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El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

Editamos Ruth Toledano, Concha López y Lucía Arana (RRSS).

El artículo que la industria láctea no quiere que leas en el Día de la Madre

Ternero separado de su madre al poco de nacer. País Vasco, 2018

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Como cada Día de la Madre, el próximo 5 de mayo celebraremos en nuestro país a todas las madres que cuidan y nutren a su prole. Como cada Día de la Madre, dejaremos fuera de la consideración moral a otras madres cuyo destino es sistemáticamente invisibilizado y disfrazado: las vacas explotadas por su leche. Hoy queremos poner el foco en estos mamíferos y explorar el discurso estratégico de la Industria Láctea Europea (ILE), analizado en un estudio académico publicado recientemente en la revista científica Trace.

Piense en una vaca “lechera”; ¿se la imagina pastando pacíficamente en un prado verde bajo el cielo azul? Una imagen encantadora que cuesta muchos millones en presupuesto de marketing. Sin embargo, la realidad de los animales en la industria láctea dista mucho de ser idílica. El sector lácteo europeo ha experimentado cambios estructurales significativos en las últimas décadas. Las antiguas y numerosas granjas pequeñas y medianas han desaparecido, dando paso a unas pocas macrogranjas, especializadas, altamente tecnológicas y en dónde lo único que prima es la elevada productividad.

La pintoresca imagen del ordeño a mano se ha transformado ahora en un ciclo implacable de explotación. Hoy en día, una vaca produce diez veces la cantidad de leche que produciría en el siglo XVI, y su tasa metabólica es comparable a la de un ciclista en el Tour de Francia; sin embargo, para las madres vacas, a diferencia de estos deportistas, esta tasa no es algo momentáneo, sino que se mantendrá durante toda su vida, con el desgaste que esto implica.

Los embarazos forzados, las separaciones traumáticas y el sacrificio de terneros son las duras verdades detrás de los anuncios de verdes pastos, junto con el sufrimiento sistemático producido por diversas y dolorosas enfermedades causadas por la explotación. El deficiente “bienestar” de las vacas lecheras es, de hecho, el segundo mayor problema animal en Europa, únicamente superado por el sufrimiento de los pollos criados por su carne. El martirio de estas madres solo terminará con su muerte, extremadamente prematura, al alcanzar entre 3 y 5 años. Recordemos que son animales que podrían vivir hasta los 20 años.

Cada año, estas vacas son inseminadas a la fuerza, lo que resulta, después de nueve meses de gestación, en el nacimiento de un ternero que, o bien es sacrificado, dejado morir, o bien incorporado a los engranajes de la industria cárnica o láctea, dependiendo de su sexo y de las necesidades de la industria en ese momento. Para estas vacas, la maternidad no es una elección, sino una etapa obligatoria en la línea de producción. Al igual que los humanos, las vacas forman vínculos profundos con otras vacas y con su descendencia. Sin embargo, en la industria láctea, estos vínculos se rompen, con los terneros arrancados de sus madres poco después del nacimiento. Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, EFSA, un 3% de las vacas explotadas por su leche llegan al matadero en un avanzado estado de gestación.

Mientras celebramos este Día de la Madre, es crucial recordar a las víctimas aún más invisibles de la industria láctea: los terneros. La industria, consciente de este problema, evita mencionar cómo se separan de sus madres horas después del nacimiento, un sucio secreto que se oculta cuidadosamente del escrutinio público. Esta estrategia es sólo una de las detectadas por el estudio previamente mencionado, que profundiza en el discurso de la ILE, analizando la narrativa construida por sus grupos de interés con respecto tanto de los animales que explotan como de las pautas dietéticas que defienden.

Los resultados del estudio se organizan en torno a dos preguntas centrales: la primera, ¿cuál es el discurso estratégico de la industria sobre las vacas? y la segunda, ¿cómo hablan sobre las pautas dietéticas y los aspectos nutricionales de sus productos?

1) Estrategias discursivas de los grupos de interés de la ILE con respecto a las vacas

  1. Supresión de la sintiencia: la industria láctea ignora intencionalmente las emociones y el sufrimiento experimentados por las vacas, sin reconocer su capacidad para la felicidad, la tristeza y el dolor. Guardan silencio sobre el destino de las vacas, que después de unos años enfrentan finalmente el sacrificio para carne. También guardan silencio sobre los terneros, a pesar de que son la condición necesaria clave para que sus madres produzcan leche materna, y sobre el hecho de que la industria rompe el vínculo entre las madres y sus hijos, así como sobre el tipo de muertes con las que se siegan las vidas de estos bebés.
  2. Borrado de la individualidad: a través de figuras retóricas como la metonimia, las vacas son despojadas de su individualidad y se habla de ellas como “vacas lecheras”, “animales lácteos” o “animales productores de alimentos”, reduciéndolas a simples máquinas que proporcionan leche para los humanos.
  3. Normalización de la explotación: al comparar la producción de leche con el cultivo de plantas y presentar a las vacas como naturalmente inclinadas a producir leche, omitiendo su papel como madres, la industria normaliza la explotación de las vacas, equiparándolas con vegetales no sintientes.
  4. Despersonalización: las vacas son representadas como simples productoras de alimentos, negando su autonomía y sus altas capacidades sociales, y reduciéndolas a posesiones de los ganaderos.
  5. Falsas promesas sobre el bienestar animal: se declaran preocupados por el bienestar de las vacas que explotan, pero el enfoque de la industria se basa en los beneficios económicos, con nulo respeto por el estado real de los animales.
  6. Falsas promesas sobre el impacto ambiental: la industria láctea minimiza su enorme huella ambiental y promueve una imagen idealizada de la vida rural, ignorando la realidad de las prácticas ganaderas y su negativo impacto sobre el clima y la biodiversidad.
  7. Contradicciones en las narrativas de la industria: el discurso de la industria está plagado de contradicciones, ya que simultáneamente promueve el bienestar animal, la conservación ambiental y la preservación rural mientras prioriza las ganancias económicas e ignora el sufrimiento de los animales y el daño ecológico causado por las prácticas ganaderas.

