“¿Sabes que han pasado 15 años, papá?”: voces del primer desahucio parado en Madrid después del 15-M
Naranjo es una pequeña vía perpendicular Bravo Murillo en Tetuán. Una calle a la que el adjetivo normal le encaja como un guante. Sin embargo, hace justo hoy quince años, la ciudad supuraba cuerpos rebeldes y Naranjo, como primera sucursal importante del 15-M en los barrios, se convirtió en el centro de la ciudad.
El de Anwar y Tatiana fue el primer desahucio parado en Madrid. El punto de partida del movimiento de la vivienda tal y como se entendería a partir de ese momento y una concreción material de las horas de debate que habían tenido lugar en las plazas durante el último mes.
Álvaro, participante del 15-M y, luego, activista del grupo de desahucios de la Asamblea Popular de Tetuán, recuerda haber escuchado hablar ya del desahucio en Sol. “En la acampada se comentaba que había un primer desahucio para intentar parar en Madrid el 15 de junio, como ya había sucedido en Barcelona y en Murcia. Hacía justo un mes del inicio de la acampada y había sensación de agotamiento, así que abrazamos con entusiasmo el salto de la protesta a la acción directa en uno de los problemas que preocupaba más a la gente en aquellos momentos”, explica.
En aquel primer desahucio, la PAH y una comisión del 15-M se ocuparon de organizar muchos de los detalles del caso. Desde la asamblea de Tetuán se encargaron de apoyar y movilizar en el barrio. La Asamblea Popular de Tetuán había nacido, como otro centenar largo más, el 28 de mayo. La Plaza de las Palomas –nombre popular de la del Canal de Isabel II, a orillas de Bravo Murillo– se llenó con centenares de vecinos curiosos y ávidos de política. Una semana después, comenzaron a conformarse distintas comisiones, entre ellas la que al principio se llamó Desahucios y Legal. Hablamos con Víctor, miembro de la incipiente comisión:
“Apenas teníamos idea de la situación, ni de cómo afrontarla. Un desconocimiento absoluto. Recuerdo que empecé a ir a la PAH justo a la vez que empezaba el 15-M. Ellos comenzaban a tener una cierta difusión por los problemas de vivienda y sobre todo por su activad en Barcelona. Allí habían parado algún desahucio y estaban haciendo ruido con la situación de las hipotecas”, explica.
Entonces, relata Víctor, la PAH se reunía semanalmente y congregaba a unas cincuenta o sesenta personas. “Al principio, eran migrantes latinoamericanos y miembros del movimiento vecinal, sobre todo”. En una de esas primeras reuniones se encontró a Anwar, que ya tenía fecha de desahucio y había acudido en busca de ayuda. Anwar y Víctor fueron juntos a la Plaza de las Palomas a presentarle el caso a su barrio. Frente a ellos, escuchaban centenares de vecinos bajo un sol de justicia.
Anwar provenía del Líbano y se había ganado la vida como panadero hasta la llegada de la crisis. Tatiana, su pareja, era de origen búlgaro y tenía formación comunista. Aunque se separarían un tiempo después, los dos se implicaron mucho, primero en la defensa de su hogar y luego en el movimiento por la vivienda. A Anwar se le vio oponiéndose a distintos desahucios en el barrio, a veces haciendo de intérprete de árabe. Tatiana se convirtió durante un tiempo en una cara visible de la PAH. Su determinación habla de una máxima fundacional de aquel movimiento de vivienda que ha heredado el actual , más ligado al inquilinato: no hay diferencia entre afectados y activistas, todos son compañeros que deben implicarse en la causa en la medida de sus posibilidades
“Como no teníamos ni idea, empezamos a hacer prácticas muy incipientes, como manifestarnos delante de un BBVA (la entidad desahuciadora), moviéndonos en círculos como en las películas americanas. No se había hecho nada de esto o por lo menos nosotros no lo conocíamos. No había aún estructuras.”, detalla Víctor. Álvaro incide en lo virginal de la situación. “Hay una pancarta de la Asamblea Popular de Tetuán que sale en las fotos. Recuerdo estar haciéndola en la Plaza de las Palomas y preguntar a los compañeros ¿dónde va la h de desahucios? Nunca lo habíamos escrito”.
Lo publicitaron a través de las recién nacidas redes del 15-M, se reunieron a hacer carteles y los colocaron a la salida del metro. “Había un gran secretismo –aunque resultó estar todo muy difundido–, no decíamos la dirección y el día del desahucio había personas a la salida del metro dirigiendo a la gente hacia la calle Naranjo. Era todo muy ingenuo”, recuerda Víctor insitiendo una vez más en el adjetivo.
