas de exploración arqueológica, los especialistas han identificado, precisamente, una de esas estructuras que los religiosos utilizaban una sola vez al año, en la ceremonia del Sábado Santo. Ante la complejidad de explicar todo esto, en San Zoilo se les ha ocurrido que la mejor manera de contarlo es recuperar ese itinerario oculto entre los muros actuales, e invitar al visitante a que pueda seguirlo por sí mismo, como si viajara a la Edad Media.
Del pasado románico de San Zoilo “tan solo se veía una ventanita desde la carretera”, apunta Zoilo Perrino, rescatando la descripción que el arqueólogo Miguel Ángel García Guinea hizo del monasterio, antes de los años noventa. La situación cambió en 1993 con la aparición de la portada original. “El hallazgo fue un bombazo por la calidad, el grado de conservación y la conexión que mostraba con templos como los de Frómista, Sahagún o Jaca”, explica el responsable de la asociación Cluny Ibérica, que trabaja en la recuperación de la huella cluniacense en España y Portugal.
Hace cuatro años, se registró otro paso importante. Unas obras de urgencia en el subsuelo del edificio revelaron, por casualidad, varios capiteles románicos. Era el vestigio más claro del antiguo claustro, el que se construyó en el siglo XI y fue demolido en el XVI. Entonces, los materiales (las piedras) de la vieja estructura fueron reutilizados en las nuevas galerías de estilo plateresco, las que se pueden ver en la actualidad. Los responsables acometieron la restauración de los restos con el objetivo de exponerlos, pero el hallazgo más reciente ha dejado la musealización de los capiteles un poco en segundo plano.
Desde finales de los noventa se conocía el inicio del recorrido que los monjes hacían durante la liturgia de Semana Santa en la Edad Media. A los pies de la iglesia del monasterio, los religiosos ascendían unos ocho metros por las escaleras interiores (el husillo) de la torre norte. Acto seguido, continuaban por un pasillo que quedó interrumpido por las reformas realizadas en el siglo XVI. Pero ¿dónde conducía aquel corredor? Siempre se intuyó que la procesión continuaba hasta la torre sur, de manera que los monjes podían regresar a la nave de la iglesia descendiendo por una segunda escalera. No ha sido hasta estas semanas cuando la exploración arqueológica ha confirmado el planteamiento.
“Estamos descubriendo que tenemos toda la estructura del pasillo que comunicaba con la galilea (un espacio para los fieles) y que llegaba a la torre sur”, explica Perrino. Ahora, Cluny Ibérica busca financiación para terminar de rehabilitar este espacio —vaciar el corredor de escombros y recuperar el acceso a la torre sur original— y devolverlo a como fue hace cuatro siglos. “Más allá de la trascendencia arqueológica que tiene el proyecto, queremos que los visitantes puedan volver a caminar por estas dependencias para comprender el recorrido que hacían los monjes cuando celebraban esta liturgia y todo su simbolismo”, explica el responsable de la asociación.
Una huella casi extinguida
La huella de estas celebraciones propias de la orden de Cluny se puede rastrear fácilmente en Francia a través de la arquitectura y la arqueología, pero en España apenas si se conserva en la zona de Cataluña, en monasterios como Sant Pere de Rodes (Girona). “Lo que me parece realmente fascinante es la oportunidad de recorrer de nuevo estos espacios para poder entenderlos”, confiesa Zoilo Perrino. El itinerario en el que están pensando para las visitas incluye una explicación de cada uno de aquellos elementos románicos que marcaban la liturgia de la Pasión el Sábado Santo. Por ejemplo, ya en el inicio aparece un crismón con las letras alfa (principio) y omega (final) invertidas. “Digamos que estamos haciendo el camino al revés, desde el final al principio, comenzando por la muerte”, explica Perrino.
Durante el itinerario, los monjes iban entonando una serie de cánticos, que también se quieren reproducir durante la visita. “Los especialistas conocen casi con total seguridad cómo se hacían estas ceremonias en las que se cantaban una serie de antífonas”. El director de Cluny Ibérica se remite a un documento de principios del siglo XI, el Liber Tramitis, en el que “unos monjes que visitan Cluny hacen una descripción de todo lo que ven, así que tenemos una aproximación de cómo eran las celebraciones”.
La filosofía del proyecto tiene que ver con cómo se enseña el románico en nuestro país, de qué manera se organizan las visitas turísticas y las dificultades que experimenta el ciudadano del siglo XXI para captar el verdadero sentido del primer arte internacional de occidente. “Muchas veces nos quedamos en la forma, pero nos falla el fondo, el contenido, y esto hace que un templo se nos muestre muy mudo”, reflexionan desde Cluny Ibérica.
En realidad, apuntan hacia uno de los problemas más comunes: se observan las iglesias de la Edad Media como un monumento, como una especie de museo, y no como lo que eran, edificios que los vecinos utilizaban de manera cotidiana. El otro gran obstáculo es el que aparece en San Zoilo, la propia transformación del monasterio y sus dependencias a lo largo de la historia hace que sea muy complicado viajar mentalmente a sus orígenes. “En el siglo XI, la iglesia se obligaba a construir de una determinada manera y los espacios actuales ya no tienen nada que ver con esa distribución”, añaden.
La progresiva recuperación de los elementos románicos en San Zoilo se enmarca en una serie de actuaciones que van más allá del propio complejo monástico. “Socialmente, es muy importante rescatar esa memoria, significa mucho en un enclave como el Camino de Santiago, en la economía de este lugar y en el desarrollo de esta población: no hay que olvidar que aquí tuvo lugar la sede del administrador económico de Cluny en toda la península”, explica Zoilo Perrino.
Además, el monasterio palentino y la asociación Cluny Ibérica son miembros especialmente activos en la candidatura que la Federación Europea de Sitios Cluniacenses presentará, previsiblemente, en 2027 ante la Unesco, con el fin de que todos estos enclaves europeos —una parte de ellos, en España y muy próximos a San Zoilo— ingresen en la lista de Patrimonio mundial.
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