Historia de una victoria ciudadana: así fueron las protestas que frenaron la macrocelulosa de Altri en el corazón de Galicia
Palas de Rei (A Ulloa, Lugo), una pequeña localidad situada en el Camino Francés de Santiago, no recordaba nada igual: el domingo 26 de mayo de 2024, miles de personas respondieron al llamamiento de la plataforma Ulloa Viva y desbordaron sus calles en la primera de las grandes protestas que han desembocado en el carpetazo definitivo al proyecto de Altri. Unos 20.000 manifestantes en un pueblo de 3.200 habitantes expresaron su rechazo a una macrocelulosa planeada para utilizar 46.000 metros cúbicos diarios de agua del río Ulla a escasos kilómetros de su nacimiento y para emitir una incierta, discutida cantidad de gases a la atmósfera. Aquella jornada marcó el inicio de una sostenida oposición vecinal, política, ambientalista y científica, quizás la más constante después de la que, hace más de dos décadas, se concentró en torno al Nunca Máis y la crítica de la gestión política del desastre del Prestige.
Las manifestaciones contra Altri se tropezaron con la Xunta de Alfonso Rueda. Este había heredado la idea de la factoría de su antecesor, Alberto Núñez Feijóo, pero la asumió con entusiasmo. Así, la gente que disentía de la misma “estaba politizada” -por BNG y Partido Socialista, fundamentalmente. Por el contrario, todas las decisiones gubernamentales estaban únicamente basadas en “criterios técnicos”. Las del Ejecutivo gallego. Porque las del central o las comunitarias, instancias que denegaron apoyos al proyecto, también eran “políticas”. El caso es que el manual que el Partido Popular aplica a las protestas sociales contrarias a su estrategia no acabó de funcionar. Unos meses después del histórico domingo de Palas de Rei, decenas de miles de ciudadanos abarrotaron Santiago de Compostela al son de “Altri non” o “Rueda, recúa, a rúa non é túa [Rueda, retrocede, el agua no es tuya]”.
El presidente gallego se recreó aquel diciembre de 2024 en su cantinela habitual: respecto a “los manifestantes de buena fe” pero no a “los politizados” por la oposición. Mientras, el anagrama Altri non, rojo y blanco sobre negro y con un mapa agujereado de Galicia en la letra o se hacía cada vez más popular. Los paralelismos con la mítica bandera negra de Galicia de la lucha contra el chapapote eran evidentes, a decir de prensa y activistas. Pancartas y pintadas se integraron el paisaje de A Ulloa, la tranquila comarca agraria y con un importante sector servicios ubicada en el corazón geográfico de la comunidad en la que se fijó la multinacional portuguesa.
La manifestación de los barcos
Cuatro meses más tarde, Ulloa Viva -que aglutinó vecinos y coordinó asociaciones como Adega, Greenpeace o Ecoloxistas en Acción y sindicatos como la CIG- volvió a la carga. Esta vez de la mano de la Plataforma en Defensa da Ría de Arousa organizó una travesía protesta de barcos pesqueros. El río Ulla junto al que Altri quería instalarse fluye hasta la ría de Arousa y pescadores de bajura y mariscadores temían los efectos que, corriente abajo, podía suponer la papelera. Más de 600 embarcaciones navegaron en un día de primavera pero tiempo invernal y dejaron imágenes icónicas. Al mismo tiempo en tierra, en A Pobra do Caramiñal (O Barbanza, A Coruña), diez mil personas les mostraban su apoyo. Para entonces, el grito Altri non se había escuchado en Balaídos, el Estadio del Celta de Vigo, y no eran pocos los conciertos u obras de teatro que mostraban su solidaridad con la protesta. El laureado arquitecto inglés David Chipperfield, con oficina y casa en Galicia, avivaba las críticas: “La Xunta no ha logrado demostrar cómo encaja Altri en su visión del desarrollo de la comunidad”. Y Ana Pontón y José Ramón Gómez Besteiro, portavoces de la oposición nacionalista y socialista, ya secundaban prácticamente todos los actos.
Apenas había pasado un mes tras la manifestación en Arousa cuando el Gobierno central denegaba el acceso a las ayudas europeas de descarbonización solicitado por la pastera. Los técnicos del ministerio entendían que la compañía no cumplía con las emisiones de CO2 y que, en general, el proyecto no estaba maduro. Rueda los descalificó como “políticos”. Sin embargo, defectos parecidos y otras deficiencias también los habían detectado los expertos y científicos que firmaron un exhaustivo informe -180 páginas- encargado por el Consello da Cultura Galega: Altri provocaría “una grave fractura en el territorio”, emplearía menos trabajadores de los anunciados y tendría consecuencias negativas sobre el medio ambiente. Que el documento lo emitiera el principal órgano asesor del Gobierno gallego en materia cultural no le evitó los amargos reproches de Rueda, su partido (el PP) y su gabinete. Al día siguiente, estos admitieron que ni siquiera lo habían leído.
La protesta social no cedió. Además de mesas informativas en centros sociales y mercados, en ferias y fiestas y encuentros deportivos, Ulloa Viva convocó otra vez en Santiago de Compostela. El Ejecutivo central ya había entonces comunicado a Altri que no construiría la subestación eléctrica que exigía la empresa. Este es ahora el hecho con el que la Xunta argumenta el archivo definitivo del proyecto. Esa última gran marcha de oposición sucedió el pasado 15 de diciembre: de nuevo decenas de miles de personas ratificaron la vitalidad de la oposición social, ecologista y política a la factoría. Y Rueda, pese a que casi por inercia minimizó la multitudinaria manifestación, en realidad había empezado a modular su respaldo a Altri. Hasta que este viernes su conselleira de Economía, María Jesús Lorenzana, anunció el carpetazo en un corrillo con periodistas tras una visita a Maderas Besteiro.
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