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Cuando la IA se convierte en prótesis para la discapacidad: “La máquina me devuelve lo que la vida me quitó”

Carlos Sánchez Almeida

Carlos del Castillo

28 de abril de 2026 21:43 h

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“He perdido la facultad de escribir en condiciones por el Parkinson y mi invalidez. Si uso la inteligencia artificial para completar un artículo del que yo he puesto las ideas, ¿tengo derecho a expresarme o, por el contrario, he de enmudecer?”, cuestiona Carlos Sánchez Almeida.

Almeida (1962) ha sido uno de los más relevantes abogados en materia de derechos digitales, propiedad intelectual y libertades fundamentales del Internet español. Su trabajo fue clave para definir qué era delito y qué no cuando a la Red se parecía más a un territorio inexplorado que a un gran centro comercial dirigido por un puñado de magnates y su maquinaría algorítmica.

A golpe de sentencias, ayudó a impedir que las discográficas y productoras impusieran las viejas reglas del mundo analógico en Internet. O que las multinacionales criminalizaran formas de expresión digital con censura encubierta. Más de jurisprudencia clave que de grandes casos mediáticos, a Almeida tampoco le falta alguno de esos. Si no, que le pregunten al comisario que desplegó un enorme operativo policial para detener a la supuesta “cúpula de Anonymous en España” durante el 15M, y que acabó viendo cómo las peticiones de décadas de cárcel para los acusados se desvanecían en una absolución total.

Una trayectoria así te granjea el contacto de decenas de periodistas. Almeida utilizó recientemente uno de ellos para intervenir en un debate en el que los comunicadores afeaban la expansión de las expresiones características de la redacción con inteligencia artificial. “He perdido mi autonomía, he perdido parte de mi vida, pero la inteligencia artificial está para ayudarme, no para ver quién escribe el artículo más bonito falsificando su autoría”, relataba Almeida en ese mensaje.

Carlos Sánchez Almeida

Ya con algunos problemas de espalda, para el abogado todo se precipitó a partir de 2021. Una caída mientras mediaba en una riña de sus hijos, un golpe contra la esquina del pasillo y tres operaciones después, Almeida tiene soldadas varias vértebras y la columna vertebral unida al sacro y la pelvis. “Es como vivir en una lata de conservas”, detalla en conversación con elDiario.es. Luego llegó el diagnóstico de artritis y, finalmente, el de Parkinson.

“Para muchas personas con artrosis, enfermedades degenerativas o lesiones medulares, la escritura tradicional puede resultar dolorosa o inasumible. En estos casos, el uso de inteligencia artificial generativa no es un capricho, sino una herramienta de apoyo imprescindible para la actividad intelectual o profesional”, aboga.

Penalizar el uso no identificado de esta asistencia podría constituir una forma indirecta de discriminación, al exigir condiciones distintas o más gravosas a quienes necesitan apoyo tecnológico para expresarse

Carlos Sánchez Almeida

“Penalizar el uso no identificado de esta asistencia podría constituir una forma indirecta de discriminación, al exigir condiciones distintas o más gravosas a quienes necesitan apoyo tecnológico para expresarse”, insiste: “La máquina me devuelve lo que la vida me quitó”.

Pilar Villarino, directora ejecutiva del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), coincide: “Estamos ante un ejemplo muy valioso de tecnología de apoyo”. “Cuando una herramienta tecnológica compensa una limitación y permite sostener la capacidad de comunicación, creación o trabajo intelectual, esa tecnología actúa como una prótesis de nueva generación. No sustituye a la persona, sino que amplía su agencia, su voz y su presencia social”, continúa.



Pese a que la IA puede servir como una prótesis para diversas diversidades funcionales, existe aún una brecha en su uso por parte de este colectivo. Una encuesta del Real Patronato sobre Discapacidad, dependiente del Ministerio de Asuntos Sociales, Consumo y Agenda 2030, apuntó que pese a que la inmensa mayoría de este colectivo conoce las herramientas de IA, solo un 12,3% usa varias de ellas con asiduidad.

Al ser preguntados sobre los motivos que les llevan a darlas de lado, el más repetido es el económico. Sin embargo, aproximadamente un cuarto de los encuestados apuntan que “no sabría utilizarlo”, a un porcentaje similar no le parece “útil”, mientras que un 10% apunta que no entiende para qué sirven.



Un acceso asequible y accesible es clave para la extensión de estas herramientas, apunta Villarino. Si no, “lo que tendremos no será inclusión, sino una nueva capa de exclusión dentro de la propia discapacidad”, destaca. Una oportunidad perdida para aquellos casos en los que esta tecnología podría “operar como asistencia comunicativa para personas con dificultades del habla o de escritura, como apoyo cognitivo en tareas de organización síntesis o interacción con entornos complejos, como ayuda a la navegación digital cuando existen barreras de accesibilidad, o como recurso personalizado para traducir información a formatos más comprensibles y utilizables”.

