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Mariano Cuesta

Ceuta, 1977. Fotógrafo y diseñador gráfico. Nací para robar rosas de las avenidas de la muerte, pero estudié Comunicación Audiovisual. 

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Mis manos

Nunca fui consciente de lo que significaban mis manos. Mi vida era el tiempo que transcurría en el colegio y en casa entre operación y operación. Creo que fueron unas ocho operaciones en total desde que nací hasta que cumplí ocho años. Nunca me sentí distinto, nunca eché de menos tener más dedos, nunca envidié a los que tenían todos los dedos, porque yo tenía unas manos especiales, sobre todo la derecha. Tenía una mano con la que podía hacer la sombra de un perro enfadado sin mayor trabajo que doblar un dedo o, mejor dicho “el dedo” que era el único que podía doblar. Siempre fui un poco la comidilla de los niños del cole y en cierto modo, cuando aún éramos tiernos e inocentes, era la envidia de algunos porque, claro,  tenía una mano especial de la que yo contaba mil historias. Que si me la había comido un cocodrilo, que si me la había pillado con un ascensor, que un día me dio un bocado un león… Era una suerte de niño mágico que tenía una historia especial. Pero la vida no siempre es tan bonita y llegó la adolescencia. 

Resulta curioso que muchas de las cosas por las que me han insultado a lo largo de mi periplo escolar hayan sido las que uno no esperaba. De siempre, para algunos, yo era el “cabezabuque” porque tenía la cabeza grande y en cierto modo se metían con mi forma de andar, pero yo no era muy consciente de lo que significaba aquello. Nunca me he sentido especialmente dolido por la gente que ha tratado de ridiculizarme. Eso sí, tenía un terrible complejo frente a las chicas. Pobre yo adolescente, si hubiera sabido lo que sé ahora de la vida. Pero volvamos a mis manos. Por ellas dejé el conservatorio, porque el profesor de violín que me iba a dar clase no quería tener un alumno como yo. Ponía un montón de excusas diciendo que yo no iba a ser capaz de sostener el arco debidamente. Por ellas acabé tocando en el coro del colegio, emperrado en aprender a tocar la flauta como los demás compañeros, porque pretendían que yo tocara otro instrumento.

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Jeremy "the dud"

En un mundo donde tener una discapacidad es la norma, aquellos desafortunados que carecen de ella son etiquetados como "Sin especialidad" o, menos caritativamente, “inútiles”. Es un giro simple pero potente. Ya el trailer golpea de manera divertida y desconcertante a la vez. Lo interesante de 'Jeremy "the dud"' es que las personas con discapacidad no son tratadas con la habitual condescendencia. La premisa de que un chico considerado sin discapacidad sea señalado y tratado como se suele tratar a las personas con discapacidad. Este es un proyecto ambicioso que nació en colaboración con una ONG llamada genU, una organización que ayuda a desarrollar todo su potencial a las personas con discapacidad. Además veintidós personas con discapacidad, aparecen en la película, y sólo Nick Boshier y Jackson O'Doherty, quien interpreta a otro “inútil”, son las excepciones.

Me parece un proyecto interesante y una vuelta de tuerca bastante potente porque normaliza algo que aún está por hacer, pone del revés los prejuicios que tienen algunos con respecto a la discapacidad. "La idea de Jeremy “el inútil” surgió de un deseo de capturar la esencia de la valentía, diversión, pasión, de los participantes que vemos cada día como nos apoyan para realizar sus sueños. Nos comprometimos a hacer algo grande para ayudar a las personas ver la capacidad de las personas, en vez de la discapacidad; a ver a la gente como lo que son, no el retrato de la gente que no tiene discapacidad". Según palabras del director general de genU: “El objetivo es fomentar la inclusión, la inspiración y la independencia para todos”.

