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Opinión - 'A un paso del terraplanismo', por Esther Palomera

A un paso del terraplanismo

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso de los Diputados.
29 de junio de 2026 21:47 h

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Todo empezó con Trump. Luego, fueron Fujimori, Bolsonaro, Orbán, Abascal… Pero el PP no podía ser menos.. Hace tiempo que Feijóo es un habitual de la política de tierra quemada. Por convicción o por imitación, el caso es que ya le vale todo: la deshumanización del adversario, la deslegitimación de las instituciones, la judicialización de la política, la mentira como recurso habitual, la denuncia falsa… Ahora, abraza el stop the steal (detengan ese robo), una vieja teoría de la conspiración de las derechas y ultraderechas globales que empezó en 2020 con Trump sobre un presunto fraude electoral en las presidenciales norteamericanas

El objetivo no es necesariamente demostrar una alteración real de los datos, sino sembrar dudas respecto al sistema electoral para socavar la confianza ciudadana y movilizar a su electorado bajo una lógica de polarización afectiva. Las consecuencias de tal infamia son sobradamente conocidas. En EEUU, el asalto al Capitolio. En Brasil, los ataques a las sedes de las instituciones por parte de los simpatizantes de Bolsonaro. En Perú, meses de parálisis política e impugnaciones masivas que retrasaron la proclamación del presidente. En España, aún está por ver. 

Convertido en una mala copia de Abascal, Feijóo ha empezado a construir, con la ayuda de Ayuso y de su sincronizada de guardia, una irresponsable ofensiva contra el Gobierno que alimenta la sospecha de un supuesto pucherazo electoral. La excusa es la llamada ley de nietos, que permite a los descendientes de exiliados del franquismo lograr la nacionalidad española. “Ahí queda el aviso”, afirma la presidenta de la Comunidad de Madrid, que asegura que “el reparto de escaños” será “ilegal, que el presidente del Gobierno pretende cambiar el censo electoral y que la tercera provincia en número de votos en las próximas elecciones será Argentina. Todo, sin pruebas ni datos, pero con un descaro pasmoso. El mismo con el que Feijóo habla también de ”ingeniería electoral“ porque al Gobierno ”con los actuales votantes no le salen las cuentas“.

Según el Ministerio de Justicia, a fecha de abril de 2026, el número de solicitantes de nacionalidad en virtud de lo establecido en la disposición adicional octava de la Ley de Memoria Democrática, ascendía a 2.622.450 mientras que las aprobadas fueron tan solo 557.709. De ellas, se han inscrito en el Registro Civil 306.500. Los demandantes son todos hijos y nietos de gente que tuvo que salir de nuestro país por la dictadura franquista. El Gobierno ha concedido además la nacionalidad española por carta de naturaleza a 117 descendientes de los voluntarios integrantes de las Brigadas Internacionales.  Son ya ciudadanos españoles de pleno derecho, pero el proceso administrativo lleva tiempo, si bien el PP juega a confundir y mezclar la ley de Memoria Democrática con la regularización de inmigrantes, un proceso que no otorga en ningún caso el derecho a voto. 

Feijóo, Ayuso, Abascal y toda la derecha no hacen más que seguir a pies juntillas el sobradamente conocido manual de la ultraderecha global de sembrar la duda previa. Lo que, en comunicación política, se conoce como la anticipación del relato. Esto es que, meses antes de las elecciones, partidos y medios afines difunden la idea de un supuesto pucherazo o que el gobierno de turno prepara una alteración de los resultados de tal modo que cualquier victoria del adversario o resultado propio que sea adverso queda automáticamente deslegitimado.

Para que la falsa denuncia resulte creíble, la treta suele poner el foco en tres aspectos técnicos: el voto por correo, el censo de residentes extranjeros y las empresas de soporte tecnológico que centralizan los datos de recuento. Del resto ya se encargan los periodistas afines, las redes sociales y los canales de mensajería. Pero, si con todo esta patraña, resulta que los difusores de bulos resultan los ganadores de las elecciones, como pasó por ejemplo en Extremadura, las denuncias se diluyen y aquí paz y, después, gloria. Si, por el contrario, pierden, aunque sea por poco margen, regresaría a sus pantallas la máquina del bulo.

Si lo que busca Feijóo es, en caso de no gobernar en 2027, es un asalto al Congreso, como el que EEUU vivió en el Capitolio, no solo demuestra lo poco que le importan la democracia y la convivencia, sino también lo entrenado que está en violencia política. El “que caiga España, que ya la levantaremos nosotros”, que profirió Cristóbal Montoro en 2011 se va quedará corto en comparación con lo que el gallego parece dispuesto a arrasar de nuestro sistema democrático.

Está a un paso de abrazar el terraplanismo, negar la evidencia científica sobre las vacunas y denunciar una conspiración de Pedro Sánchez para ocultar que la verdadera forma de la Tierra no es geoide. Tiempo al tiempo.

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