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Después del 8-F

Reparto de escaños 8F Aragón

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Las elecciones autonómicas en Aragón han confirmado la tendencia política que tanto las encuestas como las elecciones en Extremadura venían anunciando: una derecha en auge, fundamentalmente por el crecimiento de Vox, y una izquierda en retroceso, especialmente por la bajada del PSOE. Una de las causas del resultado es, sin duda, que la demonización de Pedro Sánchez ha calado en buena parte de la sociedad, el voto de castigo al Gobierno de España ha sido monumental. Solo así se explica el incremento espectacular de Vox, de cuyas intenciones poco se conoce —excepto la intención de hacernos retroceder socialmente un siglo y su oposición a la inmigración— y cuyo dirigente nacional, Santiago Abascal, parece el candidato de todas las Comunidades Autónomas, o los casi 18.000 votos de SALF, inexistente en Aragón.

Tanto en el PP como en la izquierda alternativa son conscientes de que la estrategia seguida hasta ahora no está dando los resultados deseados. Los populares, después de la confrontación en Extremadura, han ensayado en Aragón la táctica de aproximación a Vox. Jorge Azcón —que, siguiendo las directrices de Feijoó, adelantó las elecciones con el objetivo de debilitar al presidente Sánchez— recurrió a Ayuso, el exponente más claro de la extrema derecha en el PP y, para acabar la fiesta, invito a Los Meconios, que amenazan con repetir el golpe militar del 36, y a Vito Quiles, antiguo colaborador de Alvise y acosador de personas de izquierda: toda una declaración de intenciones. Con todo, los populares perdieron dos diputados y Vox duplicó su presencia.

Está claro que ni demonizando a Sánchez, ni confrontando con Vox, ni imitándolo, el PP consigue frenar a Abascal. Feijoó no ve posible gobernar sin el apoyo de la extrema derecha, lo que implica que hay que cambiar el relato, lo importante es gobernar, como sea y con quien sea. ¿Por qué no va a poder pactar el PP con Vox, el tercer partido del parlamento? —¿quizás porque es un partido neofascista?—. Total, como dice Ester Muñoz, portavoz en el Congreso de los populares “PP y Vox tienen que entenderse, entre hermanos se puede discrepar y discutir, pero se sigue siendo hermanos”. 

Lo malo es que no todos en el partido entienden los cambios de sentido introducidos por Génova, esos giros de guión tan bruscos pueden romper las articulaciones políticas de dirigentes de CCAA. Es lo que le ha sucedido a María Guardiola, la líder “moderada” de Extremadura, que ha pasado, elecciones autonómicas mediante, del “no puedo dejar entrar en el Gobierno a quienes niegan la violencia machista, a quienes deshumanizan a los inmigrantes …” tras las elecciones de 2023, a “el feminismo que defiendo, estoy convencida de que es el feminismo que defiende Vox”.

Las tendencias electorales también preocupan en la izquierda, la semana pasada hubo dos actos cuyos protagonistas mostraron su preocupación por el ascenso de Vox —yo incluiría la preocupación por la creciente derechización del PP— y los déficits que tienen las izquierdas alternativas. 

Gabriel Rufian, con buen olfato político, hizo hincapié en una demanda de la ciudadanía progresista: la necesidad de la unidad electoral. Aunque sus propuestas, insuficientemente elaboradas, no suscitaron mucho entusiasmo en las direcciones de los partidos políticos interpelados, pusieron sobre la mesa uno de los problemas de nuestro sistema electoral: no es suficientemente proporcional y, en la mayoría de las provincias, las opciones minoritarias tienen muy difícil conseguir escaños. 

Pero la unidad electoral no es el remedio a todos los males de la izquierda alternativa; en la actualidad, la suma de votos de todas las izquierdas es inferior a la de las derechas y esto, aunque mejorase la representatividad, no se resuelve yendo en una sola lista. Además, no es cierto que sean los personalismos los que impiden la unidad, ni, como dice Rufian, que haya 14 partidos diciendo lo mismo. Prescindiendo de las cuestiones territoriales, los partidos de izquierdas pueden estar de acuerdo con los grandes objetivos estratégicos —en el caso que plantea Rufián, en la confrontación con el fascismo— pero no en las formas (prioridades, ritmos, discursos…) y existen culturas políticas y organizativas que pueden dificultar los acuerdos.

La propuesta del diputado de ERC, aunque después fue matizada, de que fuese la organización con mayores posibilidades —mejores resultados— la referencia de la izquierda en cada provincia nos lleva a un sistema mayoritario, en el que más tiene se queda con todo. La unidad no puede partir de esas bases, todos los partidos se tienen que ver beneficiados, requiere más generosidad. Aunque tampoco todos entendemos lo mismo por generosidad, CHA pide generosidad a las izquierdas… para hacer una lista única liderada por su organización. Emilio Delgado se centró en la necesidad de atraer a una mayoría social que permita cambiar la correlación de fuerzas. A veces, en demasiadas ocasiones en mi opinión, la izquierda parece dirigirse a personas suficientemente feministas, ecologistas, defensoras de la diversidad, de los animales, solidarias… Cuando escucho criticar a la gente normal que vota a la derecha –“no hay nadie más tonto que un obrero de derechas”—, o se menosprecia a quienes tienen dudas o un conocimiento y preocupación escasos por las cuestiones políticas, me doy cuenta del camino que nos queda por recorrer. 

El acto de la coalición Sumar del día 21 fue un mitin conjunto de Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y Comunes, pero un mitin con importante compromiso político de futuro. Es verdad que no se dijo cuál iba a ser el nombre de la nueva plataforma política ni quien la iba a dirigir —ya sabemos que Yolanda Díaz se descarta, Yolanda ha sido una excelente ministra de Trabajo , vaya desde aquí mi respeto y agradecimiento por el trabajo realizado y mi deseo de que podamos seguir contando con su compromiso político en el futuro— pero eso ahora no es prioritario, lo esencial es el compromiso de continuar, sobre unas nuevas bases acordadas, el proceso de colaboración de las organizaciones presentes y la invitación a que se sumen otras nuevas.

Con todo, la revitalización de la izquierda no va a ser tarea sencilla. No basta con encontrar fórmulas que mejoren el resultado electoral, es necesario un proyecto estratégico ilusionante, con la mirada puesta en el horizonte, pero con el sentido común de adecuar la estrategia a las condiciones concretas, de dar los pasos que las distintas coyunturas aconsejen; un proyecto que tenga en cuenta que los problemas complejos no suelen tener soluciones sencillas y que los fenómenos sociales son multicausales. Una propuesta dirigida a la mayoría social, que necesariamente será plural, con contradicciones y conflictos que será necesario entender y resolver buscando equilibrios entre los intereses individuales y los colectivos… Y a la que nos tenemos que acercar con humildad, con la voluntad de aprender, de entender los problemas de la gente y las razones por las que actúan como lo hacen. Una tarea difícil, pero si nos limitamos a “predicar” nuestra verdad, seremos predicadores, no políticos capaces de transformar la sociedad.

También es necesario impulsar la participación de la militancia —y de las organizaciones sociales— en la elaboración del proyecto, aumentar la autonomía y la implantación territorial, mejorar la comunicación y la democracia interna. Y tener presente, como dice Lara Hernández, “la urgencia de la reconciliación con nosotros mismos y con nuestra gente”.

Todas las organizaciones, todas las personas de izquierdas debemos sentirnos interpelados a participar en ese proyecto ambicioso. Aunque en palabras de Labordeta “también sea posible que esa hermosa mañana no la lleguemos a ver, pero habrá que forzarla para que pueda ser” 

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