En ocasiones, ve socialistas
Un niño asustado confiesa a su psicólogo que, en ocasiones, ve muertos, gente que camina por la casa sin saber que ya no está en este mundo. Todos recordamos El sexto sentido y una de las escenas más míticas de la historia del cine. Si el director de aquella cinta tuviera hoy que rodar de nuevo su exitosa película podría inspirarse en una secuencia muy parecida a la del niño traumatizado por la presencia de espíritus en la Puerta del Sol con Isabel Díaz Ayuso de protagonista. La diferencia es que, en lugar de muertos, la dicharachera presidenta, en ocasiones, ve socialistas vivos que la amenazan. Muchos socialistas. Socialistas por todas partes que la perturban, que la obsesionan y que la aíslan de sus obligaciones.
Los ve en la sanidad pública, en las residencias de mayores, en los barracones de los colegios públicos, en los tribunales de justicia, en la prensa, en el padrón de extranjería y en el censo electoral. El socialismo como presencia omnipresente, amenazante y casi sobrenatural al que Ayuso querría exorcizar para que desaparezca por completo de la vida pública.
Así ha construido la inquilina de Sol buena parte de su imagen pública. Cada decisión del Gobierno de España, sea política o administrativa, esconde a su parecer una nueva ofensiva del sanchismo contra Madrid, contra la libertad, contra el sentido común y contra ella misma. Sus últimas dos obsesiones -González Amador, aparte -son la llamada ley de nietos para otorgar la nacionalidad a los descendientes de quienes huyeron del franquismo y el decreto de regularización extraordinaria de inmigrantes. Socialistas por todas partes.
La norma que regula la residencia de extranjeros en situación irregular nació de una Iniciativa Legislativa Popular respaldada por 700.000 firmas y ha sido demandada en varias ocasiones tanto por la CEOE como por la Conferencia Episcopal. Pero, ella solo ve socialistas. Colombianos, venezolanos, marroquíes, peruanos, ecuatorianos…, pero socialistas.
Por eso y porque, según su opinión, van a saturar los servicios públicos y engrosar el censo electoral, llevó el decreto a los tribunales. Otra mentira de las suyas porque las personas en situación irregular, que trabajan en la economía sumergida y son las principales víctimas de los abusos laborales, ya tienen acceso a la sanidad y a la educación. Lo que no tienen ni tendrán, a pesar del bulo difundido por la derecha, es el derecho a voto, que solo lo otorga la nacionalidad española.
La última experiencia de la regularización extraordinaria en 2005 sacó de la clandestinidad a 600.000 inmigrantes y demostró que el proceso supone un aumento casi inmediato para los ingresos de la Seguridad Social. Hace 20 años, de hecho, la afiliación tuvo un salto sin precedentes, ya que aumentó en 616.655 personas en un solo año, multiplicando por cuatro el crecimiento observado en ejercicios anteriores. Generó también para las arcas públicas más de 4.4000 euros anuales por persona regularizada a través del IRPF. Pero de eso prefiere no hablar.
La invasión de socialistas llegará también con la ley de nietos, esa que su partido no solo no enmendó en la tramitación parlamentaria, sino que reivindicó durante años. El objetivo de Pedro Sánchez, según la disparatada narrativa de la duquesa de Quirón, no es una cuestión de justicia ni de reparación de los descendientes de quienes tuvieron que huir de España por el franquismo o por la miseria de 40 años de dictadura, sino “nacionalizar socialistas”.
Y lo peor es que allá donde suelta semejantes majaderías no haya nadie que rebata las perogrulladas de cada día. Tampoco su recién aprobada ley de concebidos no nacidos que reconoce al embrión como un miembro de la unidad familiar y no ha sido diseñada para ayudar a la infancia o la maternidad, sino para librar una nueva batalla de su guerra cultural que es la de toda la ultraderecha global. Los mismos excesos, las mismas obsesiones y el mismo respeto por la democracia.
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