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Jorge

Jorge es un tipo del montón con mala suerte. Su padre, con quien no tenía una gran relación, muere y su pareja rompe con él. Por contra hereda una casa inmensa pero a punto de la ruina, así  que decide buscar un compañero de piso. Y va buscando pero resulta que no encuentra nada. Un día le aparece un correo de un tal Ludovico pidiendo ver la casa, así que accede y queda con él. Abre la puerta y encuentra a un chico de unos treinta años en una silla de ruedas. Es Ludovico.  Jorge se queda aturdido y empieza a poner excusas sobre lo incómodo que sería para Ludovico vivir ahí, pero Ludovico no tiene problema. Ludovico es diseñador gráfico, se gana la vida bastante bien, dentro de lo que cabe, pero tampoco anda muy bien de pasta por lo que tiene que compartir piso. Por ello, además, necesitan encontrar un nuevo compañero de piso que esta vez será un paraguayo, un tipo bastante peculiar que pondrá un poco de sal a la convivencia. 

Jorge es asocial, bastante lerdo en general y, aunque estudió la carrera de abogado trabaja en un call-center. No tiene amigos y es un ser bastante anodino. Esta es la premisa de la serie de Malena Pichot, cómica argentina , que trata de mostrar varios temas sociales, entre ellos quiénes somos, cómo nos formamos socialmente, qué límites nos ponemos... Todo en clave de humor. Un humor bastante corrosivo e inteligente que pone en jaque las circunstancias en las que solemos vivir todos. Es todo lo contrario que Intocable, de la que me he quejado alguna que otra vez. Esta vez son gente “normalita”, con sus problemas económicos pero con una actitud ante la vida un poco distinta. 

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La chica sin manos

Es una película de animación francesa de 2016, adaptación del cuento de los hermanos Grimm, que relata la vivencia de una chica que es vendida al diablo por su padre para mantener la riqueza de la que este le había provisto a cambio de unas tierras. La cuestión es que ella es tan pura que el demonio no se la puede llevar, porque al llorar ha purificado sus manos. Entonces le pide al padre que le corte las manos a su hija para poder llevársela. Ella accede sin rechistar y pierde las manos y, huye de la casa del molinero.

Se encuentra un príncipe y de algún modo se ven reconocidos, se casan y empiezan a pasar cosas que no contaré aquí para no destripar la película al completo. Pero me ha gustado mucho en general el tratamiento de la situación de la chica. El hecho de que haya perdido las manos no la hace más vulnerable, le complica, sí, pero no la inutiliza. Por otro lado no recuerdo ahora ninguna película que trate de esta manera la discapacidad sobrevenida. Por otro lado me parece interesante el trazo de la textura puesto que está realizada como si fueran unos trazos mínimos de pincel… es estéticamente llamativa, alejada de los dibujos clásicos y la animación por ordenador. Esto le da un aire como etéreo y ligero, además de un aspecto fantamagórico por momentos. Son trazos monocolor en cada elemento, pero no tiene colores realistas, sino que son digamos adecuados a la escena que estamos viendo.

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“Para no asustar a los asistentes”

Esta semana tenía pensado hablar sobre una película, pero vi hace un par de días una noticia que me produjo una tremenda tristeza. El titular rezaba así: “Una mujer con síndrome de Down, expulsada de un evento comercial "para no asustar" a los asistentes ”. Lógicamente todas mis alarmas se encendieron. En 2018 y seguimos aún con estas mierdas, válgame la expresión.

"Para no asustar a los asistentes". Esta frase es digna de cualquier museo de los horrores. Porque seguimos con la idea de lo que diferente asusta cuando debería producirnos asombro, admiración e integración de lo nuevo o diferente, porque solo así alcanzaremos una convivencia ideal. Estamos hartos los retrones de ser objeto de esas miradas. Porque aún no sé en base a qué tiene que decirnos nadie que nos vayamos porque no somos estéticamente adecuados. Estamos sometidos a la dictadura de la normatividad. Hay cánones estéticos de belleza que nos imponen desde los medios, las agencias y nos someten a una presión brutal. Pero más allá de esta presión lo que me preocupa es la autoridad moral de ciertas empresas para tomar decisiones empresariales que, en definitiva, atacan el honor y la dignidad de estas personas. 