El hecho es que aquel 15 de junio amaneció con cientos de personas bloqueando la calle Naranjo y las aledañas. Hasta quinientas permanecieron allí durante horas hasta que se supo que el desahucio no se iba a ejecutar. Había sucedido, en medio de la multitud y entre gritos de ¡Sí, se puede!, el primer #stopdesahucios (en aquella época todo llevaba un símbolo de hashtag por su uso en twitter). “Pensábamos que íbamos a ser unos cuantos vecinos, los habituales. Llegamos a primera hora y no se podía entrar en la calle. El momento se había convertido en un símbolo de repente”, recuerda Álvaro.
Eran tiempos en los que los ecos del 15-M desbordaban la actividad puramente activista. Una de las imágenes que se hicieron virales de aquel desahucio fue la de algunos “indignados” increpando al político de Izquierda Unida Cayo Lara. En concreto, la imagen de Ricardo cara a cara con la que era entonces la figura más visible del partido de izquierdas se reprodujo en varios periódicos y rodó por infinidad de cuentas de Twitter. “Ese día me levanté y me enteré de que iba a haber un desahucio cerca de donde vivía en esa época. Pensé, antes de ir a trabajar me voy a pasar a ver si con suerte lo paramos”, explica el protagonista de la fotografía quince años después.
Curiosamente, la imagen, que plasmaba de un vistazo el primer espíritu apartidista del movimiento, el no nos representan, tiene una intrahistoria mucho más mundana, tal y como explica Ricardo. “Le comenté algo sobre la unidad en Extremadura, le dije: Cayo, recuerda que PP y PSOE son lo mismo. Estuvimos dialogando y, de hecho, terminamos dándonos la mano”. A pesar de ello, estas y otras instantáneas de la gente increpando al político -le tiraron agua, incluso- ejemplifican bien una tensión del momento, que alcanzaba también al movimiento contra los desahucios, pues en la seminal PAH había mucha representación de la izquierda tradicional, a la que aquel día se le uniría el movimiento social asambleario.
Ricardo siguió atento a la evolución del desahucio desde el trabajo y recuerda haber recibido la noticia de su paralización con mucha alegría. Ha pasado mucho tiempo: le dio tiempo a ser padre, mudarse varias veces, pasar por distintos empleos... pero mantiene, como mucha gente involucrada, un recuerdo vívido lo de Naranjo..
Aquel día, recuerdan las personas más directamente involucradas, surgieron algunos roces propios de los nervios y la inexperiencia de las distintas organizaciones convocantes, pero se disolvieron rápidamente en la euforia de la victoria. Las imágenes de la calle Naranjo atestada de gente salieron en todos los informativos.Estábamos en pleno pico de la crisis de desahucios por hipoteca. y, a partir de entonces, empezaron a amontonarse cuerpos en los portales de muchos vecinos con órdenes de desahucio. El de Anwar y Taty supuso el aprendizaje y la puesta en marcha de una serie de métodos que se pondrían en práctica muchas veces en lo sucesivo. “A partir de ahí todo fue aprender: saber qué era un lanzamiento, una comisión judicial, cómo se podía presionar previamente o negociar con el banco. Pero primero fue ese estallido de fuerza y de voluntad”, explica Álvaro.
Como era de esperar, la maquinaria judicial no paró con aquella primera victoria. BBVA continuó en sus trece de desalojar a los habitantes de Naranjo 14 y la siguiente fecha de desahucio se programó el 29 de febrero de 2012. Parecía mentira que hubieran pasado solo ocho meses. A esas alturas el grupo de desahucios del barrio y el movimiento de vivienda habían atesorado una rica experiencia en pelear contra los bancos y hecho cayo en los juzgados. La campaña de comunicación, apelando al momento fundacional del primer desahucio, tuvo mucho recorrido. El grupo de desahucios de la asamblea subrayaba el deseo de “volver a llenar Naranjo”. La comisión de comunicación de la Asamblea Popular de Tetuán, por su parte, diseñó una web con una cuenta atrás en cuya dirección se leía “nuestra primera vez”.
