Miguel Sánchez Viera, dermatólogo: “Gran parte del daño solar se produce en actividades diarias que pasan desapercibidas”
Solemos pensar que la crema solar solo es necesaria si vamos a la playa para evitar quemaduras. Pero para nuestra piel, el verano trae también una labor adicional. Los rayos del sol afectan a nuestra piel a diario, aunque no vayamos a la playa: de camino al trabajo, durante el almuerzo en una terraza, en el coche, cerca de una ventana e, incluso, en días nublados.
La protección solar diaria es uno de los pasos más importantes en el cuidado de la piel si queremos mantenerla sana, es una medida esencial para proteger la piel del envejecimiento prematuro, el daño solar e incluso de riesgos graves para la salud como el cáncer de piel, uno de los más frecuentes a nivel mundial. Nuestra piel está expuesta al sol mucho más de lo que creemos.
Piel y sol, el riesgo que se acumula
La piel posee una memoria prodigiosa y almacena los efectos de la exposición a los rayos UV durante años e incluso décadas. Tras repetidas exposiciones al sol, empiezan a producirse cambios celulares subyacentes. Y, aunque al final del verano el bronceado desaparece, el daño más profundo, como la degradación del colágeno y las mutaciones del ADN en las células de la piel, permanece latente y listo para manifestarse como envejecimiento prematuro o, en casos más graves, cáncer de piel. Se calcula que cada año la radiación ultravioleta causa más de 1,5 millones de casos de cáncer de piel.
Como afirma el doctor Miguel Sánchez Viera, director del Instituto de Dermatología Integral (IDEI), “muchas veces el cáncer que diagnosticamos hoy es consecuencia de exposiciones solares que comenzaron décadas atrás”.
Y es que la radiación solar que llega a nuestra piel lo hace de dos formas distintas. Los rayos UVB son los que causan enrojecimiento y quemaduras solares, y su actividad es especialmente alta en verano. Los rayos UVA son más insidiosos, no siempre provocan una reacción visible inmediata, pero esto no significa que no penetren profundamente en la piel. Además, tienen capacidad para “atravesar” las nubes y el cristal de las ventanas.
Radiación ultravioleta, más allá de la playa
La playa no es el único lugar donde podemos sufrir daños por el sol. En cualquier sitio donde estemos expuestos a niveles de radiación UV necesitamos protección porque la exposición excesiva al sol no solo ocurre cuando intentamos broncearnos deliberadamente. En un entorno con alta radiación UV, como en España durante el verano, podemos estar expuestos a niveles altos de radiación ultravioleta durante cualquier actividad cotidiana, como trabajar al aire libre, pasear al perro, tomar algo en una terraza o practicar deporte al aire libre.
Lo advierte la Asociación Española contra el Cáncer, según la cual en el día a día estamos expuestos con frecuencia al sol sin apenas notarlo. Como las personas que, por trabajo o hábitos lúdicos o deportivos, pasan muchas horas de actividades al aire libre. Por tanto, deben cuidarse de forma especial.
Y este es uno de los grandes errores que cometemos: pensar que “solo existe riesgo cuando vamos a la playa o cuando nos quemamos: el daño solar se acumula durante toda la vida y gran parte de él se produce en actividades diarias que pasan desapercibidas”, advierte Sánchez Viera, que afirma que, si bien solemos asociar la crema solar con el bañador, “la piel recibe radiación exactamente igual cuando paseamos por una ciudad, hacemos deporte o pasamos varias horas sentados en una terraza”.
Son especialmente vulnerables las personas que trabajan al aire libre, como jardineros, albañiles o socorristas, que son el colectivo con más exposición acumulada a la radiación solar. Porque, además de la intensidad del sol, el tiempo acumulado es otro factor determinante a la hora de hablar de riesgo de sufrir cáncer de piel.
No se escapan de este riesgo los conductores, que reciben también radiación UVB, aunque el parabrisas puede bloquear gran parte, permite que pase una cantidad importante de radiación UVA, relacionada con el fotoenvejecimiento y el daño acumulativo del ADN celular. De ahí que en este colectivo se observe mayor envejecimiento cutáneo y más incidencia de lesiones precancerosas en el lado del cuerpo que queda más expuesto.
De acuerdo con este estudio publicado en el Journal of the American Academy of Dermatology, el 74% de los melanomas malignos en hombres se producen en el lado izquierdo del cuerpo, el lado expuesto a la luz solar al conducir. Y es que el cristal de las ventanas laterales aumentaría más el riesgo: el parabrisas delantero bloquearía un promedio del 95& de los rayos UV, lo que equivaldría a un FPS de 30. Las ventanillas laterales, en cambio, bloquearían solo el 71%, según este otro estudio.
Cómo pasar un verano más seguro para nuestra piel
Con todo lo anterior, parece lógico pensar que la crema solar no es un capricho de temporada ni un producto exclusivo para las vacaciones y la playa. Es un cuidado diario para la salud de nuestra piel. Y este cuidado incluye aplicar protector solar de amplio espectro todos los días en las zonas más expuestas como el rostro, el cuello y las manos. Es necesario, además, que reapliquemos el fotoprotector cada dos horas, si sudamos mucho o permanecemos varias horas al aire libre.
Todo ello sin obviar la importancia de usar protección física, como ropa con tejidos densos o gafas de sol homologadas y sombreros o gorras, así como huir de los rayos directos y buscar lugares con sombra siempre que sea posible.
Pero la protección solar es solo una parte de la historia. El cuidado de la piel y la prevención de futuros problemas incluyen también revisiones dermatológicas periódicas, sobre todo si hay antecedentes familiares, si alguien tiene la piel clara o un elevado número de lunares. Los chequeos regulares de la piel son muy importantes.
“Debemos dejar de pensar en la protección solar como algo exclusivo de las vacaciones. La verdadera prevención se construye con pequeños hábitos diarios que mantenemos durante toda la vida”, concluye el doctor Sánchez.
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