El guayule, inesperado aliado frente al ataque del hongo que amenaza al 85% de las colmenas españolas
El guayule, un arbusto originario de las zonas desérticas de Centroamérica que se ha convertido en un cultivo alternativo en zonas de Castilla-La Mancha, se ha convertido en una fuente alternativa y sostenible para obtener caucho y látex, evitando así la elaboración de estos productos necesarios para la fabricación de neumáticos y materiales sanitarios recurriendo a fuentes no sostenibles.
Pero los recientes estudios que ha llevado a cabo el IRIAF (Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha) le ha revelado también como un posible tratamiento para una enfermedad que afecta a las abejas y que en Castilla-La Mancha y en España está presente en el 85% de las colmenas, y es responsable de la muerte de colonias enteras.
Se trata del ‘Nosema ceranae’, un hongo microsporidio, un parásito unicelular, que se detectó en el 2004 y que afecta a las abejas melíferas.
Mariano Higes, investigador del IRIAF, es uno de los mayores expertos en esta enfermedad, y va a participar en estos estudios preliminares que se van a desarrollar gracias al convenio que se acaba de firmar entre el Instituto y la UCLM sobre el efecto de los extractos de guayule en el ‘Nosema ceranae’.
Precisamente los investigadores regionales fueron los primeros en detectar esta enfermedad: “Este es un parásito del aparato digestivo, hongos ancestrales conocidos en humanos y animales, y nosotros descubrimos hace 20 años que afectaba a las abejas melíferas en un momento en el que se estaban produciendo muertes masivas de colonias en todo el mundo, asociadas a unos síntomas que no habíamos visto nunca, colmenas que se quedaban completamente vacías”, asegura en una entrevista que ha concedido a Agroalimentaria.
Desde ese mismo momento se dedicaron a estudiar la enfermedad que produce denominada ‘nosemosis tipo C’ y son en estos momentos un grupo de investigación de referencia en esta patología.
Es por lo que la UCLM se puso en contacto con este grupo al detectar que “algunas de las sustancias que secreta el guayule podían tener propiedades farmacológicas, en concreto contra los hongos”, y precisamente es un hongo el causante de la ‘nosemosis tipo C’, actualmente. Según Higes, “la principal enfermedad que afecta a nuestras abejas y que está detrás tanto de la disminución de las colmenas como de la mortalidad de las mismas”, y además, para la que no existe tratamiento.
“En estos momentos en Europa no hay ningún medicamento registrado para la ‘nosemosis’, tenemos las manos atadas a la hora de aconsejar a nuestros apicultores qué hacer a la hora de tratar esta enfermedad”, asegura.
¿Qué pasa en la colmena?
Esta enfermedad la causa un parásito que proviene de Asia, que produce esporas resistentes que pueden aparecer en la miel, en el polen, en el material apícola. A juicio de este experto, probablemente llegó hasta Europa a través de “material apícola que se incorporó a la colmena o bien a través de importaciones no controladas de material biológico de colonias de abejas”. Una vez aquí “el parásito se transmite por vía oral-oral o fecal-oral, porque sale con las heces del aparato digestivo, se contaminan las abejas y lo mete en la colmena y empieza a transferirse a toda la colonia”.
Los primeros síntomas de la colmena “se pueden correlacionar con multitud de cosas”, asegura. Uno de los primeros efectos es que “la colmena empieza a criar de manera muy importante en momentos en que no tendría que criar porque lo que está intentando es suplir a todas las abejas que van muriendo”.
“El siguiente síntoma es que las producciones, tanto de miel como de polen, disminuyen aunque el campo esté en condiciones óptimas, porque las abejas que enferman no son eficientes y la producción baja, pero en este escenario de cambio climático tan brutal el asumir que esas bajas se deben a un parásito y no por una sequía es complejo”, señala.
Posteriormente, se nota que “una colmena que aparentemente está vigorosa, empieza a perder población y finalmente queda la reina con un puñado de abejas y no se ve ningún otro síntoma. Digamos que es una enfermedad que va desgastando a la colonia, la colonia pelea para intentar mantener el equilibrio hasta que colapsa”, resume.
¿Cómo se trata hoy esta enfermedad?
