¿Debe continuar la legislatura?
En la comparecencia ante el Congreso del pasado día 24, el presidente Pedro Sánchez dijo, en relación con la continuidad de la legislatura: “Y ante este panorama para mí la pregunta no es si debemos continuar; la pregunta es cómo no vamos a continuar”. Qué Sánchez deje claro que el acoso político, mediático y judicial a su familia no le amedrenta -supongo que hace tiempo que sospechaba que esto podía ser así- le honra. También tiene claro lo que puede llegar a ser un gobierno PP-Vox, y no solo por el retroceso en derechos y libertades que pretenden, ni por la aceptación por los populares de las políticas más reaccionarias de la extrema derecha, es que la degradación moral de los principales dirigentes del PP parece no tener límites.
Hay razones de sobra para parar la llegada de PP-Vox al Gobierno, pero, después de que la mayoría del Congreso haya pedido al presidente Sánchez que convoque elecciones, una actitud numantina, un cierre de filas sin hoja de ruta, sin propuestas claras, no es la mejor alternativa. En el mejor de los casos -si no se produce un milagro, y yo en eso no creo- retrasará la llegada de la barbarie que encontrará a las fuerzas progresistas más débiles y desorientadas.
Y es esta la opción que parece haber tomado Pedro Sánchez. En el Congreso -sin ofrecer propuestas políticas viables para continuar, ni explicaciones sobre la profundidad y consecuencias de la corrupción en su partido- reclama el apoyo de sus socios de investidura y en el PSOE, sin la menor autocrítica, sin otra pretensión que la de unir al Comité Federal en torno a su persona. “Limpiaremos lo que haya que limpiar y seguiremos gobernando” … para “mejorar la vida de la gente”. Pero, ¿qué es lo que hay que limpiar y cómo lo van a hacer? Y con el giro dado por Junts, sin mayoría parlamentaria, ¿cuánto va a mejorar la vida de la gente?
Para ganar la “cruenta batalla entre el progreso y la involución” el dilema no es si convocar ya las elecciones o esperar al final de la legislatura, la cuestión es qué se hace en el tiempo que queda. No basta con recordar lo que ha conseguido el gobierno de coalición y avisar de lo que nos espera si gobierna el tándem PP-Vox, esto no va a cambiar el estado de ánimo de las personas progresistas. Tampoco las leyes que se puedan aprobar con el apoyo de Junts.
El Gobierno y las izquierdas alternativas tienen que diseñar estrategias que llegue al corazón de la gente. Para ganar la batalla contra la involución que representa PP-Vox es necesario que, además de medidas que mejoren nuestra vida -especialmente la de los sectores más desfavorecidos- nos planteen objetivos que nos movilicen, que nos hagan pensar que merece la pena luchar por ellos. Los seres humanos -al menos una amplia mayoría- tenemos necesidades, intereses…; pero también ideales, sentimientos y valores. Queremos salarios justos, viviendas decentes, buenos servicios públicos… y, además, queremos políticos honestos, transparencia en las instituciones, más participación en la toma de decisiones que nos afectan, lucha contra la corrupción y contra los poderes fácticos… Queremos pan y también rosas.
Por eso, si Pedro Sánchez quiere contribuir en las próximas elecciones a ganar esa decisiva batalla, no se puede limitar a decir: “Limpiaremos lo que haya que limpiar y seguiremos gobernando” Tiene que empezar por decir qué es lo que hay que limpiar y, sobre todo, qué errores se han cometido en el funcionamiento del PSOE -los casos de Ábalos y Cerdán seguidos no pueden ser fruto de la casualidad- y qué propone para evitar que vuelva a pasar. Además, lo tiene que hacer ante la opinión pública, pues los problemas de corrupción en el partido mayoritario del Gobierno son problemas públicos, la misma persona que elige a los secretarios de organización, nombra -¿con los mismos criterios?- a los ministros. Y debe acompañarlo con un calendario de medidas a implementar en lo que quede de legislatura.
Creo que el gobierno de coalición puede presentar un buen balance de legislatura, pero lo hecho para mejorar la vida de la gente no es suficiente desde el punto de vista electoral, el relato dominante en la sociedad es, aunque no ofrezcan alternativas para casi nada, el de las derechas. Queda poco tiempo para cambiar esa realidad y la estrategia elegida por Sánchez no es la más apropiada.
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