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Un joven de Fuerza Nueva mató a Juana y José en Mataró: ¿por qué no 'cuentan' como víctimas de la violencia ultra?

Imagen publicada en El Maresme, número 80, de la fecha 8 al 14 de junio de 1979. Las fotografías aparecen en el reportaje 'Invasión ultra en Arenys de Munt', sobre una concentración ultraderechista en esta localidad del Maresme.

Pau Rodríguez

Barcelona —
21 de febrero de 2026 21:55 h

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La madrugada del 20 de noviembre de 1980, en el quinto aniversario de la muerte de Francisco Franco, tres jóvenes del entorno marginal de Mataró, en Barcelona, tuvieron la desgracia de cruzarse con un grupo ultraderechista en busca de alcohol y violencia. Su cabecilla, Salvador Durán, militante de las juventudes de Fuerza Nueva, les cosió a balazos en un bosque cercano, aunque uno de ellos logró escapar. 

Las víctimas se llamaban Juana Caso, de 25 años y con un hijo, y José Muñoz El Esquinao, de 16. Antonio Camacho El Quin, de 15, fue el que sobrevivió y denunció el asesinato. 

Sus nombres no suelen figurar en las listas y estudios sobre violencia política durante la Transición, puesto que de inicio se consideró un ajuste de cuentas en los bajos fondos de Mataró. Después de que algunos historiadores los hayan recogido en el capítulo de dudas respecto al terrorismo ultra, ahora el libro Dos morts i mig (editorial Pòrtic) trata de ahondar en el crimen y en los hilos que lo conectan con la trama neofascista que operó en la zona en aquellos años. 

“Es un crimen político, no ordinario, por todos los elementos que lo rodean: desde la fecha, a la condición de militantes de tipo escuadrista de Fuerza Joven [juventudes de Fuerza Nueva], a que aquella noche buscaban hacer algún atentado político, y a sus conexiones con la Guardia Civil”, argumenta Damià del Clot, abogado, exalcalde de Vilassar de Mar y autor del libro junto con el periodista Albert Calls. 

El autor del asesinato, Salvador Durán, era por entonces un dirigente comarcal de Fuerza Joven que ya tenía antecedentes por robo y tenencia ilícita de armas, además de un historial de infiltraciones en los movimientos de izquierdas. “Era un chaval de un barrio periférico de Mataró con carácter violento, al que no le daban miedo las armas, y que se movía en ambientes de extrema derecha”, resume Del Clot. 

La noche de los asesinatos, Durán, de 25 años, iba acompañado de su mujer y de dos jóvenes menores de edad. Uno de ellos, Cristóbal García, era también de las juventudes de Fuerza Nueva. Al volante de su coche los llevó a pegar tiros al blanco en una finca de la localidad de Òrrius, después a beber por bares de la zona y, finalmente, a pasar dos o tres veces con el vehículo por delante del Ateneo Libertario de Mataró. 

La sentencia, dictada en 1982, y que condenó a Durán a 75 años de cárcel, recoge que esa parada buscaba hacer pintadas en el local o arrancar carteles. La Fiscalía defendió que iban a la caza de izquierdistas. En todo caso, no había nadie en el Ateneo, pero entonces se cruzaron con los tres jóvenes que serían sus víctimas: Juana Caso, José Muñoz y Antonio Camacho. Les propusieron pegar un palo a algún camello, según recogió el fallo, y luego asaltar alguna casa de la zona. Ellos aceptaron. Pero tras dejar a su mujer en casa, Durán les condujo en realidad a un bosque cercano, en el término de Cabrera de Mar.

Los dos amigos de Durán aseguraron ante el juez que pensaban que iba a pegarles una paliza. Pero este encañonó a José Muñoz y a Antonio Camaño con una carabina y les disparó a menos de tres metros “con ánimo de matarlos”, dictó el magistrado. El primero cayó muerto, mientras que el segundo logró huir. Durán dijo entonces que había usado un arma de fogueo, que todo era una broma, y condujo a sus dos compañeros y a Juana de vuelta al coche. Antes de llegar, por la espalda ejecutó a la joven.

En su libro, Del Clot y Calls insisten en el carácter político del asesinato también por el perfil de las víctimas. No eran militantes de izquierdas, pero sí pertenecían a sectores marginales de la sociedad contra los que la extrema derecha también atentaba. La Fiscalía lo mencionó durante el juicio. “Actuaban movidos por un afán de agredir y eliminar izquierdistas, delincuentes y drogadictos”, escriben.

