Contaminación
Me manda X un whatsapp y me dice que –antes de sentarse a escribir un artículo– va a ponerse a leer a un autor al que admira.
Pongo lo de la equis porque siempre me ha gustado mucho encontrar eso en los diarios de autores a los que también admiro. Aunque normalmente lo usan cuando van a hablar mal de alguien. No sería el caso. X es un gran amigo mío. Pero la equis es también por poner un poco de misterio, qué queréis que os diga. Que, si no, aparecen por aquí desfilando siempre las mismas personas y al final se les sube a la cabeza. Tampoco pongo el nombre del escritor. Valga decir que fue un articulista muy leído en este país hace no tanto y al que hoy, sin embargo, me parece que solo leen, precisamente, un par de amigos míos. Y mucho menos voy a poner el nombre del medio en el que saldrá ese artículo. La competencia, que se pague ella la publicidad.
En fin, a lo que iba. Que X lee esos textos para contaminarse. Algunas veces he escuchado decir a ciertos escritores que –antes de ponerse cada mañana con su novela– leen unas páginas de Proust o de Cervantes, qué sé yo. Imagino que para que sus espíritus tomen sus cuerpos. Sus manos al teclear o algo así. Sobra decir que la cosa no suele salir bien.
En otras ocasiones, sin embargo, he escuchado justamente la historia contraria. La de autores que, mientras están trabajando en un proyecto, procuran no leer nada de otros. Para no contaminarse. En este caso, por desgracia, el experimento sí que suele salir bien.
Cuando somos muy jóvenes y escribimos nuestros primeros versos sonroja encontrar una mala copia de los modelos a los que –incluso inconscientemente– deseamos imitar. Crecer como escritor es encontrar eso que llaman ‘una voz’. Algo que identifica y que no es posible crear en un laboratorio.
Pero se equivocan quienes creen que esa voz es solo suya. Quienes imaginan que pueden salir a la calle sin respirar todas las contaminaciones. Al contrario de lo que ocurre con los humos de los coches, estos gases nos dan la vida. Nos dan la voz.
Aprende más –qué duda cabe– esa gente que vuelve de tres días en Francia con dificultades para pronunciar las erres que quienes pasan una semana de encierro en un resort.
0