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Festivales a los que no les salen las cuentas: una veintena han sido cancelados este año por problemas de viabilidad

Foto de archivo del Festival Tomavistas.

Nando Cruz

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La temporada de festivales ya funciona a pleno rendimiento, pero como ocurre con cualquier vehículo que pisa a fondo el acelerador sin saber cuándo llegarán las curvas o si el motor pasó la revisión, a mediados de junio se empiezan a acumular las deserciones en la carrera. Fortaleza Sound, Surforama, The Wild Fest, Tsunami, Rockland, Big Sound, White Summer, Remember Paradise y Tomavistas son algunos de los festivales que han desaparecido del mapa esta temporada. Y en muchos casos planea un motivo similar: la escasa venta de entradas.

Son al menos una veintena de eventos de distintos tamaños. Una cifra que se eleva hasta treinta si se tienen en cuenta todo tipo de causas. Algunos los organizan modestos colectivos. Otros, grandes empresas del sector. Unos hablan abiertamente de “falta de venta de entradas”. Otros usan eufemismos como “motivos logísticos y económicos”, “incertidumbre en distintos ámbitos”, “cuestiones técnicas” o “falta de cabezas de cartel”. Todas estas expresiones denotan que en las condiciones actuales, es muy arriesgado organizar un festival. Ante esa incertidumbre económica, algunas promotoras incluso optan por replegarse para volver con más fuerzas o un modelo reajustado de cara a 2027.

Ya no es coser y cantar

Durante años, antes y sobre todo después de pandemia, parecía que montar un festival era coser, cantar y facturar miles de euros vendiendo entradas, cervezas, vasos reutilizables e ingresando talones en forma de patrocinios y subvenciones. Poco a poco la realidad ha ido cambiando y las aguas vuelven a su cauce. Con el aumento de los costes de producción y la gran competencia en el sector, el éxito económico ya no está garantizado. Esa misma competencia está disparando los cachés de muchos artistas, lo cual también afecta unos costes organizativos cada vez más difíciles de cubrir. Y ni las marcas pueden patrocinarlo todo ni las administraciones pueden ni quieren subvencionar todo tipo de festivales.

Hasta junio no se ha empezado a intuir la verdadera dimensión del asunto. En pocos días han tirado la toalla festivales gallegos como The Wild Fest y Arbo Rock. El primero reunía un millar de asistentes en un parque natural y denuncia “falta de apoyo institucional”. El segundo, también de pequeño formato, aduce “motivos logísticos y económicos” para tomarse un año de pausa. En Torrevieja, la edición alicantina del Big Sound desaparece por “baja venta de entradas”. Lo mismo aduce el Fortaleza Sound de Lorca que presentaba pesos pesados del mercado como La M.O.D.A., Amaia y Siloé. Su eslogan “Siente, vibra, vive” tampoco ha despachado “la cantidad mínima necesaria” de entradas.

Foto de archivo del escenario de los festivales Tsunami Xixón y Gijón Life, en el parque de Hermanos Castro (Gijón).

El caso del festival indie Oh! See de Nerja es idéntico. Tenía en cartera a Ginebras y Shego, entre otros, pero “la venta de entradas no ha alcanzado el nivel necesario”, explican, y han cancelado diez días antes de abrir puertas. Este evento, además, era una jornada de domingo integrada dentro del ciclo de conciertos Solaris Nerja con otras siete veladas entre el 18 y el 27 de junio. El jueves se anunció la cancelación de todo el programa. Pese a que el comunicado se limitaba a aducir que “las condiciones actuales” no garantizaban “los estándares de calidad”, la prensa local afirma que apenas se habían vendido entradas. Ni Chambao ni Les Castizos ni Rosario La Tremendita actuarán en Nerja.

Diversas casuísticas están afectando a festivales de muy distinta índole. El Indiferente de Santander, donde iba a actuar Dorian, se canceló en marzo tres días antes por “cuestiones técnicas”. El Remember Paradise de música electrónica suspendió su edición de Zaragoza debido a “la incertidumbre existente en distintos ámbitos” y la imposibilidad de encontrar una “ubicación alternativa”.

En el Raíces Sonoras de Marchamalo (Guadalajara) iban a actuar a Mago de Oz y Celtas Cortos, pero “tras un análisis responsable de la situación”, suspendieron. El Primaverando Fest de Sevilla informó por correo electrónico a los compradores de entradas de la cancelación del evento. El motivo: “Condiciones climatológicas adversas”. Lo insólito es que lo cancelaron dos meses antes. Hasta en el circuito de las chirigotas ha habido bajas. La Última Máscara, programado en la plaza de toros de Badajoz, dio marcha atrás por escasa venta de entradas.

Indicios puntuales desde enero

Pudiera parecer que vivimos una plaga de cancelaciones de festivales de pequeño formato, pero los primeros indicios de que algo pasaba llegaron hace meses. Y aquellas cancelaciones eran de proyectos de mayor envergadura. En enero se anunció que Tsunami Xixón, de la poderosa promotora gallega Bring The Noise (absorbida por el fondo inversor Superstruct), no se celebraría en 2026. La organización quería “explorar nuevos formatos” a falta de sólidos cabezas de cartel: en 2025, tuvieron a Sex Pistols y Thirty Seconds To Mars. Días después se supo que el batacazo económico del Tomavistas hacía inviable otra edición. La muestra madrileña desaparecía sin pagar a decenas de proveedores y artistas.

