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“Franco, fecal fatídico fascista”: Salen a la luz las salvajes sátiras poéticas de Celso Emilio Ferreiro

El poeta gallego Celso Emilio Ferreiro (derecha) junto a su colega nicaragüense Ernesto Cardenal en Madrid a finales de los 70

Daniel Salgado

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Un endecasílabo como un puñetazo. En realidad, 14 endecasílabos y una coda como una andanada contra el régimen. “Franco, fetal fatídico fascista, / fabricando facciones fechorías, / fraticidas funestas felonías, / fútiles frases, fofo falangista”, dice el primer cuarteto de un soneto brutal y salvaje, casi poesía del sonido, de Celso Emilio Ferreiro, histórico escritor antifranquista gallego, muerto en 1979 a los 67 años. Este y otros textos desconocidos, apenas difundidos o directamente inéditos, solo cuatro de ellos en gallego, el resto en castellano, conforman O Cabronario, un libro de sarcasmos demoledores, insultos rimados y venganzas políticas en el que ninguno de los fundamentos del franquismo sale indemne.

Hay bofetadas a Franco y al heredero monárquico que designó, Juan Carlos de Borbón, a ilustres falangistas y a sus sucesores del Opus Dei, a la jerarquía católica y a la familia del Caudillo. Escarnio, maldizer y Quevedo, O cabronario es por fin el libro imposible del poeta de Longa noite de pedra, uno de los más leídos de la historia de la literatura gallega.

El volumen lo ha publicado la editorial Elvira, de Vigo, y de su elaboración se ha encargado Xabier Ferreiro Loredo, hijo del autor. O Cabronario, confiesa, no existía como tal. Era un cajón. Así denominaba su padre al mueble donde iba almacenando poemas cuya vida pública resultaba entonces inviable. “Hay algunos probablemente escritos a finales de los 40 o inicios de los 50”, señala Ferreiro Loredo, “pero la mayor parte están escritos en Venezuela”. A ese país emigró Celso Emilio en 1966, empujado en parte por el acoso policial derivado de su actividad política clandestina en la izquierda nacionalista gallega. Dos de sus obras ya habían sacudido la poesía gallega con voz civil y emancipadora: O soño sulagado (1955) y, sobre todo, la mencionada Longa noite de pedra (1962). Y fue precisamente en Caracas donde, en una pequeña autoedición repartida entre familiares y amigos, llevó a la imprenta los 12 poemas de Al César enano, según su hijo el corazón de O Cabronario.

“La España de Franco, tan rica en motivos y temas de esperpento”, escribe en el prólogo firmado como Stow Kiwotto Lumen para esa plaquette de combate, “convertida como está en una finca privada propiedad de una oligarquía cerril e insaciable, de un ejército gorila de ocupación, y de una iglesia triunfalista de obispos funcionarios, con sus comitivas variopintas de carlistas, falangistas, jonsistas, opusdeístas, juanistas, juancarlistas, alféreces provisionales y demás ralea, todos ellos carcas comunes, con distintos collares reaccionarios”. Todas las tribus de la cúpula dictatorial reciben su merecido (poético) en las páginas que siguen. En las de Al César enano, que faltaban en los tres tomos de la obra completa de Celso Emilio recopilada por Akal al cuidado de Xesús Alonso Montero, y en las de los demás materiales incluidos en el libro. Algunos circularon en fotocopias, de mano en mano. Otros ni siquiera eso. “Baila Carmen con Carrero / Blanco, Luís y marino, / mientras Pacomio Pardero / ensaya un salto caprino”, dice en una composición de arte menor, burlona y saltimbanqui, “toca el obispo el trombón, / el Opus un gran fagot, / y Juanito el tontolón / llora, porque no bailó”.

