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De liderar la revolución de la IA a ceder el trono a los 'rebeldes': los tres pasos de Anthropic para superar a OpenAI

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Carlos del Castillo

6 de junio de 2026 21:52 h

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En la industria tecnológica, llegar el primero al restaurante no te asegura una silla en la mesa. La sociedad digital no se entiende sin Google, pero la realidad es que la herramienta que lanzó la revolución en el acceso a la información fue AltaVista, adquirida después por Yahoo. El caso de MySpace y su colapso justo antes de que Facebook reventara el mercado de las redes sociales es quizá uno de los más conocidos. Pero hay ejemplos allá donde se mire, como pueden atestiguar aquellos que aseguraban que los teléfonos inteligentes iban a cambiar el mundo con una blackberry en la mano, poco antes de que Steve Jobs presentara el primer iPhone.

El 30 de noviembre de 2022 la humanidad se asomó a ChatGPT y volvió a ver el futuro de la tecnología. El primer chatbot de inteligencia artificial se convirtió en la herramienta digital de más rápida adopción de la historia e impulsó a su creadora, la entonces fundación sin ánimo de lucro OpenAI, al foco mundial. Había empezado oficialmente la revolución de la IA generativa. La cara visible de OpenAI, Sam Altman, se convirtió en una de las personas más populares del planeta y estrechó las manos de decenas de líderes políticos y magnates mientras lanzaba vaticinios sobre el futuro de esta tecnología, el empleo o las relaciones personales.

Poco más de tres años y medio después la situación es muy diferente. El liderazgo de los de Altman, que un día fue incuestionable, ahora corresponde a Anthropic. Se trata de otra startup fundada por un grupo de extrabajadores de OpenAI que salieron de la empresa ante el temor de que esta hubiera dado de lado la seguridad en pos de lograr avances de la manera más veloz posible. Su líder, Dario Amodei, es ahora uno de los mayores evangelistas de la seguridad de la IA.

En cuestión de un par de años, la escisión ha superado a su antecesora. Todo ha sido gracias a superarla en las herramientas destinadas al ámbito corporativo, lo que ha producido un efecto cascada: el dinero de las empresas ha permitido a Antropic acercarse a la ansiada meta de lograr un modelo de negocio rentable para la IA, con unos ingresos anualizados de 47.000 millones de dólares (unos 40.000 millones de euros), según sus datos de mayo. Es casi el doble que la última cifra oficial ofrecida por OpenAI, que se queda en los 24.000 millones.

Esto, a su vez, la ha llevado a superarla también en valoración, con una última ronda de financiación privada que la sitúa en unos 965.000 millones de dólares, unos 100.000 más que OpenAI. La consecuencia de todo ello ha sido otro hito clave: ha sido la primera gran startup de IA en iniciar los trámites para su salida a bolsa. El punto que marca que la era de las promesas ha terminado y arranca la de la presión de los inversores para que logren beneficios.

Una estrategia en tres pasos que ha servido para conseguir el primer cambio de liderazgo en el sector de la IA.

Paso uno: IA para todos con herramientas para unos pocos

Anthropic también tiene un chatbot de IA similar a ChatGPT, llamado Claude. Pero la primera clave del sorpasso no es haber centrado sus esfuerzos en robarle usuarios a OpenAI a través de él. Han sido una serie de herramientas paralelas, como Claude Code, pensadas específicamente para programar.

“Los modelos de IA se adoptan más fácilmente en determinados contextos. Las condiciones clave son que el coste de los errores sea bajo, que el resultado sea fácil de verificar y que el conocimiento esté mayoritariamente codificado. La programación cumple bastante bien con las tres”, explica a elDiario.es Sampsa Samila, profesor del IESE especializado en IA.

La IA es para todos, pero lo que ha llevado al éxito a Anthropic son sus herramientas para los especialistas en tecnología. Específicamente, para los desarrolladores, que han encontrado en la IA su mayor aliada: “El software es fácil de actualizar y, por tanto, los errores se pueden corregir con relativa facilidad. Hay muchas herramientas para probar y verificar programas. El conocimiento está en gran medida en documentación codificada y en el propio código”, continúa Samila, director académico de la Iniciativa sobre IA y Futuro de la dirección de la citada escuela de negocios.

La estrategia para arrebatar el trono a OpenAI no era doblegar a ChatGPT, sino hacerse fuerte en un nicho y crecer a partir de él. “Los chatbots genéricos son canales de distribución potentes, pero por sí solos no constituyen la fuente más sólida de ventaja duradera”, continúa el profesor: “Es demasiado fácil para los clientes cambiar de proveedor, por lo que el poder de fijación de precios es débil. Integrarse en flujos de trabajo y procesos hace que cambiar de proveedor sea mucho más difícil y, por tanto, es mucho más probable que sea una fuente de beneficios sostenidos”.

Paso dos: el ansiado modelo de negocio para la IA

OpenAI “ha tenido un éxito extraordinario en el mercado de consumo”, pero ha sido “esa ventaja técnica en propuestas de valor para el mercado empresarial” de Anthropic la que “ha favorecido una adopción pagada muy rápida en ámbitos profesionales”, coincide el profesor Esteve Amirall, del departamento de Operaciones, Innovación y Data Sciences de Esade.

En los comentarios de Amirall se esconce la segunda clave: “pagada”. ChatGPT lo usan cientos de millones de personas, pero muchas menos pagan por él. Diversas filtraciones apuntan a que OpenAI pierde dinero incluso con las suscripciones de 20 euros, puesto que el coste de la computación que requieren esos usuarios excede ese precio. Mientras, las empresas que han adoptado soluciones basadas en su tecnología están teniendo problemas para rentabilizar su inversión.