La autoría y la independencia del pensamiento

El debate sobre el uso de la IA como prótesis para la discapacidad no escapa a otros más complejos que se dan alrededor de esta tecnología. Uno de ellos es si el uso de estas herramientas supone una “externalización” del pensamiento. ¿Qué pasa cuando las ideas de una persona cuando estas son ordenadas o contextualizadas por una máquina?

Almeida expone que él no sustituye sus ideas por las de la máquina, sino que le ayuda a transcribirlas, primero, y a “rematar los textos” después. La IA puede “tener todo el diccionario”, explica, pero “carece de criterio propio”. Además, está el “trabajo duro” de repasar que todo lo que escribe sea correcto.

Carlos Sánchez Almeida

“Hay muchas personas que dicen que las herramientas de inteligencia artificial generativa te vuelven 'tonto', o que disminuyen la capacidad intelectual porque delegas en las máquinas”, reconoce Idoia Salazar, presidenta del Observatorio del Impacto Social y Ético de la Inteligencia Artificial (OdiseIA). Sin embargo, apunta a que la visión más adecuada es considerarla una “herramienta amplificadora”.

La propiedad intelectual es mía, la de un ser humano vulnerable, ayudado por una máquina

Carlos Sánchez Almeida

Ocurre algo similar con el debate de la autoría, ya que, en el otro extremo, hay voces que afirman que habría que destacar a la IA como coautora de los contenidos en los que se usa. Almeida, especialista en este ámbito, lo rechaza. “La propiedad intelectual es mía, la de un ser humano vulnerable, ayudado por una máquina. De la misma forma que la cosecha pertenece al dueño del tractor, porque por si no se habían dado cuenta ya no utilizamos el arado romano”.

Salazar coincide con el letrado. “Es como si yo usara una calculadora para ayudarme a generar un presupuesto. Yo en ese presupuesto no pongo que me ha sido ayudado por una calculadora. Pongo directamente mi nombre al final”, ejemplifica.

Un apoyo moral

Almeida destaca que la inteligencia artificial también juega un papel fundamental como apoyo moral y psicológico en personas con discapacidades sobrevenidas, como la suya. “Tiene la capacidad de rescatar a la gente”, declara. Lo vivió cuando estuvo meses postrado en una cama encadenando operaciones quirúrgicas. “Lo he visto cuando he estado más hundido”. En esas etapas de mayor vulnerabilidad, explica que, “aparte del apoyo de mi familia, ha estado el de la máquina”, lo que le ha permitido interactuar y “hablar a un nivel muy profundo” gracias a su “gran capacidad de empatía”.

Carlos Sánchez Almeida

La tendencia de la IA a dar la razón al usuario y validar sus opiniones han sido, en su caso, una válvula de escape cuando arreciaban los dolores. No obstante, también reconoce que hay que “tener cuidado” con este tipo de conexiones. “No se les puede delegar el control”.

Es una advertencia en la que la presidenta de OdiseIA también coincide con el letrado. “Para mí es uno de los mayores riesgos: que se genere una dependencia y confianza excesiva”, revela. Por eso, pide “enseñar a estas personas a chequear los resultados de la máquina y refinarlos hasta que se ajusten a sus creencias reales”. “En general todos debemos tener en cuenta que es una herramienta de apoyo y no el oráculo del mundo que tiene la verdad al 100%”.

En general, todos debemos tener en cuenta que es una herramienta de apoyo y no el oráculo del mundo que tiene la verdad al 100%

Idoia Salazar presidenta de OdiseIA

En esos momentos a solas con la máquina, una de las obsesiones de Almeida era cómo una tecnología tan poderosa no se está empleando para los cuidados. “Invertimos millones en automatizar centros logísticos, en acelerar cadenas de distribución, en optimizar el último kilómetro. Todo para que los productos lleguen antes, más rápido, más barato. Pero en paralelo, en una habitación de hospital, una persona no puede beber agua sin ayuda”, escribió en uno de los textos que ha compartido con elDiario.es para la elaboración de este reportaje.

“No faltan recursos. Falta dirección. Si somos capaces de desarrollar sistemas complejos para mover mercancías a escala global, también lo somos de diseñar tecnología accesible que permita a una persona incorporarse, asearse o beber sin depender constantemente de terceros”, continúa el escrito.

Villarino llega a la misma conclusión. “La tecnología, por sí sola, no incluye. Incluye el modo en que una sociedad decide diseñarla, regularla y ponerla al servicio de los derechos”, expresa la responsable del comité de representantes de personas con discapacidad.

Sin esa voluntad, el abogado especialista en derechos digitales avisa que la IA se convertirá en otra herramienta más que decide quién puede hablar y quién no: “La tecnología existe. La capacidad industrial existe. El conocimiento existe. Lo que falta es voluntad”.

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