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La huelga de médicos

Concentración de médicos ante el Hospital Clínico de Zaragoza

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La sanidad pública necesita una reforma en profundidad. El sistema no es el adecuado para las necesidades actuales: las listas de espera crecen y no solo para las consultas con especialistas o intervenciones quirúrgicas, la cita con medicina de familia puede demorarse dos semanas y para una radiografía hay que esperar cuarenta días. La financiación es insuficiente, el número de facultativos también —con una clara incapacidad del sistema para formar al número de profesionales necesario— y la organización manifiestamente mejorable. 

En este escenario, es evidente que las condiciones laborales de los médicos —y del resto del personal sanitario— deben mejorar, pero las mejoras laborales tienen que ir ligadas a las reformas estructurales necesarias y eso, dada la descentralización de la gestión sanitaria y la confrontación política existente, va a ser complicado. Claro que siempre hay quien puede pensar que “a rio revuelto…”

El caso es que los sindicatos médicos convocan una nueva huelga en Aragón, y en este caso de dos semanas, una por las reivindicaciones de carácter autonómico —que son, en estos momentos, la mayor cantidad y las que afectan al día a día— y otra por las pendientes de negociar con el Ministerio de Sanidad. Parece que el Comité de Huelga se considera con suficiente fuerza y legitimidad como para doblar la apuesta.

Históricamente, la huelga laboral ha sido un instrumento de presión del personal asalariado, con el objetivo de mejorar sus condiciones sociolaborales. Aunque vaya dirigida contra la patronal, la huelga, en la medida en que disminuye la producción de bienes o servicios, siempre tiene repercusiones negativas sobre ciertos sectores sociales. Los convocantes deben valorar si la importancia y urgencia de lo reivindicado justifica el daño causado a la ciudadanía.

Por supuesto que los médicos tienen perfecto derecho a recurrir a la huelga como instrumento de presión para conseguir sus reivindicaciones —y los pacientes debemos entender que vamos a sufrir retrasos e incomodidades—, pero creo que en este caso están yendo más allá de lo aceptable. Se están pasando tanto en algunas de sus reivindicaciones como en la contundencia de las movilizaciones.

A lo largo de meses de negociaciones el Ministerio de Sanidad ha ido aceptando propuestas de las organizaciones convocantes, lo que ha permitido llegar a un acuerdo con el Foro de la Profesión Médica, al que pertenece la Confederación Española de Sindicatos Médicos. El acuerdo incluye elementos relativos a participación profesional, clasificación y reconocimiento de la penosidad, que se integrarán en el proyecto de ley del Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud. También establece un complemento adicional, vinculado a la nocturnidad, en las jornadas de guardia y se compromete a realizar un estudio sobre la aplicación de la jubilación anticipada en determinados casos.

Seguro que lo acordado entre Sanidad y el Foro no satisface el 100% de las reivindicaciones de los sindicatos convocantes, y mucho menos resuelve los problemas del Sistema Sanitario —para esto hace falta más tiempo y mucha más voluntad de acuerdo— pero está claro el compromiso del Ministerio —cada Comunidad Autónoma tiene su propio proceso— con avanzar en los acuerdos. La actitud del equipo de Mónica García no merece la convocatoria de una semana al mes de huelga, de no ser que las reivindicaciones pendientes sean las que realmente motivaron las movilizaciones. 

Sin duda, el caballo de batalla de los sindicatos médicos está en el empeño de separarse del resto del personal sanitario, pretenden un estatuto propio y una mesa de negociación exclusiva, ambas reclamaciones difíciles de justificar —excepto desde posiciones clasistas— y de aceptar. No sé qué pretenden incluir en un estatuto propio, la singularidad y responsabilidad de la labor médica cabe perfectamente en uno general. El Estatuto de los Trabajadores es común a peones e ingenieros sin que ningún colectivo tenga problemas de reconocimiento de su singularidad. Además, ¿tienen la misma singularidad y responsabilidad quienes se dedican a la dermatolodía, a la medicina de familia o trabajan en las UVIs? La segmentación puede no tener fin.

Más problemático todavía me parece la exigencia de una mesa de negociación propia. ¿Se puede organizar el funcionamiento de un hospital o centro de salud negociando las condiciones laborales por partes, colectivo a colectivo? ¿El resto del personal debe amoldarse a lo acordado con los sindicatos médicos?

Otra de sus reivindicaciones es la voluntariedad de las guardias. Supongo que también les parecerá bien que sean voluntarias en el resto de servicios esenciales: bomberos, mantenimiento de infraestructuras eléctricas, ferroviarias, de comunicación… Eso sí, si fuesen voluntarias se regirían por la ley de la oferta y la demanda: el precio de la guardia tendría que ser suficientemente atractivo como para que el número de voluntarios cubriese las necesidades del servicio en cada momento.

También reclaman una jubilación anticipada: la aplicación de coeficientes reductores que compensen el desgaste físico y mental producido por las guardias nocturnas. Supongo que quienes piden estos coeficientes reductores no serán los que pretenden compaginar su trabajo en la sanidad pública con la privada. ¿O no supone desgaste físico y mental el trabajo en la privada? 

Quienes convocan huelgas en servicios públicos tienen claro que se tienen que ganar, al menos, la neutralidad de la ciudadanía, por eso, algunos mensajes de los convocantes hacen hincapié en que se atenderá lo urgente y en que el éxito de su movilización será beneficioso para los pacientes. No tengo ninguna duda de que la mejora de las condiciones de trabajo del personal sanitario nos beneficia a todos, pero también estoy convencido de que este no ha sido, ni es, un factor que haya tenido en cuenta el Comité de Huelga. Si no, no se hubiese negado a la mediación de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes, propuesta por las CCAA, por considerarla parte afectada.

Las organizaciones médicas han perdido una excelente oportunidad de, junto al resto de sanitarios y organizaciones de pacientes, presentar un diseño de mejora del Sistema Sanitario que resultase beneficioso para trabajadores y usuarios, para el conjunto de la ciudadanía. El personal sanitario se ganó un merecido reconocimiento por su trabajo en la pandemia, pero este reconocimiento hay que revalidarlo día a día y el camino emprendido por el Comité de Huelga, lejos de mantenerlo lo está dilapidando rápidamente.

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