2) Estrategias discursivas de los principales grupos de interés de la ILE con respecto a las pautas dietéticas y la nutrición

  1. El comodín de la salud: la industria láctea asocia repetidamente sus productos con una buena salud y una adecuada nutrición, utilizando términos como “proteína” y “grasas saludables” para crear una imagen positiva. A menudo emplean también una retórica alarmista, advirtiendo sobre supuestos riesgos para la salud si no se consumen productos lácteos, manteniendo la falacia de que la única forma de obtener algunos nutrientes es a través del consumo de leche de vaca. Así, se han adueñado del monopolio discursivo estratégico de palabras como “calcio”.
  2. El comodín de la ciencia: la industria utiliza referencias científicas para reforzar las afirmaciones sobre la salud, a veces citando de manera ambigua, como expertos en nutrición, a individuos de campos no relacionados. Minimizan la prevalencia de la intolerancia a la lactosa e ignoran los efectos adversos para la salud asociados con el consumo de lácteos.
  3. Grupos vulnerables como público objetivo: los grupos de interés lácteos dirigen específicamente sus esfuerzos a colectivos como los niños, instándolos a consumir productos lácteos para un “crecimiento normal” y una buena salud general. Estratégicamente promocionan los lácteos como esenciales para la dieta infantil, algo que se ha probado como falso.
  4. “Escudo Protector Lácteo” contra alternativas vegetales: la industria posiciona los productos lácteos como superiores a las alternativas a base de plantas. Pero no se detiene ahí, también exige protección gubernamental ante la competencia de estos productos, más sostenibles, éticos y saludables. Desacreditan las alternativas vegetales y enfatizan las supuestas cualidades únicas de los productos lácteos.
  5. Influencia en las pautas dietéticas: los grupos de interés lácteos ejercen presión sobre los gobiernos y la Comisión Europea para promover el consumo de lácteos a través de pautas dietéticas y subvenciones de diferentes tipos. Como buenos lobistas con abundantes recursos, sincronizan estratégicamente sus comunicaciones con iniciativas legislativas relevantes.
  6. Uso de eufemismos para evitar terminología negativa: la industria emplea lenguaje eufemístico para promover productos lácteos, mientras evita asociaciones negativas con ciertos componentes nutricionales. Desalientan los mensajes negativos y abogan por un enfoque de “sentido común” para el etiquetado nutricional, en línea con el obsoleto “hay que comer de todo”.
  7. Metáforas elitistas para los lácteos como “Oro Blanco”: el discurso de la industria láctea eleva la leche a un estatus mítico, refiriéndose a ella como “oro blanco” y atribuyéndole cualidades de riqueza y belleza. Esta retórica oculta la terrible verdad de la producción láctea, como la inseminación y la separación de terneros, al retratar la leche como un bien valioso extraído de la naturaleza.

Financiación pública y manipulación del consumidor

La ILE obtiene su poder a través de sus conexiones en economía y política, pero también mediante la forma en cómo habla sobre sí misma. A diferencia de los grupos defensores de los animales, la industria láctea gasta más dinero y tiene más expertos trabajando para promover sus intereses en todas partes. Forman parte de numerosas coaliciones que colaboran entre sí con un objetivo común y utilizan potentes estrategias legales para protegerse y atacar a sus competidores. Esto les otorga una voz fuerte en las decisiones que afectan a los animales que explotan.

No solo les financiamos sus actividades a través del dinero público, sino que también nos manipulan con sus estrategias comunicativas para continuar recibiendo el máximo apoyo para su industria contaminante y basada en el sufrimiento animal.

Ciencia, medio ambiente, salud e incluso bienestar animal. El análisis muestra cómo los grupos de interés se apropian de los valores que preocupan a la ciudadanía para, al mismo tiempo, contradecirlos con sus actividades. Destaca el silencio ensordecedor de lo que ocurre con los terneros, los bebés de esta industria, un punto débil del que son muy conscientes.

Es esencial que comprendamos que las principales víctimas de esta industria lo son por su condición de madres. Aquellas personas que defienden a los animales deben ser conscientes de la manipulación de la industria para poder combatirla de forma eficaz, con planificación y rigurosidad. La verdad está de nuestro lado. Este Día de la Madre, no te olvides de ellas.

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