La capilla del Coll de Parpers, antes conocida como Capilla de Cristo Rey, donde Durán iba a conmemorar la muerte de Franco el día 20 de noviembre de 1980 junto a otros elementos ultraderechistas

David Ballester, doctor en Historia Contemporánea por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y especializado en la violencia política durante la Transición, recogió el caso en su obra Vides truncades. En un informe reciente remitido a la secretaría de Estado de Memoria Histórica sobre terrorismo de la extrema derecha o parapolicial en esa época, cuantifica 63 víctimas y a estas dos del Maresme las coloca en el apartado de “dudosos”. 

“No existen unos criterios claros aceptados por todos los historiadores”, precisa Ballester. El crimen, explica, se consideró de tipo social. Pero añade: “Es cierto que en esa época en Madrid había grupos de extrema derecha cuyas víctimas no solo eran de izquierdas, sino también gente que dormía en bancos, sintecho, del mundo de la droga, y en general a los que consideraban indeseables”. 

La historiadora Sophie Baby, en El mito de la Transición pacífica, no los menciona entre los 140 muertos por violencia política en 1980, el año más sangriento de ese período. En 1980. Terrorismo contra la Transición, Xavier Casals describe el caso como “espontaneísmo armado”. Quien sí los menciona como víctimas políticas es Mariano Sánchez Soler en La transición sangrienta

Los lazos con policías y nazis

El día siguiente de los asesinatos, Antonio Camacho, el adolescente herido de bala que pudo escapar, denunció desde el hospital, y a las pocas horas detuvieron a Durán y a García. Las horas posteriores al crimen ayudan a entender cuáles eran las conexiones políticas de su autor. El 20 de noviembre, Durán pasó la mañana en el cuartel de la Guardia Civil de la localidad de Argentona. 

Lo confirmó él mismo durante el juicio, al asegurar que fue a pedirles un coche para poder acudir a la misa franquista en la cercana Capilla del Cristo Rey. Aseguró también Durán que era confidente de la policía para cuestiones relacionadas con las drogas y el terrorismo. Por ello, el juez instructor llegó a pinchar el teléfono del cuartel de Argentona, pero no siguió con el caso al ser trasladado a otra localidad. 

Años después, ya desde la cárcel y con una larga condena, Durán se decidió a hablar. En enero de 1984 reconoció al periodista Juanjo Caballero, de La Vanguardia, que se sentía abandonado por sus antiguos compañeros y que iba a contar todo lo que sabía. Aparecía retratado junto a su “santuario facha” en la cárcel Modelo de Barcelona.

Reportaje de La Vanguardia sobre La Modelo en enero de 1984. A la izquierda aparece Salvador Durán, que posa al lado de su conocido "santuario facha".

Un mes después, en febrero, volvió a prestar declaración ante el juez, se reconoció culpable y su relato provocó la detención de un guardia civil, Antonio Cuadrada y la entrada y registro en su domicilio y en otro piso –en ambos se hallaron armas sin licencia–. Además, se registró una finca, Can Vinyamata, en Òrrius, donde Durán aseguró que iban a hacer prácticas de tiro y que guardaban parte de su arsenal. Ese terreno era propiedad de Hans Breuer, un ex oficial nazi refugiado en Catalunya, y otra de las piezas de la trama ultra local. Sin embargo, las pesquisas policiales no hallaron nada allí. 

Ante la periodista Cristina Gallachs, de TVE, Durán llegó a confesar la trama ultra previa al asesinato. Dijo haberse reunido el 19 de noviembre “con tres miembros de la Guardia Civil y con dos inspectores de policía”, según recogió El País, para diseñar represalias contra el Ateneo Libertario de Mataró. También que le facilitaron las armas –que nunca aparecieron– y que una la devolvió. 

“El móvil más plausible es que esta gente, que eran escuadristas, trataban de hacer puntos ante la extrema derecha de Mataró”, concluye Del Clot, en un contexto previo al golpe de Estado del 23F en el que el único civil que acabó condenado, Juan García Carrés, era también de la comarca del Maresme. 

Con todo, la investigación judicial quedó en nada. El 11 de marzo de 1986, Durán fue apuñalado en la cárcel de Lleida por dos sicarios. Su pista se pierde a partir de entonces, y los autores no han conseguido aclarar si cumplió toda la condena y si sigue vivo.

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