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El posado del rey con Negre: una puñalada para el periodismo

El rey Felipe VI de España, durante la ceremonia de investidura de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia.
12 de agosto de 2026 19:12 h

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Javier Negre ya no es aquel reportero al que se le encargaban los trabajos que nadie quería o se atrevía a hacer, esos que rozaban o traspasaban los códigos básicos del periodismo. Por ejemplo, subir a casa de una víctima de violencia de género haciéndose pasar por un amigo ante los padres y escribir mensajes “rayando la coacción” (motivo por el cual fue condenado él y El Mundo en 2019).

Como se autodefine, es un “empresario” de medios que incluso ha “puesto en riesgo su vida” para defender a las sociedades y políticos de ultraderecha frente a los “narcopresidentes” y el “comunismo”. Algunos de sus admirados están ganando gobiernos en América Latina, de Milei a De la Espriella, en cuya toma de posesión Negre se hizo una foto con el rey (y viceversa, que es lo preocupante).

Mientras se dedica a las relaciones públicas y a favorecer con sus publicaciones y webs sin ningún recato opciones políticas concretas (actividad encuadrada en el marketing político, no en el periodismo), en España mantiene EDATV, una web que envía a Vito Quiles a violentar a políticos y periodistas (nunca del PP o de medios de línea conservadora) fuera de las sedes parlamentarias o de los ámbitos del trabajo.

Pulverizando cualquier regla del periodismo, hace pasar vídeos de entretenimiento ideológico hechos con acoso como si fueran información. Mucha gente joven cree que eso es periodismo. Para los que piensen que hace preguntas que nadie se atreve a hacer, es recomendable ver el streaming de las ruedas de prensa que confirman que los periodistas de medios serios (los que no persiguen hasta el taxi, los que no hacen 'bromas' con el vilipendio) hacen esas mismas incómodas preguntas, todos los días, pero dentro de las fronteras de los códigos deontológicos. Sobre todo, con el objetivo de que la protagonista sea la respuesta, en lugar del lucimiento del que pregunta. Dos ejemplos, la pregunta a Pedro Sánchez del periodista Fernando Garea o de mi compañero de elDiario.es José Enrique Monrosi.

¿Qué hay de valiente y valioso en forzar, perseguir, incomodar y acosar a un ser humano con cuya ideología no te identificas y subir el vídeo? El periodismo requiere algunas horas más –para investigación, llamadas, datos y comprobaciones– que las que se invierten en meter un micro en la cara.

La comitiva del rey no se para en cualquier sitio ni se hace foto con cualquiera. Pero en la toma de posesión del nuevo presidente colombiano se paró con quien ha abrazado esa forma de hacer política utilizando el nombre del periodismo en vano.

La presencia de Negre en el evento es lógica, teniendo en cuenta que ha aupado con sus noticias a De la Espriella en la medida que ha podido. Este neoempresario de webs no ha elegido la información, sino que ha elegido un bando, al calor y protección también de una Casa Blanca encantada con contar con activistas antieuropeos. De hecho, Trump y Negre comparten la visión de unos males en Europa (el comunismo, la inmigración, la lucha contra el cambio climático) recogidos en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU. La solución coincidente para ambos es hacer crecer la presencia de los “patriots” y ultraderechistas en Europa, que lo resolverán todo (¿como en Hungría o Italia?). Esta intervención (o monólogo) de Negre en la sede del gobierno de Trump, con la aquiescencia de su portavoz, es prueba de esa sintonía programada.

El rey, que está informado y casado con una periodista, tenía que saber quién era y por qué quería usar esa foto un empresario de marketing político que apuesta por opciones que envenenan la convivencia. Tenía que saber que es uno de los que acusan a la reina de amiga de los “socialistas” y manipuladora del rey, uno de los que creen que el rey debe saltarse su papel constitucional e intervenir en política.

¿Por qué se hizo esa foto? Si pareció una confusión, el propio Negre publicó su versión de la intrahistoria, dejando claro que se conocen, que no es la primera vez que hablan e incluso que tiene un “compromiso” con el monarca que va a cumplir. No dejó pasar la ocasión y arremetió de nuevo contra Letizia y sus “amistades” y quiso salvar a Felipe VI de la hoguera ultra que él mismo atizó desde que encargó gobierno a Sánchez como marca la Constitución.

¿Por qué, entonces, se hizo esa foto el rey? ¿Por no ofender? ¿Por reconciliarse y ganar réditos en una parte de la población radical que lo llama Felpudo VI? ¿Por un error?

Esa foto hubiera sido impensable hace cinco años y demuestra cuánto se ha abierto la ventana de lo aceptable. Esa imagen del jefe del Estado con alguien que tomó el camino de las lisonjas a los poderosos en nombre del periodismo es una puñetazo en el estómago para miles de periodistas de este país –desde grandes medios nacionales a precarios medios regionales, conservadores y progresistas–. Para esos que siguen creyendo en la importancia de la comunicación honesta, los datos, las preguntas inteligentes y la separación del poder. Que cuestionan. Que cubren las noticias tanto si afectan a Ayuso como a Zapatero. Que tienen en mente siempre a la gente. Esa gente confundida desde el desembarco de los tecnomonarcas y sus redes impostoras que necesita cada vez más certezas, porque de ser tan bombardeados por verdades y mentiras a la vez ya no saben qué creer y no se creen nada.

El posado es un bofetón para esos miles de periodistas del mundo que ya no publican solo lo que es cierto y comprobable, sino que ahora también tienen que dedicarse a desmentir los bulos que se publican como parte esencial de trabajo o a hacer pedagogía de qué se considera o no periodismo y por qué. Son aquellos que han visto desarmado ese trabajo sordo e infinito con una sola imagen. Todo abajo en el tiempo en que se tarda en apretar el botón de un cámara de fotos.

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