El gobierno de coalición tiene un futuro complicado
El gobierno de coalición tiene un escenario muy complicado, y el Partido Socialista también. Desde la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno la oposición a su política ha sido bestial, no ha habido posibilidad de llegar a ningún acuerdo en cuestiones de cierta relevancia, en lo que se suele llamar políticas de Estado. Esta estrategia de oposición total al Gobierno, nunca deseable, podría tener cierta justificación si tuviese una base política. Pero no es el caso, las derechas se limitan a la descalificación, la mentira, el insulto… y el asedio a la familia del presidente Sánchez, sin presentar alternativas a las políticas del ejecutivo.
Podría pensarse que la cosa empezó mal con lo que el PP consideró una gran traición, la amnistía a los condenados por el “procés”, pero la estrategia venía de antes, el asedio a Pedro Sánchez comenzó en 2014, cuando le eligieron secretario general del PSOE por primera vez. Fue entonces cuando, según el comisario Villarejo, las cloacas del Estado manejadas por el PP decidieron transformar en prostíbulos las saunas gestionadas por el suegro de Sánchez, Sabiniano Gómez. Generaban así un flanco débil para el líder de la oposición que todavía —a pesar de que la Audiencia Nacional consideró que las saunas eran una actividad privada lícita—, utiliza Feijóo para acusar a Pedro Sánchez de ganar unas primarias con dinero de la prostitución.
La manera en la que Sánchez llego a la presidencia -moción de censura-, la amnistía y las políticas progresistas de los distintos gobiernos de coalición, alarmaron a los poderes fácticos, que podían ver en peligro algunos de sus privilegios. A partir de ese momento no hubo un instante de sosiego y los sectores más reaccionarios del mundo de la economía, la política, los medios de comunicación, la judicatura… animados por “el que pueda hacer que haga” de Aznar, han colaborado en la estrategia de acoso y derribo del Gobierno.
Y lo han hecho de la manera más rastrera, acosando a sus familiares y entorno más próximo. Con esto no quiero decir que los sumarios de corrupción de militantes del PSOE sean un montaje -hay casos evidentes y el partido socialista lo pagará, y muy caro, si no actúa inmediatamente- pero la instrucción de los casos de David Sánchez Pérez-Castejón, Begoña Gómez y Álvaro García Ortiz, exfiscal general, son tremendamente extraños en la historia de la judicatura en democracia. Rechazo las interpretaciones conspirativas de la Historia y creo que las casualidades existen, pero conspiraciones las hay y hay coincidencias tan poco probables como que me toque el gordo de la lotería tres veces seguidas. Como que los tres casos más “singulares” de la judicatura se refieran al entorno del presidente del Gobierno.
En los tres casos mencionados la instrucción se ha desarrollado sin indicios mínimamente solidos de delitos, incluso con declaraciones y evidencias que desmontan las acusaciones, pero han seguido p'alante. En los tres hay una tendencia a considerar como relevante no solo los hechos demostrados sino también las valoraciones e interpretaciones de la policía. Y ya sabemos que, en asuntos relacionados con la política, ni la UDEF ni la UCO tienen un expediente especialmente ejemplar, desde la creación de la “policía patriótica” a los registros de la Guardia Civil en el caso del fiscal general, pasando por las acusaciones falsas a Podemos.
En esta estrategia de acoso y derribo están jugando un papel esencial buena parte de los medios de comunicación. En ellos, los imputados son culpables desde el momento en que se filtran los informes policiales —¿por qué en estos casos no se persigue a quienes los filtran?—, sin necesidad de esperar la decisión judicial, ¿ya saben cuál va a ser? Además, los artículos, especialmente los titulares, se centran, sin comprobar su veracidad y sacándolas de contexto, en aquellas cuestiones que apuntan a la culpabilidad de la persona investigada.
Así, se anuncia que “Zapatero canceló de golpe una hipoteca de 500.000 euros”, sin decir que lo pudo hacer porque previamente había vendido una casa; que “la trama de Zapatero trafica con petróleo y oro de Venezuela” sin ninguna prueba … O la directriz recibida por la UCO de que no podía ser “proactiva” en las causas con incidencia en la política y que debía ser la autoridad judicial la que “tomase la iniciativa” -algo que me parece de lo más razonable- se ha transformado en que el director adjunto operativo de la Guardia Civil, ha presionado para hacer la vista gorda en los casos que afectan al PSOE.
La cosa está clara, quienes han declarado la guerra total a Pedro Sánchez no van a parar hasta que esté acabado políticamente. Y no va a ser desde el ámbito de la política. El PP ha conseguido presentar a Sánchez, ante buena parte de la ciudadanía, como la personificación del Maligno en la Tierra, alguien que solo es capaz de hacer el mal, por lo tanto, ya no es necesario justificar las críticas, los insultos, el asedio. Feijóo ya puede decir en público lo que viene haciendo desde hace años: “Haré todo lo posible para cambiar el gobierno. Y cuando digo todo, digo todo…”. No hay límite ni moral ni legal contra el gobierno.
Pero no todo son conspiraciones, en casos en que están implicados exdirigentes socialistas hay indicios suficientes de comisión de delito. Y no vale con decir que se han cometido errores pero que lo del PP es peor. Hasta ahora, a pesar de no haber presentado presupuestos y de los proyectos que se han quedado por el camino, la legislatura ha sido positiva —gestión de las crisis, política internacional, economía, reformas laborales, pensiones…— pero, si no se mantienen los apoyos de la legislatura no tienen sentido continuarla, ¿qué leyes se van a aprobar? ¿Qué reformas se van a implementar? La actitud del consejero vasco, encabezando el plante a la ministra de Sanidad, es una alarma que no se puede desestimar.
Para mantener cierta credibilidad Sánchez tiene que dar explicaciones a sus socios, en el Parlamento y ante la sociedad, de las repercusiones que los actos de Ábalos, Cerdán, Leire o Zapatero han tenido en la gestión de lo público. Y también tiene que demostrar, de forma clara e inmediata, que está tomando las decisiones necesarias para evitar que lo que ha sucedido en su partido se vuelva a repetir, dos secretarios de organización seguidos imputados no es ni una casualidad ni un problema menor.
Aunque el futuro de gobiernos progresistas no depende solo de que los socialistas pongan los medios para evitar las corrupciones, los cambios que necesita el PSOE, y el resto de partidos de la izquierda, son diversos y profundos. Pero eso es otra historia.
0