Cómo limpiar las correas de las persianas para eliminar la suciedad incrustada y dejarlas como nuevas

Cinta de una persiana.

Edu Molina

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Las persianas son uno de los elementos de la vivienda que se utilizan varias veces al día, aunque no todas sus partes suelen incluirse en la limpieza habitual. La cinta que permite subirlas y bajarlas muchas veces queda en segundo plano frente a los cristales, los marcos o las propias lamas. Sin embargo, el contacto continuo con las manos hace que sobre su superficie se acumulen polvo, grasa y otros restos. Con el paso del tiempo, esa mezcla puede modificar el color del tejido y dejar zonas oscuras que resultan más difíciles de eliminar si pasan meses sin limpiarse.

El lugar donde se encuentra la ventana también puede influir en la rapidez con la que aparece la suciedad. Una correa situada cerca de la cocina está más expuesta a la grasa y los vapores, mientras que mantener la ventana abierta con frecuencia facilita la entrada de partículas del exterior, humedad o polvo ambiental. La mayoría de las manchas suele concentrarse en la zona que se agarra para accionar el mecanismo, aunque la parte posterior también puede acumular restos y quedar sin limpiar si solo se presta atención a la cara visible.

Antes de empezar, conviene comprobar el estado de la cinta. Una correa ennegrecida puede necesitar únicamente una limpieza, pero si presenta hilos sueltos, zonas muy desgastadas o dificultades al recogerse, el problema ya no es solo superficial. En estos casos, frotar con demasiada fuerza puede empeorar el estado de un material que ya está deteriorado. La limpieza permite retirar la suciedad acumulada, pero no reparar una pieza que ha perdido resistencia o un recogedor que empieza a presentar fallos.

Si la correa está en buen estado, no es necesario desmontar el sistema para limpiarla. Basta con utilizar productos habituales en casa y trabajar con cuidado para no empapar el tejido ni someterlo a un rozamiento excesivo, especialmente cuando lleva muchos años instalado. También conviene atender a las dos caras de la cinta y no únicamente a la parte visible. Revisarla de vez en cuando permite actuar antes de que la grasa y el polvo formen una capa más difícil de eliminar. Incluir esta zona en la limpieza de las ventanas también evita que pase desapercibida durante largos periodos.

Cómo limpiar las correas de las persianas

El primer paso es bajar la persiana por completo para que la cinta quede más estable mientras se limpia. Puede sujetarse con una mano, inmovilizarse con una pinza o apoyarse con cuidado sobre el marco de la ventana para mantenerla tensa. Si la correa sale directamente de la pared o está junto a una superficie que pueda mancharse, colocar un paño detrás ayuda a evitar que el agua, el jabón y la suciedad desprendida dejen marcas alrededor. A partir de ahí, conviene limpiar toda la longitud accesible y no centrarse únicamente en la parte más oscura.

Cuando las manchas no están demasiado incrustadas, puede utilizarse agua tibia con una pequeña cantidad de jabón neutro o lavavajillas. Basta con humedecer ligeramente un paño, una esponja o un estropajo y pasarlo por el tejido de arriba abajo. Conviene evitar que la cinta quede empapada. Si hay puntos más resistentes, un cepillo pequeño de cerdas suaves o un cepillo de dientes usado permite trabajar sobre ellos de forma más precisa sin concentrar demasiada presión en una zona amplia. El proceso debe repetirse tanto en la parte delantera como en la trasera, donde también pueden acumularse restos aunque sean menos visibles.

Si la suciedad está muy adherida, puede aplicarse un producto quitagrasas sobre la correa y dejarlo actuar durante unos cinco minutos. Después se frota con una esponja o un estropajo humedecido en agua con jabón, recorriendo el tejido de arriba abajo y limpiando también la cara posterior. No es necesario ejercer toda la fuerza posible, sino repetir el movimiento hasta que las manchas se vayan desprendiendo. En cintas antiguas o con señales de desgaste es mejor tener especial cuidado para no dañar unas fibras que pueden haberse debilitado con el uso.

Una vez eliminada la suciedad, hay que retirar los restos de jabón y del producto utilizado. Para ello puede pasarse una bayeta limpia y húmeda por toda la superficie. Después se seca con otro paño y se deja que la cinta pierda la humedad que pueda quedar antes de volver a utilizar la persiana con normalidad. Es importante evitar que permanezca mojada, ya que el agua puede llegar al interior del recogedor y afectar a sus piezas metálicas. Tampoco conviene utilizar lejía, productos abrasivos o detergentes muy concentrados, porque pueden modificar el color o debilitar el tejido.

La frecuencia no tiene por qué ser la misma en todas las viviendas. Las recomendaciones varían desde hacerlo cada dos meses hasta un mínimo de dos veces al año, por lo que no existe una periodicidad única válida para todos los casos. El uso diario, la cantidad de polvo, la proximidad de una cocina o la exposición al exterior pueden hacer que unas cintas se ensucien más rápido que otras. En lugar de esperar a que estén completamente negras, resulta más práctico revisar su aspecto y actuar cuando empiecen a aparecer manchas visibles o una capa que ya no desaparece con una pasada rápida.

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