Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Trump desafía el límite legal para seguir con la guerra sin autorización del Congreso
La IA irrumpe con despidos en el mercado laboral: ¿cuál es su impacto real?
Opinión - 'La banalidad del mal', por Esther Palomera

Los '25 años de paz': cuando el franquismo quiso cambiar el relato de la Guerra Civil desde la Castellana

Demostración sindical del 1 de mayo de 1964 en el estadio Santiago Bernabéu.

Luis de la Cruz

Madrid —
30 de abril de 2026 22:09 h

0

El 1 de mayo de 1964, Francisco Franco se dio un baño de masas en el estadio Santiago Bernabéu durante las jornadas de San José Obrero (o Artesano), un intento de cooptar la fecha internacional del Primero de Mayo que se venía celebrando con espectaculares demostraciones sindicales de la Obra de Educación y Descanso desde 1958. Pero la celebración de aquel año, que coincidía con el veinticinco aniversario del régimen, quiso ser especial.

La Demostración Sindical incluyó las habituales actuaciones de los coros y danzas de las distintas regiones españolas con sus respectivos trajes regionales. Siguieron El baile de la cenicienta, con 200 bailarines sobre patines. Luego, se hizo el ruido en el coso madridista con el rugir de ochenta motoristas haciendo cabriolas al ritmo de La cabalgata de las valquirias. 700 jóvenes gimnastas de la Sección Femenina salieron a continuación. Un coro formado por 2.500 trabajadores y trabajadoras de distintos puntos de España cantó al unísono una parte del Mesías de Haendel y del Príncipe Igor de Borodin también. Y ballet, con 150 bailarines de Bilbao por Tchaikovsky.

Para el número final, 4.000 trabajadores hicieron una tabla de gimnasia masculina. La noche terminó, a las once menos veinte de la noche, con las notas del himno nacional ante la atenta mirada de Franco y su familia. En un palco contiguo, los acompañaban Juan Carlos de Borbón, Sofía de Grecia y Alfonso de Borbón Dampierre.

Logotipo oficial de la campaña que se pudo ver en toda España

Un rato antes, el Jefe del Estado había inaugurado a 500 metros del estadio del Real Madrid “la magna exposición” España 64. Franco llegó a la lonja de los Nuevos Ministerios a las siete y veinticinco de la tarde (según el diario falangista Libertad), acompañado de doña Carmen Polo de Franco y de su hija, la marquesa de Villaverde. Allí, les recibieron distintos miembros de su gobierno, otros altos mandos del régimen –como el conde de Mayalde, alcalde de Madrid– y, por supuesto, Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo, que era el responsable del evento y dio un discurso del que el diario destacó la frase “la paz fue el objetivo supremo de nuestra lucha”.

La inauguración de la exposición se enmarcaba en una fecha estratégica y el aniversario redondo quería ser un punto de bisagra en la narrativa del franquismo. La década de los 50 había terminado con el agotamiento del modelo autárquico y el franquismo buscaba afianzar el modelo tecnocrático y desarrollista, lanzado con el Plan de Estabilización de 1959.

Vista nocturna del pabellón en Nuevos Ministerios

El nombramiento de Manuel Fraga como Ministro de Información y Turismo en 1962 pretendía dar al franquismo una nueva imagen, que lo proyectara como Estado capaz de cabalgar la modernidad sin renunciar al orden. Para ello, se buscó un nuevo discurso sobre el momento fundacional del régimen, la guerra, abandonando la narrativa de la cruzada, subrayando el carácter de “guerra entre hermanos” y patrimonializando una supuesta misión por la paz entre españoles que permitía superar el trauma nacional.

El giro venía empujado por el trabajo de hispanistas como Hugh Thomas, Gabriel Jackson o Herbert Southworth, que desmentían profesionalmente los recetarios históricos del régimen; e incluso por proyectos editores en el exilio como Ruedo Ibérico. Para intentar ganar la batalla de la propaganda desde la construcción del relato del historiador, Fraga fundó el Gabinete de Estudios sobre la Guerra de España (a veces llamado Sección de Estudios), que tenía al frente al historiador Ricardo de la Cierva.

Para llevar a cabo la exposición España 64, el ministerio de Fraga encargó al arquitecto Emilio Pérez Piñero una estructura desmontable de aluminio. La propia biografía del arquitecto parecía subrayar la narrativa que hilvanaba los fastos: era hijo del ingeniero militar republicano Antonio Pérez Ruiz, que participó en el proyecto de las defensas de Madrid en 1936.

La infraestructura contaba con una cubierta de 8.000 metros cuadrados. La empresa contó con la asistencia técnica de la fábrica en Getafe de Construcciones Aeronáuticas S. A. (CASA). El pabellón costó 14 millones de pesetas, a los que habría que sumar otros 25 millones para la propia exposición y su gira itinerante. Se desmontó de Madrid en junio, pero fue llevada luego a Barcelona y San Sebastián, dibujando un itinerario de ciudades que había resistido hasta los estertores de la guerra. Aunque España 64 no llegó a todos los rincones del país, si lo hicieron otras más pequeñas formadas por carteles.

Montando los módulos en Nuevos Ministerios

La clausura de la exposición volvió a orillas de la Castellana, el eje en el que el primer franquismo había querido construir su nuevo Madrid, lejos de la decadente Gran Vía y de los barrios bajos del populacho en la ciudad antigua. Terminó el 21 de diciembre de 1964 con una ceremoniosa colocación de la primera piedra del Palacio Nacional de Congresos y Exposiciones de Madrid en la Avenida del General Perón.

XI Demostración Sindical en el Santiago Bernabéu

La entronización del término paz continuaría jalonando el año 1964 más allá de los propios fastos oficiales de los XXV años de paz. El desfile de la Victoria, celebrado en el mismo mes de mayo, se bautizó como Desfile de la paz. Transcurrió, como era habitual, por el Paseo de la Castellana y estuvo presidido por Francisco Franco. En la plaza de Colón, el regimiento de zapadores construyó un puente metálico sobre el que se leía el mensaje “XXV años de paz española”.

Además, se inauguraron numerosas infraestructuras y hasta barriadas, como la que se construyó un año después en Málaga, que aún conserva el nombre. En el mismo sentido de cambiar la imagen exterior del régimen, podemos incluir otro acontecimiento que tuvo lugar en el Santiago Bernabéu bajo la mirada del caudillo: la victoria en la final de la Copa de Europa de Naciones el 21 de junio frente a la Unión Soviética, con el icónico gol de Marcelino a Yashin. Tras la victoria de La Roja, L’Equipe publicaría: “En Madrid el fútbol ha dado una nueva lección de solidaridad y de comprensión, pues esta paz ha venido a reconciliar alrededor de un balón y de un encuentro, alrededor de una copa de plata, dos pueblos que se ignoraban”.

La España del 600 y el primer turismo, la que anhelaba entrar en la Comunidad Económica Europea, diseñó cuidadosamente un cambio de rumbo discursivo –de la cruzada a la paz, de la guerra contra el rojo a la tragedia fratricida– que le permitiera ser admitida en el club de la modernidad. Hablando de una guerra que habían ganado como si todos la hubieran perdido. Como si a ellos les correspondiese diseñar la paz.

Etiquetas
stats