El espacio debilita los huesos de los astronautas: un estudio detecta consecuencias años después de regresar a la Tierra

Los astronautas de la NASA Jack Hathaway y Anil Menon en la Estación Espacial Internacional

Àlex Gonzàlez

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Viajar al espacio transforma el cuerpo humano y algunos de sus efectos incluso podrían continuar mucho después de regresar a la Tierra. Una nueva investigación ha encontrado que los astronautas que han estado más de 90 días en el espacio tienen una mayor tasa de fracturas de cadera después de volver que aquellos que participaron en misiones más cortas. Ahora, estos resultados obtenidos ponen el foco en las consecuencias que la microgravedad puede tener para el esqueleto humano a largo plazo.

El estudio, publicado en la revista científica Mayo Clinic Proceedings, analizó las fracturas registradas entre astronautas estadounidenses. Los investigadores no encontraron un mayor volumen de fracturas en general, pero sí observaron diferencias cuando se trataba de la cadera: aumentaba después de los vuelos espaciales considerados de larga duración (aquellos superiores a los 90 días).

El dato resulta especialmente relevante porque estas fracturas aparecieron a edades más tempranas de lo esperado en personas que nunca han viajado al espacio. La tasa también resultó superior a la registrada antes de una misión prolongada o entre astronautas sin exposición a vuelos espaciales, lo que proporciona nuevas pistas sobre las posibles consecuencias de permanecer durante meses en condiciones de microgravedad.

¿Qué ocurre con los huesos en el espacio?

La pérdida de masa ósea y muscular durante los vuelos espaciales es un fenómeno conocido. En la Tierra, los huesos están sometidos continuamente a las cargas generadas por la gravedad y por actividades tan habituales como caminar o permanecer de pie. En microgravedad, buena parte de esa carga desaparece y el organismo se adapta a unas condiciones en las que el esqueleto necesita soportar mucho menos peso.

El problema puede aparecer cuando el astronauta vuelve a casa. Jean D. Sibonga, del Centro Espacial Johnson de la NASA, advierte de que las personas no perciben directamente los efectos de la pérdida ósea. Un astronauta puede sentirse estable y aparentemente recuperado y comenzar de nuevo a realizar actividades físicamente exigentes, aunque sus huesos todavía no hayan recuperado completamente las condiciones que tenían antes de abandonar la Tierra.

Precisamente por eso, los autores del estudio consideran que es necesario mejorar el seguimiento del esqueleto después de las misiones. La NASA ha comenzado recientemente a solicitar tomografías computarizadas cuantitativas antes y después de los vuelos espaciales, unas pruebas capaces de proporcionar información más detallada sobre diferentes zonas de los huesos y determinar mejor si la recuperación ha sido completa.

NASA

Un problema para las futuras misiones espaciales

Una de las principales dificultades para estudiar estas consecuencias es el reducido número de personas que han viajado al espacio. “Si bien los datos disponibles hasta la fecha sobre la pérdida ósea asociada a los vuelos espaciales son consistentes, una limitación importante es la precisión, ya que el tamaño de las muestras de astronautas es pequeño y los vuelos espaciales son poco frecuentes”, explica Matthew T. Drake, del Hospital for Special Surgery de Nueva York.

Para intentar superar esta limitación, los investigadores recopilaron las fracturas comunicadas por astronautas estadounidenses durante sus controles clínicos y analizaron posteriormente la información mediante modelos probabilísticos bayesianos. Los resultados permiten relacionar la duración de las misiones con las consecuencias observadas posteriormente, aunque las características tan particulares de la muestra obligan a seguir investigando.

“El hallazgo de fracturas de cadera a una edad más temprana de lo esperado tras vuelos espaciales de larga duración constituye una evidencia clínica de que la pérdida ósea inducida por los vuelos espaciales puede provocar consecuencias reales a largo plazo”, señala Moshe Gertzulin, especialista del Hospital for Special Surgery y coautor de un editorial que acompaña al estudio.

La cuestión cobra todavía más importancia ante el futuro de la exploración espacial. La NASA prepara misiones que implicarán permanencias superiores a seis meses fuera de la Tierra, mientras desarrolla nuevas capacidades para establecer una presencia sostenible en la Luna y preparar futuros viajes a Marte. Los investigadores plantean por ello reforzar las medidas preventivas y estudiar qué combinación de ejercicio, alimentación o tratamientos puede ayudar a conservar mejor la salud ósea antes, durante y después de abandonar el planeta.

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