Escribir “con animus injuriandi

El propio Ferreiro Loredo explica en el prólogo que su padre entendía O Cabronario “en el animus injuriandi y en la burla resentida”. Y en el arte del insulto de estirpe quevediana, y en lo poético obsceno de algunos cancioneros populares, y en al Arcipreste de Hita. Pero siempre con un objetivo político, el franquismo, sus crímenes y el envilecimiento social provocado por el autoritarismo. “Ahí en Burgos naciste / para la infame historia, / y en Burgos te jodiste, / Bobo de Coria. // Y es que es el sino / volver al lugar del crimen / de todo asesino”, escribe en una letrilla que evoca el proceso a los militantes de ETA en 1970 que despertó la solidaridad internacional con los encausados. No es el único acontecimiento histórico que circula por estas páginas. El Caso Matesa, las tensiones entre las distintas familias de la dictadura, oscuros personajes de los 25 años de paz -el Soneto a R. R., Ramón Rivero, fiscal en el consejo de guerra que fusiló al secretario general del Partido Galeguista, Alexandre Bóveda-, el “Opus pus”.

Y Juan Carlos de Borbón y Borbón, designado por Franco como heredero aunque después pasó lo que pasó. “Según la historia comenta / un borbón que felonea / y un felón que borbonea / es lo mismo a fin de cuentas”, dice en un texto en cuartetos que glosa las maniobras e infidelidades políticas históricas de la dinastía de los Borbones y remata con un deseo que, de alguna manera, acabó por hacerse realidad: “Un rey, que en felón no es manco, / sobre nuestra patria avanza. / Solo queda la esperanza / de que borbonee a Franco”. Son poemas que, además de un humor procaz -del que no están ausentes ciertos machismo y homofobia, signos de aquel tiempo del sapo-, desatan una furia casi nihilista. Carlos Casares, uno de los grandes narradores en gallego de la segunda mitad del siglo XX, evocaba, ya en democracia, una lectura entre amigos, por supuesto clandestina, que les regalara el propio Celso Emilio de algunos de estos textos. “En un momento del recital […] el autor, sorprendido él mismo por la rabia que le salía por la boca, hizo un alto y dijo que no sabía de dónde le venía a él toda aquella mala uva”, relataba, “alguien de los que escuchaba le aclaró: 'Del corazón, Celso, del corazón”.

Celso Emilio, cuyo dominio del ritmo es una característica esencial de todo su trabajo, era además conocedor profundo de la poesía popular gallega. Pero en O Cabronario, como hizo también en poemas de su obra édita -nunca alejada de aquella mala uva y también con densa vena satírica, obviamente menos asilvestrada-, llega a arrimarse a ciertos experimentos formalistas casi de manera involuntaria. Siempre con la ofensa al poder como estrategia, por supuesto. “Opus, pus, pústula postulada, / pócima parásita pestilenta, / pecunia purulenta, plutocracia, / pacto secreto, pocilga programada”, se desahoga en una Letanía del Opus pus que, por tramos, parece poesía concreta: “Paleopolítica, peaje putrefacto, / protervo plan, pulpo, plusvalía, / punción punible, pábulo, parodia, / pedorro palote, pipí planificado”.

“Un editor valiente”

El hijo del poeta argumenta que este material, escrito entre finales de los 40 y principios de los 70, sería difícilmente publicable en esta última década. “Ni siquiera en los 80”, aduce. Los papeles, algunos manuscritos, otros mecanografiados, otros fotocopiados, los guardó la viuda de Celso Emilio, Moraima -María Luisa Moraima Loredo Fernández-, la Moraima a la que dedicó algunos de sus más bellos poemas líricos. “Cuando ella murió, pasaron a mi hermano, junto a su correspondencia y otros poemas inéditos”, asegura Ferreiro Loredo, “yo me he encargado de hacer O Cabronario. Y el año que viene habrá más novedades”. El caso es que este libro dinamitero y violentamente irreverente vio la luz casi por casualidad, un día que Ferreiro Loredo comía con Xabier Romero, editor de Elvira, le entregó la carpeta y este no dudó en sacarlo. “Es un editor valiente”, remacha . El que ha colocado en las librerías, medio siglo más tarde, todo un manual en verso del insulto antifranquista y, entonces, antifascista: “Obispo carcamal, letrina opaca, / cirio de pus, hisopo de sandeces, / gorila solideo, meo de preces, / padre Astete fecal, bulla bellaca (…) Palanganero de la oligarquía, / vil lameculos de la tiranía / que a Cristo hipotecaste por un Franco”.

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