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Muere Xesús Alonso Montero, intelectual galleguista y comunista, a los 97 años

Xesús Alonso Montero, intelectual galleguista, filólogo, escritor y expresidente de la Real Academia Galega.

Daniel Salgado

12 de febrero de 2026 13:50 h

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Una de sus últimas apariciones en público en Santiago de Compostela fue en la librería Pedreira para disertar sobre el poeta Manuel Curros Enríquez y el proceso que sufrió en 1880 debido a sus críticas a la Iglesia. Alonso Montero presentaba O proceso, de Cándido Pazó, habló durante una hora, apenas sin papeles como acostumbraba y, a decir de un asistente, “lo hizo cojonudamente, estaba como un carballo [roble]”. Tenía 97 años, los mismos que a su muerte este jueves en Vigo, donde nació y residía. Filólogo y escritor, presidente de la Real Academia Galega entre 2013 y 2017, intelectual polemista, autor de decenas de ensayos y ediciones de otros escritores, catedrático de universidad y profesor recordado con cariño por cientos de alumnos, galleguista de primera hora y comunista de carnet, referencia del antifranquismo en Galicia, la suya, por más que a veces discutida, ha sido una figura fundamental de la cultura gallega contemporánea.

Alonso Montero había nacido en 1928. Su familia procedía de la comarca vinícola de O Ribeiro, en la provincia de Ourense, y se instaló en la ciudad para regentar una taberna. A los diez años acompañó a sus padres de regreso a la aldea y allí redescubrió lo que había de convertirse en una de las preocupaciones esenciales de su vida: la lengua gallega. A ella dedicó uno de sus libros más importantes a la vez que ferozmente cuestionado, el célebre Informe -dramático- sobre la lengua gallega (1973). El ensayo, muy contestado sobre todo desde la órbita nacionalista, repasaba siglos de conflictividad lingüística en el país, denunciaba su represión y pronosticaba un futuro sombrío para el idioma propio de Galicia. Completaba una suerte de trilogía de la que también formaban parte O porvir da lingua galega (1968) y O que cómpre saber da lingua galega (1969).

Cuando publicó su Informe, Alonso Montero ya hacía años que militaba en el entonces clandestino Partido Comunista. Había ingresado en 1962, el año de la huelga minera de Asturias, y en él se mantendría, con alguna baja temporal debido a diferencias ideológicas, hasta su fallecimiento. “Somos soldados derrotados de una causa invencible”, le gustaba citar al poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, al tiempo que se confesaba con tierna ironía y más de 90 años “aprendiz de comunista”. Nunca fue experto en teoría marxista pero sí un militante erudito y de esa condición nacieron obras como Os escritores galegos ante a Guerra Civil Española (1936-1939) (2007), Intelectuais marxistas e militantes comunistas en Galicia (1926-2006) (2007) o Castelao na Unión Soviética en 1938. Filocomunismo e prosovietismo de Castelao nos anos da Guerra Civil (2012).

La vocación de profesor

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Central de Madrid y con una tesis dedicada a la poesía civil del mismo Curros Enríquez sobre el que disertaba hace solo unos meses, la de profesor sería otra de sus vocaciones más intensas. Era el maestro que, en Lugo y en pleno franquismo, enseñaba a sus estudiantes del Instituto Masculino (hoy Lucus Augusti) que el gallego que hablaban y estaba proscrito era una lengua tan digna como cualquiera. Y que en ella habían escrito Rosalía de Castro, Eduardo Pondal o el vanguardista Manuel Antonio o lo hacía, justo en aquel momento y contra el orden reinante, Celso Emilio Ferreiro. También la docencia, que después ejerció en la universidad, acabó destilada en varios libros. El más singular fue quizás Pedro Petouto. Traballos e cavilacións dun mestre subversivo (1975), inspirado en el Juan de Mairena de Antonio Machado. Porque si de alguna manera se definió Alonso Montero a lo largo de su extensa vida, además de como “aprendiz de comunista” y rosaliano -por De Castro, claro-, fue como machadiano.

La Galicia exiliada en América encontró en él una puerta al exilio interior. Su relación con Luís Seoane o Lorenzo Varela, además de su encomiable labor de divulgación, acabaría estampada en libros como Escritores: desterrados, namorados, desacougantes, desacougados... (1981) o As palabras no exilio. Biografía intelectual de Luís Seoane (1994). Y la militancia en el PCE y después en el Partido Comunista de Galicia -del que fue uno de sus fundadores en París en 1968- no le impidió la comunicación con los sectores más moderados del galleguismo y de lo que se denominó resistencia culturalista en torno a los intelectuales de la editorial Galaxia. Las mayores tensiones y polémicas en el campo antifascista las sostuvo, sin embargo, con la izquierda nacionalista y comunista. Todavía en febrero de 2025 el BNG de Lugo se negaba a apoyar su distinción como hijo adoptivo de la ciudad al que fuera docente allí durante 16 años con el argumento de que se trataba de “una figura que no crea consenso entre los lucenses después de sus posicionamientos polémicos en diferentes temas”. La propuesta salió adelante con respaldo de Partido Socialista y PP y al acto oficial acudieron numerosos nacionalistas de izquierdas. Esa vez, Alonso Montero no entró en la polémica.

Sus campos de investigación fueron extensos y variados, de la literatura medieval a Ramón Otero Pedrayo, de los intentos porque la Unesco reconociera el gallego durante la dictadura a populares antologías sobre Castelao. En los años de la Transición dirigió para la editorial Akal una aún valiosa colección dedicada a la literatura gallega, Arealonga. Y aunque no siempre complejizó a fondo los asuntos que trataba, su labor didáctico y de exhumador de páginas negadas de la historia de Galicia amplió los horizontes de varias generaciones intelectuales. Su muerte a los 97 años la lamentaron la Real Academia Galega y Comisiones Obreras, su camarada vigués y secretario de Estado de Juventud Rubén Pérez Correa y el presidente de la Xunta Alfonso Rueda, su partido -el Comunista de Galicia- o la Asociación Galega de Editoras. Tuvo tres hijos, uno de ellos ya fallecido.

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