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Finales felices

Hace unos días me volví a topar con la peli de Intocable, a la que tengo especial manía. Sobre todo porque causó un gran impacto en la gente, que salió maravillada de una bonita historia de superación y un canto a la vida. Básicamente lo que cuenta esa película es una elegía a la vida, y a los valores neoliberales de que si quieres puedes. Que es muy bonito, pero pocas veces se cumple, porque dependemos de muchos factores más allá de la voluntad.

Además, qué bonito queda un final feliz y estupendo, que te deja un buen sabor de boca y hace que te vayas con una sonrisa a la cama. Happy Ending que dirían los entendidos. Fueron felices y comieron perdices. Pero esto no estaría mal que se contaran las cosas sin esa necesidad de acabar bien. Porque la vida no siempre acaba bien y porque tampoco lo necesitamos. Estamos acostumbrados a que todas las películas con personas con discapacidad tengan una pátina entre condescendiente y paternalista que apesta. Porque tener una discapacidad no te hace ser menos, ni requiere de empalagamiento.

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La Liga y los valores morales

Este fin de semana, escuchando la radio, me enteré de un proyecto que, la verdad, es muy ilusionante. Se trata de la Liga Genuine, creada por la Liga de Fútbol Profesional para el desarrollo del fútbol para personas con discapacidad intelectual superior al 33%.

Esta iniciativa está genial, es muy interesante, porque pone el sello de La Liga en una competición donde, sobre todo, imperan los valores más que la competitividad. Evidentemente no vende lo mismo un Kiosko López vs Desatranques Jaén que un Villareal-Valencia, un Sevilla-Betis… En este país nos gustan las marcas, los símbolos, las trincheras, somos mucho de ir contra el otro en vez de disfrutar más que nada del deporte. Pero oye, bien está.

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Esas miradas

Una de las cosas que más me escuece de ser retrón es ese cierto aire, mezcla de condescendencia y desprecio, que tienen algunos cuando pasas por su lado caminando en la calle. 

Estas navidades me ha pasado varias veces, sobre todo por ciertos barrios conocidos aquí por ser de postín. No sé si es que tener greñas, barba y tener una pinta de 'alternativo', ya ves tú, un jersey de cuello vuelto negro y unos vaqueros, supone una licencia para eso, pero lo cierto es que estoy bastante cansado. Sé que queda mucho aún por trabajar en esta sociedad nuestra, pero hay días que es agotador. Las miradas duelen, los juicios instantáneos, esos instantes eternos donde te revisan de arriba abajo con la consiguiente cara de ascopena…

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La confianza lo es todo

Este año se acaba y me gustaría hablar sobre un punto importante en nuestras vidas. La actitud. Sé que no todo es actitud, que las condiciones materiales, que diría Marx, influyen de manera determinante pero hay gente que te pone las pilas de una manera impresionante. Es cierto que hay un tiempo en el que nos toca asumir nuestra situación, unos desde el nacimiento, otros por causas ajenas, ya sea accidentes o enfermedades. Pero es que la actitud es muy importante para afrontar las cosas. Podemos instalarnos en el miedo, en la duda, pero eso es una parte del problema, no la solución.

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Administración pública digital

Una de las cosas que más tediosas me resultan es chocarme contra la administración una y otra vez. La burocracia en general lo es, pero más cuando hay temas relativos a la discapacidad por medio. El caso que nos ocupa hoy es la accesibilidad a ciertos trámites con certificado digital. Estos días ando intentando renovar la tarjeta  de movilidad reducida, además de obtener la tarjeta que acredita mi discapacidad, más que nada para no andar con papeles siempre.

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