Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La agenda de la ultraderecha global secuestra la política española
Las incongruencias en las cuentas de la pareja de Ayuso
Opinión - Agosto madrileño contra Sánchez, por Raquel Marcos
Análisis

Ceuta y Melilla no son enclaves coloniales, sino dispositivos del control migratorio europeo

Cientos de migrantes marroquíes descansan en las calles de Ceuta el pasado lunes.
15 de agosto de 2026 22:37 h

3

La idea de colonialidad de las fronteras alude a la persistencia de jerarquías y relaciones de poder heredadas del colonialismo en la forma en que se trazan, legitiman y gestionan las fronteras contemporáneas. Aunque el colonialismo concluyó formalmente, algunos de sus efectos políticos continúan vigentes. En su libro Imperial Debris: On Ruins and Ruination, la antropóloga Ann Laura Stoler lo define como escombros o ruinas imperiales, en referencia al proceso actual por el que el poder colonial y la violencia continúan configurando el presente.

El derecho internacional y las fronteras son excelentes ejemplos. Las aproximaciones del Tercer Mundo al derecho internacional sostienen que este no es neutral, sino que se desarrolló en un contexto colonial que priorizó la perspectiva y los intereses occidentales. En su obra Imperialism, Sovereignty, and the Making of International Law, el jurista singapurense Anthony Angie explica esto con claridad. Una de las consecuencias es que las fronteras y reivindicaciones territoriales establecidas por las potencias occidentales gozan de una mayor presunción de legalidad, legitimidad, reconocimiento y protección jurídica. En cambio, las reclamaciones territoriales de Estados y pueblos del Tercer Mundo encuentran mayores obstáculos para ser reconocidas. Nada nuevo: una vez más vemos cómo los valores, las normas y las instituciones occidentales se presentan al resto del mundo como si fueran universales.

El único territorio de España como potencia administradora pendiente de descolonizar es el Sáhara Occidental, según la ONU. Ceuta y Melilla nunca han estado incluidas en esa lista. Marruecos intentó, sin éxito, incluir el expediente de Ceuta y Melilla en el Comité Especial de Descolonización para lograr su incorporación a la lista de territorios no autónomos. Por tanto, de acuerdo con la ONU y el derecho internacional, Ceuta y Melilla no pueden considerarse enclaves coloniales

Una de las fuentes básicas sobre descolonización y territorios de soberanía disputada es el listado de Territorios No Autónomos de la ONU. Es la denominación empleada por esta organización para referirse a los territorios pendientes de descolonización. La lista inicial muestra un claro sesgo colonial, ya que fue elaborada unilateralmente por las potencias coloniales: Australia, Bélgica, Dinamarca, Francia, Países Bajos, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos. Los pueblos colonizados no tuvieron entonces ni voz ni voto. Por tanto, el proceso de descolonización de la ONU estuvo totalmente condicionado por las potencias coloniales, quienes decidieron qué territorios de su administración debían considerarse no autónomos. La primera lista, elaborada en 1946, contó con 72 territorios. No se incluyeron entonces las colonias españolas, ya que España no era todavía miembro de la ONU. Finalmente, la lista de 1963 sí incluyó las colonias españolas del Sáhara Occidental, Ifni, Fernando Poo y Rio Muni. Con la creación del Comité Especial de Descolonización en 1961, la condición de territorio no autónomo se acercó más a una determinación de la comunidad internacional organizada en la ONU que a una decisión unilateral de las potencias coloniales.

Actualmente, en el marco de la ONU, el único territorio de España como potencia administradora pendiente de descolonizar es el Sáhara Occidental. En cambio, Ceuta y Melilla nunca han estado incluidas en esa lista. Marruecos intentó, sin éxito, incluir el expediente de Ceuta y Melilla en el Comité Especial de Descolonización para lograr su incorporación a la lista de territorios no autónomos. Por tanto, de acuerdo con la ONU y el derecho internacional, Ceuta y Melilla no pueden considerarse enclaves coloniales.

Conviene hacer dos matices importantes para ampliar la mirada más allá de lo estrictamente jurídico. Primero, la lista de Territorios No Autónomos de la ONU es una construcción jurídica de la descolonización, no una declaración exhaustiva de todos los territorios que podrían ser considerados coloniales desde una perspectiva histórica o política. Sin duda, uno de los factores a incluir en el análisis es la voluntad de la población de Ceuta y Melilla, que mayoritariamente defienden ser parte de España. Segundo, esa construcción jurídica se dio en un contexto de dominación colonial. Como nos enseña la Teoría Crítica, el derecho no es políticamente neutro ni ajeno a las relaciones de poder. Por tanto, desde un enfoque estrictamente descolonial, la ausencia de reconocimiento institucional (ONU) dentro de una categoría jurídica internacional occidentalizada (territorios no autónomos) no agota la discusión académica sobre la colonialidad de un territorio o una frontera.

