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María Jesús Campos Osa, psicóloga, sobre los deberes infantiles en verano: “La vuelta a la rutina puede ser más costosa”

Una carga de tareas durante todo el año contradice el propósito de las vacaciones.

Marta Chavarrías

1 de julio de 2026 15:57 h

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Estamos de lleno en las vacaciones escolares y para muchos padres surge la eterna pregunta: ¿les ponemos deberes a nuestros hijos? Estas tareas buscan evitar la pérdida de aprendizaje durante las vacaciones, reforzar conceptos clave y asegurar que los estudiantes regresen a clase preparados. Sin embargo, ¿funcionan realmente? ¿Son necesarios?

María Jesús Campos Osa, psicóloga educativa, es tajante al respecto. “No, no son necesarios. El aprendizaje, consolidación de conocimientos y contenidos, así como el refuerzo de lo trabajado y aprendido durante el curso se puede hacer empleando otros recursos y haciendo otras actividades alejadas de los típicos cuadernillos, fichas o deberes”, afirma.

Para la experta, esta época es de merecido descanso del aprendizaje obligatorio. ¿Significa esto que no deberían “aprender” nada durante el verano? Por supuesto que no. Lo que representa es que su aprendizaje debería estar mucho más motivado por sus intereses que por las tareas asignadas. Repasamos cómo deberíamos incorporar un cuadernillo a las vacaciones si así decidimos hacerlo.

Cuadernillos en verano, ¿una carga o una oportunidad?

Una carga de tareas durante todo el año contradice el propósito de las vacaciones. “No desconectar de obligaciones escolares tiene el mismo impacto que no desconectar de las laborales”, afirma Campos. Si bien es inevitable que algunos conocimientos se olviden durante el verano y que el aprendizaje se ralentice (dos meses sin ejercitarse es mucho tiempo), esto no se puede evitar con informes de lectura ni tareas de matemáticas. Es normal que los estudiantes olviden parte de lo que aprenden cada año, pero repasarán la información cuando empiecen las clases. 

Si los profesores asignan demasiada tarea durante el verano, cuando los alumnos regresen a las clases estarán casi tan agotados como antes de que comenzara el verano. “El agotamiento y el cansancio mental por estar trabajando sobre un contenido específico de manera continuada implica que la vuelta a la rutina sea más costosa por no haber tenido una sensación de parar”, matiza Campos.

Además, cuando los alumnos se ven obligados a dedicar demasiado tiempo al estudio, la tarea se convierte en una carga en lugar de una oportunidad para aprender, lo cual contradice el propósito original de las tareas de verano. “Podemos llevar a una saturación y sobrecarga de contenidos académicos muy concretos, mientras que el aprendizaje debe ir más allá”, explica Campos, “además de una pérdida de motivación e interés en lo académico”.

Un merecido descanso de las tareas escolares

Las vacaciones de verano ofrecen una valiosa oportunidad para que los niños y jóvenes se relajen, descansen y participen en actividades que les aporten alegría y satisfacción. Al liberarse de la carga de las tareas escolares durante este tiempo, pueden dedicarse a sus aficiones, deportes, tiempo en familia y con los amigos, lo que fomenta su bienestar emocional.

Este descanso de las responsabilidades escolares les permite desarrollar habilidades esenciales para la vida, como la gestión del tiempo. El hecho de que no estén en la escuela ni haciendo tareas no significa que los niños no estén aprendiendo. Además, “el cerebro necesita descanso, también estimulación para su aprendizaje, pero no sobreestimulación”, aclara Campos.

Para la especialista, la clave “está en cómo lo estimulamos. Porque en esa estimulación no es necesario tener cuadernillos o fichas escolares, se pueden hacer otras tareas muy diferentes, dinámicas y más atractivas, como los juegos de mesa, que tienen un enorme potencial cognitivo y social, y permiten trabajar contenidos académicos de manera divertida, dinámica y atractiva”.

¿Qué ocurre si un alumno ha aprobado todo justo? ¿Debe trabajar más que otro que se lo ha sacado todo sin problemas? “Mi receta siempre recoge lo mismo: descanso, diversión y juego. Y esto se adapta a cada menor, independientemente de la edad o dificultades de aprendizaje”, afirma Campos, para la cual es importante ir eliminando la idea de que en verano hay que seguir haciendo deberes y los deben hacer quienes han sacado peores notas o tienen dificultades. “Esto no es así, cada menor seguirá aprendiendo, repasando y potenciando habilidades y destrezas con recursos y actividades diversas”, añade. 

Porque el juego, afirma la psicóloga, es también aprendizaje: “contribuye al desarrollo de habilidades y capacidades diversas, además de fomentar aprendizajes, nos ayuda a trabajar habilidades sociales, muy importantes en el día a día de cualquier persona, sea cual sea la edad”, reconoce Campos. El juego es más motivador, es un “gran aliado en el aprendizaje y el desarrollo de la infancia y la adolescencia”, reconoce la especialista.

Hacer deberes, una opción individualizada y adaptada a cada menor

Si, pese a todo, somos de los que creemos que los niños deben hacer tareas, en algunos casos pueden servir como punto de partida para mantener el interés, aunque por sí solas rara vez son suficientes. El objetivo no debe ser asignar más trabajo, sino crear experiencias de aprendizaje más inteligentes. “Dentro de las tareas es recomendable introducir la lectura, actividades creativas y artísticas, así como opciones de escritura (no tienen que ser fichas o cuadernillos de repaso)”, afirma Campos. 

“Por ejemplo, un niño que es un gran lector, incluirá la lectura dentro de su día a día como algo rutinario y el tiempo será mayor, sin embargo, para una niña que no le guste leer. Habrá que plantear una lectura en periodos de tiempo muy breves y con recursos diversos”, aclara la especialista.

Aquí también juega un papel decisivo “la negociación de tiempo de tareas y responsabilidades en el verano, no solo las académicas, ya que se debe tener en cuenta el tiempo del que se dispone a lo largo del día y las tareas que se deben realizar”, matiza Campos. Porque todas las tareas son importantes, tanto las de ocio (estar con amigos, ir a la piscina, de campamentos, pasar tiempo en familia…), como las más “académicas”. Todas ellas deben realizarse en equilibrio, y estas últimas no deben ser las prioritarias. 

¿Y si nos vamos de viaje o vacaciones? ¿Es recomendable introducir el cuadernillo y las tareas también en la maleta? “Esos días se deben respetar para descansar y disfrutar en familia, es importante respetar estos tiempos. Porque se puede seguir aprendiendo y desarrollando habilidades y destrezas usando recursos muy variados, asignando responsabilidades diversas y realizando actividades distintas alejadas de dispositivos y cuadernillos de repaso”, concluye Campos.

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