Por qué no debes pasar tu protector solar a otro bote cuando viajas: “Están formulados para el envase que llevan”
Los estuches con pequeños botes transparentes rellenables son ya un clásico de las vacaciones, especialmente para quienes viajan en avión y no pueden pasarse de los 100 ml de seguridad estipulados. Pero ese traspaso tan cotidiano es en realidad un riesgo importante cuando se trata de protector solar.
“Los filtros solares están formulados específicamente para el envase al que van dirigidos”, afirma la farmacéutica especialista en medicina estética Mar Conesa. La eficacia de estos productos, explica la experta a elDiario.es, no reside únicamente en su composición, también influye su sistema de dosificación y el material de su envase original, que garantizan que el Factor de Protección Solar (SPF) prometido sea real. Además, existe riesgo de contaminación del producto con el cambio de recipiente si no está bien lavado o guarda humedad, lo que facilita la proliferación de microorganismos.
“Al final es un producto cosmético que todos los ensayos y pruebas a las que se ha sometido han sido hechas sobre un envase y una forma de dosificar concreta”, señala Conesa, lo que diferencia los protectores solares de una crema hidratante convencional. Tanto la boquilla como el difusor o el sistema airless están calculados para entregar la cantidad exacta de producto, según la farmacéutica: “Si tú cambias la forma de aplicar, estás cambiando la fórmula, y entonces se ve afectado el nivel de protección”.
El riesgo aumenta dependiendo del tipo de protector solar utilizado. En el caso de los filtros químicos, los más comunes en cosmética, “en cuanto los sacas del bote, con la luz se degradan, además si entra en contacto con los dedos o el aire también se acelera la degradación del ingrediente activo”, advierte la especialista, que indica que esa es la razón de que se vendan en envases opacos.
Por su lado, los llamados filtros físicos o minerales, más utilizados por los niños o personas con melasma, tampoco son inmunes a pesar de sí ser fotoestables. “Cuando hablamos de los minerales, el óxido de zinc, el dióxido de titanio... estas partículas son sólidas y no se disuelven, pero para eso tienen que estar en el envase para el que han sido formuladas y tampoco se puede cambiar la manera de aplicarlas, porque si las mueves pierden la dispersión homogénea, es decir, el recipiente no logra agrupar esas partículas en las condiciones para las que se han formulado”, aclara Conesa.
“Es un fallo superinvisible, solo al aplicarlo sobre la piel se puede determinar si protege o no, es decir, si te quemas o no”, destaca la farmacéutica, que pide extremar las precauciones, especialmente con niños o población sensible, ya que a simple vista no hay forma de saber si un protector solar se ha deteriorado. Al desechar el envoltorio original, también “se pierde el número de lote, por si te da una reacción alérgica, y la fecha de caducidad”, añade.
La advertencia de Conesa es extensible a otros productos cosméticos: ni los antioxidantes, como la vitamina C, ni el retinol o el retinal, se deben mover del frasco original, “porque son moléculas que se oxidan rápidamente al contacto con la luz y el aire, así que es tirar el tiempo y el dinero”.
Otros productos como limpiadores, sérums hidratantes, cremas de función barrera o lociones sí permiten el cambio de envase, asegura la farmacéutica, siempre que no se cambie el formato de administración, “es decir, no puedo poner una loción en formato aerosol”, ejemplifica.
La recomendación de Conesa para quienes quieran viajar ligeros sin comprometer la salud de la piel es “optar por tallas mini, muestras de farmacia o formatos de barra sólidos”.
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