Actualmente no existe ninguna sustancia o fármaco que logre ‘curar’ a la colmena. Según Mariano Higes, “por esto, parece muy interesante probar si estas sustancias que afectan a los hongos pueden pelear contra esta enfermedad”.
Hasta ahora, cuando una colonia muestra signos de infección, se inicia una carrera “entre la capacidad que tiene el parásito de multiplicarse y la capacidad que tiene la colonia de reponer las abejas que van muriendo”.
Por eso, han hecho estudios para ver la respuesta renovando a la reina porque “cuando tenemos una reina joven que tiene capacidad de poner muchos huevos al día la colonia tiene capacidad de amortiguar el impacto negativo”, señala.
Y es que, “cuando la reina envejece y empieza a criar menos, el parásito es más rápido en matar que la colmena en reponer, tener reinas jóvenes asegura que la colonia es vigorosa”. Además, es importante asegurar “que eliminamos otros parásitos como la varroa que puede exacerbar la destrucción, y luego hay algunos alimentos con componentes como extractos de algas y de plantas aromáticas que se ha visto que tienen cierta capacidad en controlar la parasitación”.
Sin fármacos, pero “con estas técnicas de manejo hemos visto que se consigue parar la enfermedad pero es necesario una sustancia eficaz como hay con la varroa que permita de una manera mucho más rápida que se inhiba el efecto del parásito”.
Desarrollo de los trabajos
Los trabajos previos con el extracto de guayule son prometedores. “Dado que los resultados preliminares eran bastante esperanzadores, la Universidad dio el paso de probar esta sustancia e intentar incluso registrarla en la agencia española del medicamento”.
La labor de estos investigadores del IRIAF sería realizar los estudios en campo para demostrar su eficacia.
Las pruebas previas se hicieron en laboratorio, “porque a la hora de aplicar un principio activo lo primero que tienes que demostrar es que no es tóxico para las abejas. Para ello hicimos estas comprobaciones preliminares, luego hicimos unas pruebas infectando a abejas en el laboratorio y proporcionándoles diferentes concentraciones de los aceites de guayule en distintas presentaciones y los primeros resultados fueron esperanzadores”.
Ahora se trata de hacer un “trabajo mucho más profundo”. Además, si se pretende, como así lo quiere en la Universidad, registrar esta sustancia tiene que cumplir todos los requisitos previos que requiere la Agencia Española del Medicamento y demostrar la seguridad para las abejas y para los productos que produce la colmena.
Los pasos ahora comenzarán por establecer un protocolo de trabajo; hacer pruebas de toxicidad de diferentes prestaciones y dosis de las sustancias activas de guayule que van a dar a las abejas; confirmar en laboratorio que el producto, en las dosis que se requieren, no es tóxico para las abejas y que tiene capacidad para inhibir el crecimiento del parásito y, “una vez que esto nos permita extrapolar una dosis, hacer ensayos en colmenas para demostrar que en condiciones de campo es seguro para las colonias de abejas, es seguro para la reina, inhibe la enfermedad y no deja residuos ni en la miel ni en el polen”, describe.
Mariano Higes establece un mínimo dos años de estudio para tener ya algo consistente puesto que “por suerte las agencias reguladoras de medicamento europeas exigen parámetros muy altos de seguridad”. Hay que contar también que los estudios solo se pueden hacer entre marzo y junio cada año y “en ese periodo tenemos que aglutinar todo el trabajo de campo”.
En líneas generales este parásito no se ve más favorecido por el cambio climático porque se adapta a los distintos climas, “lo puedes detectar en las zonas más frías de Europa y también en el desierto de Almería”.
Pero es cierto, según Higes, que los cambios tan bruscos de temperatura que se producen actualmente, pasando en unos días del frío al calor intenso “afectan a la colonia, que tiene que intentar mantener la temperatura a 35 grados y esto les supone un estrés extra; el estrés las hace más susceptibles a las enfermedades”, todo ello aderezado con que el calor intenso también altera el ciclo vegetativo ve las plantas y las colonias de abejas “están sufriendo un estrés alimentario porque no tienen acceso a los recursos, todo esto hace que las abejas sean más sensibles a patógenos”.
0