6-7: ¿qué significa la expresión por excelencia de los adolescentes?
Cada generación inventa su propio idioma. La generación alpha (los nacidos aproximadamente a partir de 2010) no iba a ser menos. Su última broma colectiva tiene forma de número: “6-7”. Se pronuncia “seis siete”, no “sesenta y siete”, y funciona como respuesta universal, muletilla absurda o grito espontáneo en clase cuando alguien menciona esa cifra.
La sorpresa llegó cuando Dictionary.com eligió “6-7” como palabra del año 2025, un gesto que confirmó que la jerga adolescente digital ya no es marginal, sino parte central de la cultura popular.
No significa nada (y por eso funciona)
La explicación es tan simple como desconcertante: “6-7” no tiene significado. No remite a una referencia cultural concreta ni transmite un mensaje específico. Su gracia reside en la repetición, en lo absurdo y en la complicidad generacional. Cuando un profesor pide abrir el libro por la página 67, un coro responde “¡seis siete!”. Si alguien dice que ha caminado seis o siete kilómetros, los comentarios se llenan de “67”.
El fenómeno encaja dentro de lo que en Internet se denomina brainrot (literalmente, “podredumbre cerebral”), un tipo de contenido viral basado en la repetición hipnótica de sonidos, frases o imágenes sin contenido profundo. El término ha sido recogido por el Oxford English Dictionary en sus análisis sobre lenguaje digital emergente.
Un estudio publicado en Frontiers in Psychology en 2023 sobre cultura meme y adolescencia señala que la repetición absurda refuerza la cohesión grupal y genera identidad compartida en comunidades digitales juveniles. No importa el significado: importa pertenecer.
De TikTok al deporte y vuelta a clase
Aunque el meme funciona sin contexto, algunos intentos han tratado de rastrear su origen. Una de las teorías más extendidas lo vincula a la canción Doot Doot del rapero Skrilla, donde se pronuncia “six seven”. Desde ahí habría saltado a vídeos virales y al entorno deportivo estadounidense antes de expandirse por TikTok e Instagram.
En redes como TikTok, el formato se consolidó: repetir “6-7” gritando, acompañado de un gesto con la mano, cada vez que aparece el número en cualquier contexto. En España y Latinoamérica, el meme ha sido amplificado por cuentas de humor adolescente y por publicaciones virales en Instagram.
El poder del sinsentido
La clave sociológica no está en el origen, sino en el mecanismo. Investigaciones del Pew Research Center muestran que más del 95 % de los adolescentes en países occidentales utilizan redes sociales a diario, lo que acelera la circulación de códigos compartidos y modas lingüísticas efímeras.
En ese ecosistema hiperconectado, los memes funcionan como marcadores de pertenencia. Repetir “6-7” no comunica información: comunica identidad. Es una contraseña generacional que pierde sentido en cuanto los adultos intentan descifrarla. Si algo demuestra “6-7” es que el lenguaje juvenil ya no necesita una referencia externa (como ocurría con el famoso “33” vinculado a Fernando Alonso y sus victorias en Fórmula 1). Ahora el código es autónomo, autorreferencial y plenamente digital.
Probablemente, dentro de unos meses, “6-7” desaparecerá y será sustituido por otra cifra, otro sonido o cualquier frase carente de sentido. Pero el mecanismo seguirá intacto: repetir para pertenecer. Seis siete.
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