Una especialista en salud de la mujer explica cómo las hormonas tiroideas pueden influir en la fertilidad

Las alteraciones en la producción de la hormona afectan a la maduración de los folículos ováricos.

Paloma Martínez Varela

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El camino hacia el embarazo puede estar lleno de preguntas y falta de información, porque el foco suele estar en los órganos reproductores y se habla mucho menos de todo lo que orbita alrededor pero cuyo buen funcionamiento también es importante. Es el caso de la glándula tiroides, situada en el cuello y de tamaño pequeño, su influencia alcanza los ovarios y dicta en gran medida el ritmo de la fertilidad femenina. 

“A pesar de que asociamos a las llamadas hormonas sexuales como las principales reguladoras del ciclo menstrual y, por tanto, la ovulación, la realidad es que también intervienen las hormonas tiroideas porque interfieren en la regulación del eje hipotálamo‑hipófisis‑ovario”, explica Xusa Sanz, enfermera, nutricionista y actualmente doctoranda en medicina, especializada en salud de la mujer. 

Tanto si la glándula funciona a ritmo lento, hipotiroidismo, como si lo hace a ritmo rápido, hipertiroidismo, puede haber consecuencias en la fertilidad. Las alteraciones en la producción de la hormona afectan a la maduración de los folículos ováricos, como advierte la especialista: “Se puede traducir en ciclos irregulares o ciclos anovulatorios, sin ovulación, que a su vez pueden manifestarse con sangrados escasos, abundantes, intermenstruales o incluso ausencia de menstruación”.

“Cuando decimos que el ciclo menstrual es un signo de salud, nos referimos a que sus alteraciones nos pueden estar indicando que existe un problema en el equilibrio de una gran cantidad de hormonas, entre ellas las tiroideas”, señala Sanz, que añade que un cambio en el patrón menstrual “puede ser una primera señal de alerta” para una mujer que busca el embarazo.

Los síntomas pueden ser sutiles o fácilmente confundibles con signos del estrés diario, pero además de cambios menstruales, la experta apunta a otras señales como la fatiga, las fluctuaciones de peso no justificadas, las palpitaciones, la sensación continua de frío y calor, la sequedad de la piel o la caída del cabello. “La confirmación diagnóstica suele depender de una analítica de sangre donde se valoren los niveles de las hormonas tiroideas como TSH, T4 libre y, en algunos casos, anticuerpos antitiroideos”, apunta Sanz. 

Más allá de la fecundidad, la especialista aclara que en el primer trimestre de embarazo “la demanda de hormonas tiroideas aumenta porque deben cubrir las necesidades metabólicas de la madre y contribuir al desarrollo del feto, sobre todo del sistema nervioso central”. Por eso, Sanz insiste en que un hipotirodismo no tratado “se asocia a un mayor riesgo de aborto, hipertensión gestacional y preeclampsia, anemia materna, parto pretérmino, bajo peso al nacer y posibles repercusiones en el neurodesarrollo infantil”.

En cuanto al hipertiroidismo no controlado, la experta informa que “se han descrito complicaciones maternas, alteraciones cardiovasculares, crisis tirotóxicas, y fetales, como la restricción del crecimiento o el parto prematuro, cuando la enfermedad no está estabilizada”. Los motivos para evaluar la función tiroidea antes de lanzarse a la maternidad son claros. “Los trastornos de la glándula tiroides se consideran una causa de subfertilidad y un factor de riesgo de pérdida gestacional temprana”, asegura Sanz, que destaca que esta evaluación suele realizarse de manera sistemática.

A pesar de todos los riesgos mencionados es importante subrayar que la evidencia científica muestra que una vez que se ha conseguido corregir la alteración, las posibilidades de éxito aumentan drásticamente. “La buena noticia es que cuando se diagnostica y se corrige la alteración tiroidea, lo habitual es que el ciclo menstrual se estabilice y la capacidad reproductiva se recupere o, al menos, mejore de forma significativa”, incide la especialista.

De todos modos, la fertilidad es multifactorial, recuerda Sanz, y que hay más elementos en juego, como la reserva ovárica, el ahora llamado Síndrome de Ovario Pluriendocrino Metabólico o factores masculinos, que pueden exigir un abordaje integral. “Aun así, la corrección de la alteración tiroidea suele ser un paso imprescindible para optimizar las posibilidades de embarazo y la evolución de la gestación”, concluye.

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