Foto de archivo del festival Surforama.

En abril el riojano Rockland arrojaba la toalla. En 2025 había programado en Santo Domingo de la Calzada a Sex Pistols, The Black Keys e Iggy Pop. Este verano no habrá segunda edición. La organización se toma “un periodo de trabajo para la revisión, mejora y desarrollo de los distintos ámbitos del festival”. Volverá en 2027. También el valenciano Surforama ha decidido tomarse un año de barbecho. Su comunicado no aclaraba los motivos, pero lo significativo de su decisión es que llega tras más de dos décadas de recorrido. “No siempre ha sido fácil, pero siempre lo hemos podido sacar adelante… hasta ahora”, lamentaban, aunque están trabajando en la edición de 2027.

Mientras tanto, festivales que ya cancelaron su edición de 2025, como el Iceberg de Madrid o el Pirata Festival de Murcia, no han reaparecido este año. En 2025, el White Summer de Palamós (Girona) se tomó una “pausa estratégica” para volver en 2026, pero nadie sabe dónde está. Y otros que sí se celebran este verano, como el mallorquín Mobo Fest, dicen que esta es su última edición.

El gremio denuncia inseguridad

Más allá de las incertidumbres económicas, algunos festivales están cancelando por motivos estrictamente administrativos relacionados con la dificultad para obtener permisos en un tiempo razonable o recibir revocaciones de última hora. El festival Etzanda de Urduliz (Bizkaia), con una treintena de grupos de guitarras en su cartel, se ha visto forzado a posponer su edición por “trabas técnico-administrativas”. El WIM de Frías (Burgos) tampoco se celebrará por un desacuerdo entre Ayuntamiento y organizadores sobre la ubicación de la zona de acampada. El festival Alacant Desperta deja de ofrecer música en los barrios de la ciudad al no obtener permisos municipales para programar actividades en dos plazas. Y la semana pasada el Tenerife Music Festival fue forzado a suspender toda la jornada del viernes al coincidir con la visita del papa León XIV.

Foto de archivo del festival Bigsound.

Entre la treintena de festivales cancelados hasta la fecha hay argumentos de todo tipo. El Idílic de Sant Feliu de Guíxols (Girona) habla de “problemas de ubicación”. El Maleducats, en el Parc del Fórum de Barcelona, desapareció por “motivos relacionados con la logística de montaje”. “Obras en el recinto” obligan a posponer un año el FiestoRon de Arucas (Gran Canaria). Unas abstractas “causas ajenas” han precipitado el adiós del Mampodre Roka & Rock, encuentro de escalada y música que iba a celebrar su séptima edición en Maraña, un pequeño pueblo de León. Y todavía resuena la fulminante suspensión del Festival de les Arts de València por incumplimiento de normativas de sonido.

Aun así, la cancelación más insólita de esta temporada es la de los Conciertos Solidarios de la Diputación de Ciudad Real. Una empresa que se presentó al concurso para proveer el sonido y la iluminación ha impugnado el resultado y los conciertos de Ana Torroja, Duncan Dhu y Omar Montes, entre otros, han quedan aplazados hasta que se resuelva el litigio. Algún otro se ha cancelado sin dar explicaciones. Es el caso del Kboomazo, un festival de batucadas que prometía “dos días para hacer temblar el suelo” en Villamediana de Iregua (La Rioja). Tal vez en algún pueblo habrá colectivos autogestionados que tras años de entusiasmo y desgaste hayan suspendido su microfestival sin comunicarlo en redes o medios porque la comunidad a la que se dirigen ya está informada. Desaparecerán en silencio mientras otros tal vez empiecen a brotar este verano.

¿Pincha o no pincha?

En 2008, cuando la promotora catalana Sinnamon peleaba por hacerse un hueco en el mapa festivalero español, empezó a hablarse de una burbuja de festivales a punto de explotar. Desde entonces, el negocio no ha parado de crecer, pero cada verano se reabre el debate. Ante esta cascada de cancelaciones, algunas bastante llamativas, tiene sentido retomar el asunto.

Sin embargo, en un país con más de mil festivales, que caigan treinta no es necesariamente significativo. Sobre todo, porque podrían estar naciendo otros diez o veinte festivales de los que tal vez no tengamos constancia. Y esto es así porque, aunque empresarios y administraciones celebran la vitalidad del negocio, nadie ha elaborado aún un censo que permita saber cuántos festivales se celebran cada año en España y, así, determinar de forma fiable si el sector evoluciona al alza o a la baja.

Montaje del Festival Fortaleza Sound en 2024

Desde la Asociación de Promotores Musicales (APM) dicen no tener constancia “de una tendencia a la cancelación de festivales de pequeño y mediano formato por escasez de venta de entradas”. Sin embargo, visto el panorama, nada hace pensar que en las próximas semanas no se anuncien más bajas. Pese a todo, sin un censo actualizado que permita precisar cuántos festivales desaparecen cada año y cuántos nacen, todo análisis queda ceñido al ámbito de la intuición y la especulación.

Hoy por hoy es imposible saber si la burbuja explota o si al presionarla por un lado se hincha por otro. Al fin y al cabo, el hueco que ha dejado el Tsunami Xixón lo cubrirá una edición del festival franquicia I Love Reggaeton y otra del Love the 90s.

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