Se hicieron visitas diarias a la sucursal del BBVA correspondiente, se inundaron los buzones de los directivos del banco y se organizó una rueda de prensa en la azotea de la casa. El punto álgido fue una manifestación en la que cientos de personas recorrieron la calle de Bravo Murillo desde Plaza de Castilla hasta la sucursal bancaria. La intención era atrincherarse en la vivienda para resistir el desahucio, pero llegó la llamada: se concedía la entonces reclamada dación en pago. Las cañas post mani , que habitualmente tenían lugar en el centro de la ciudad, esa tarde fueron en La Plazuela, el mismo bar junto a la Plaza de las Palomas desde el que la asamblea de barrio tiraba los cables para la megafonía.
La historia de Naranjo 14 está contada en el libro Tetuán Resiste: la lucha por la vivienda de un colectivo de barrio. En el capítulo correspondiente se puede leer: “Lo que en aquel momento celebramos como una victoria, pronto se mostró como un arma de doble filo. Aprendimos que la dación en pago no servía de nada si no iba acompañada de un alquiler asequible, garantizado e indefinido”.
La mayoría de las victorias de los movimientos populares lo son parciales. El sistema es rencoroso. Pero, hasta en esto el caso de Anwar y Tatiana sirvió como punto de partida. Aquel era el momento de la crisis hipotecaria pero la evolución del movimiento y del momento histórico pondrían encima de la mesa que el problema era más grande: la vivienda.
Localizamos a Anwar para saber qué ha sido de su vida quince años después. Confiesa que no tenía presente la efeméride –“soy muy malo recordando fechas en general”, dice– pero explica que acaba de hablar con su hija, que trabaja en Estados Unidos, y se lo ha señalado. “¿sabes que han pasado quince años, papá?”, le ha dicho.
Anwar vive hace ocho años fuera de Madrid. Un amigo con el que vivía en Tetuán le ofreció la oportunidad de irse con él a trabajar en una huerta ecológica en Perales de Tajuña e hizo las maletas. Hace tres años que se jubiló y ahora vive en el pueblo de al lado, Tielmes, con una pensión no contributiva. “Sigo echando una mano en la huerta de todas formas”, advierte.
Para Anwar, aquellos recuerdos son ambivalentes. “No fueron buenos tiempos a nivel personal”, dice. Por otro lado, su voz coge peso y sentimiento cuando recuerda el apoyo que recibieron de la gente.
“Fueron tiempos duros, que acabaron con la familia. También sucedió que cuando se consigue la dación en pago, que fue un gran éxito, te das cuenta de que empezaba lo peor. ¿Ahora qué?, me preguntaba”. Anwar pudo alojarse un año y medio en casa de un amigo, luego tuvo que vivir ocupando con otros compañeros de Tetuán y llegó a sufrir un nuevo intento desahucio, en 2019, que también congregó mucho apoyo. “A día de hoy, cuando escucho el timbre todavía me estremezco y pienso que puede ser la policía”, admite.
Ahora vive con mucha tranquilidad, “no me sobra nada, vivo con poco, pero estoy bien”. Es muy consciente del problema de la vivienda y le sale la vena de activista durante la llamada telefónica, “nadie quiere solucionar el problema, con el dinero que se prestó a los bancos se podía haber hecho”, reclama poniéndole pulsaciones a la voz momentáneamente, antes de regresar al tono tranquilo con el que habla.
Volvemos al 15 de junio de 2011. “Yo destacaría de aquel día las ganas que había. Luego, una mezcla de miedo y voluntad de solucionar el problema. Y el convencimiento de que lo podíamos lograr.”, subraya Víctor rebuscando en recuerdos que son ya también sentimiento. Las impresiones de Álvaro son coincidentes.: “fue un sentimiento de conformar una fuerza social que yo nunca he tenido de forma tan clara. Era un oleada de esperanza y de alegría”.
La nostalgia está tan de moda como mal vista. Pero es un sentimiento inevitable, que nos sacude. Quizá baste con convertirla en genealogía y mirarla desde el presente para transformarla en impulso. Han pasado tres lustros y las caras de los movimientos de vivienda se han renovado. A los chalecos verdes de la PAH se le sumaron las camisetas naranjas del Sindicato de Inquilinas. Los grupos de los barrios sobrevivieron a las asambleas del 15-M. Los cuerpos sigsiguieron apretándose nerviosos en los portales, donde aún se escuchan los mismos cánticos –“Vecina, despierta, desahucian en tu puerta”–. Hoy es lunes 15 de junio y en la calle Naranjo, en Tetuán, todo parece tranquilo, pero, como se decía hace quince años lo que pasa, no despasa.
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