Ceuta y Melilla fueron presidios, enclaves militares y comerciales y, desde la integración europea, se han convertido en frontera exterior europea en África con la principal función del control migratorio. Es decir, han pasado de ser instrumentos del poder colonial español para cuestiones militares y comerciales a un instrumento europeo del control fronterizo sobre África

Ahora bien, además del derecho internacional, hay otros argumentos para señalar que Ceuta y Melilla no son colonias. Por un lado, nunca formaron parte del protectorado español en Marruecos (1912-1956), sino que mantuvieron siempre su estatus de territorios españoles. Por otro, como indica el jurista Alejandro del Valle Gálvez, en los siglos XVIII y XIX España firmó varios tratados con los sultanes de las entidades políticas que gobernaban el actual territorio marroquí, antes de su creación como Estado moderno en 1956. Esos tratados ratificaban la pertenencia de Ceuta y Melilla a España.

Sin embargo, lo anterior no impide negar una cuestión histórica y política relevante. Por su condición geográfica, desde hace siglos existe una continuidad en las funciones extraterritoriales que Ceuta y Melilla desempeñan para España. El marco de análisis de la continuidad histórica entre el colonialismo y la actual externalización del control migratorio ha sido desarrollado por Martin Lemberg-Pedersen en su artículo Manufacturing displacement. Externalization and postcoloniality in European migration control [La fabricación del desplazamiento. Externalización y postcolonialidad en el control migratorio europeo]. Es aplicable a numerosos territorios. En el caso concreto de Ceuta y Melilla, la investigadora Angela Sagnella señala que son espacios fronterizos cuya función para España se ha ido redefiniendo a través de diferentes procesos históricos: expansión colonial, militarización, comercio mediterráneo, descolonización, integración europea y control migratorio. Fueron presidios, enclaves militares y comerciales y, desde la integración europea, se han convertido en frontera exterior europea en África con la principal función del control migratorio. Es decir, Ceuta y Melilla han pasado de ser instrumentos del poder colonial español para cuestiones militares y comerciales a un instrumento europeo del control fronterizo sobre África.

Más allá del debate jurídico, histórico y político, conviene plantearse en términos prácticos qué son hoy Ceuta y Melilla y qué podrían ser mañana. Ceuta, Melilla y Marruecos viven hoy, en gran medida, de espaldas. Se desaprovechan importantes sinergias económicas, comerciales y sociales. Son muchas las restricciones a la libre circulación de personas y mercancías. Marruecos ha contribuido a esta situación. Mantiene importantes reticencias a intensificar los intercambios comerciales con ambas ciudades y ha limitado progresivamente su actividad económica transfronteriza, en una política que algunos interpretan como una estrategia deliberada de asfixia económica. Pero España también tiene parte de responsabilidad. Por ejemplo, no parece acertado exigir visados a los ciudadanos de Tetuán y Nador, que anteriormente podían acceder a Ceuta y Melilla respectivamente, sin necesidad de visado. Ceuta y Melilla no forman parte del espacio Schengen, por lo que la entrada a estas ciudades no permite la libre circulación por el resto de Europa.

A corto plazo van a seguir persistiendo dos factores muy problemáticos: son las fronteras más desiguales del mundo y existen reclamaciones territoriales antagónicas e irreconciliables. Esto no significa que nada pueda hacerse. Es posible avanzar hacia un modelo de mayor integración económica y libre circulación que permita aprovechar la cooperación económica, comercial y laboral de Ceuta y Melilla con Marruecos. Una intensificación de las actividades transfronterizas generaría oportunidades e integraría económica y socialmente mejor ambas ciudades en su entorno geográfico. Al mismo tiempo, una frontera más permeable y ordenada debería constituir un espacio de mayor seguridad y cooperación, capaz de prevenir tragedias humanitarias y reducir el riesgo de conflictos fronterizos. En esta ecuación es esencial que Marruecos cumpla con un reto mayúsculo: ofrecer un futuro digno a toda una generación dispuesta a abandonar el país por la falta de oportunidades.

Etiquetas
stats