El enfoque de Anthropic, en cambio, es el que ha generado el primer modelo de negocio con visos de ser rentable para la inteligencia artificial. Las empresas están dispuestas a pagar mucho dinero por Claude Code y otras herramientas de la startup que les permiten automatizar y potenciar el trabajo de sus desarrolladores. “Proyectos en los que antes invertíamos meses ahora se pueden completar en días por equipos más pequeños. Es uno de los mayores saltos que he visto en los últimos 20 años”, expresaba en el último Mobile World Congress un alto ejecutivo de una de las mayores telecos de Europa.

Proyectos en los que antes invertíamos meses ahora se pueden completar en días por equipos más pequeños. Es uno de los mayores saltos que he visto en los últimos 20 años

“Han sido los que mejor han entendido que las empresas no solo necesitaban un chatbot de usuarios, sino un producto que se pusiera mucho foco en la seguridad, la privacidad y el control de los datos”, explicaba Diego Méndez, director ejecutivo de la firma de software española Tailor Hub, en un reportaje de este medio. “Lo interesante es que Claude Code no solo es un producto, sino una apuesta por una forma diferente de desarrollar software”.

Es una transformación en el sector de la programación que ha bajado rápidamente por toda la cadena, desde las grandes empresas a los aficionados. OpenAI, Google y xAI han sacado herramientas similares, pero Anthropic es la que ha conseguido hacerse con este negocio. “El hecho de que sus modelos funcionaran particularmente bien en tareas de programación, y que esa capacidad se extendiera después hacia entornos de trabajo colaborativo, ha sido un factor decisivo”, sostiene Amirall.

Esa revolución de la programación es la que ha catapultado los ingresos de Anthropic. En enero de 2025, la empresa estaba facturaba unos 1.000 millones al año. En febrero de ese año sacó al mercado Claude Code. A mediados de 2025, sus ingresos habían crecido hasta los 4.000 millones, según la cifra anualizada. Al cierre del ejercicio estaba ya en 9.000 millones. En abril de 2026 llegó a los 30.000 millones y en mayo alcanzó los 47.000.

OpenAI por su parte, no ha aprovechado esa ola por el momento. En 2025 facturó unos 13.000 millones de dólares, mientras que este año está en cifras de llegar a los 24.000. Es un crecimiento enorme, pero lejos de los porcentajes que necesita para sostener sus enormes inversiones en computación.

Desesperados por encontrar beneficios, los de Altman han virado hacia la publicidad basada en la extracción de datos de los usuarios. Es el modelo de negocio que impulsó la revolución digital, pero que da síntomas de agotamiento. Según la última encuesta de IAB, la patronal del marketing digital, solo el 16% de los usuarios afirma que le gusta recibir publicidad personalizada. El propio Altman afirmó que sería “el último recurso de la empresa” porque “la combinación de anuncios con IA” le resultaba “especialmente inquietante”.

Paso tres: impacto real con Mythos

Anthropic también ha sido la primera en lograr un impacto que ha trascendido por completo al sector de la IA. Lo ha logrado con el modelo Mythos, al que todas las empresas del mundo están intentando acceder en este momento. Se trata de una herramienta que mantiene en alerta al sector de la ciberseguridad internacional por su capacidad para localizar brechas en sistemas informáticos y atacarlas de manera autónoma.

Debido al riesgo de que se utilice con fines maliciosos, Anthropic decidió no distribuirla de forma abierta al público. En su lugar, facilita el acceso a grandes empresas tecnológicas y entidades bancarias para que evalúen sus infraestructuras y subsanen las vulnerabilidades antes de que sufran agresiones externas. Las primeras habían sido las estadounidenses y las británicas, lo que ha derivado en presiones a nivel internacional por parte de gobiernos e instituciones de ciberseguridad para lograr acceso al modelo.

Anthropic ha sido tema de conversación en los más altos despachos de las sedes de gobierno, los sectores financieros o de los gestores de infraestructuras críticas. España, que ha consiguido acceder a Mythos esta semana, lo ha celebrado como una muestra de su “influencia en el debate sobre gobernanza de IA de frontera”. “Y responde a la petición que en este sentido trasladaron representantes del Ejecutivo español en sus contactos con Anthropic”, añaden fuentes del Ministerio de Transformación Digital.

Es un techo de cristal que OpenAI no ha conseguido traspasar. Altman ha pasado tres años advirtiendo de que sus productos iban a poner el mundo patas arriba. Sin embargo, ese impacto real no ha llegado. En sus últimas declaraciones al respecto, el ejecutivo ha reconocido que “se equivocaron bastante” en cuanto a las implicaciones sociales y económicas de ChatGPT. “Pensaba que, a estas alturas, la supresión de puestos de trabajo de oficina para principiantes habría tenido un mayor impacto del que realmente ha tenido”, ha admitido, afirmando que se “alegra” de que el apocalipsis laboral que anunció no se haya cumplido.

La ironía es que el siguiente capítulo de esta historia puede repetir el anterior. Anthropic nació de la ruptura con OpenAI por considerar que esta había sacrificado la seguridad en favor de la velocidad y el crecimiento. Ahora, con los trámites de salida a bolsa en marcha, podría ser la primera gran startup de IA sometida a la presión trimestral de los inversores. Con todo, los especialistas consultados enfatizan que no hay que dar por muerta a la empresa que lo empezó todo. “Ambos actores están en niveles tecnológicos muy similares y todavía quedan muchos sectores por explorar. El mercado corporativo seguirá siendo, sin duda, uno de los grandes mercados de esta tecnología”, recuerda Esteve Almirall: “Estamos solo al principio”.

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