La villa de Alicante con un casco histórico perfecto para recorrer a pie y declarado Bien de Interés Cultural

Altea, Alicante.

Edu Molina

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Dentro de la comarca de la Marina Baixa, en la costa de Alicante, Altea conserva uno de los conjuntos históricos más reconocibles de este tramo del Mediterráneo. La localidad se ha desarrollado entre una colina próxima al mar y una franja litoral de más de seis kilómetros, una disposición que permite pasar en poco tiempo de las calles del centro antiguo a las playas y calas situadas a menor altura.

La parte más antigua, conocida también como El Fornet, mantiene buena parte de la imagen tradicional asociada al municipio. Allí se concentran algunos de sus principales elementos patrimoniales, desde restos del antiguo recinto defensivo hasta construcciones levantadas en etapas posteriores. Sobre el conjunto destaca la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, cuyas cúpulas azules se han convertido en una de las referencias visuales de Altea.

La protección de esta zona quedó reforzada en 2013, cuando Altea fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico. El paseo por sus calles permite acercarse a distintas etapas de una localidad cuyo pasado incluye la presencia de íberos, romanos y musulmanes, además de las transformaciones posteriores que terminaron dando forma al núcleo que se conserva en la actualidad.

Un casco histórico que se recorre calle a calle

El centro antiguo se extiende sobre una colina, por lo que el paseo alterna tramos llanos con pendientes y escaleras. El propio desnivel ha condicionado la disposición de las viviendas y de las pequeñas plazas que aparecen durante la subida. No existe una única avenida alrededor de la que se organice la visita, sino una red de calles estrechas que va ganando altura hasta alcanzar los puntos más elevados del barrio.

Calles de Altea.

Las casas encaladas forman buena parte de la imagen de estas vías, donde también aparecen macetas, flores y fachadas pertenecientes a diferentes épocas. Entre las construcciones se conservan además vestigios relacionados con el antiguo recinto amurallado, hoy integrados en un barrio que ha continuado habitado y transformándose con el paso de los años.

Esta disposición hace que la visita se vaya construyendo a medida que se avanza por el entramado de calles. Las pequeñas plazas sirven como puntos de paso entre unas zonas y otras, mientras que algunos tramos permiten asomarse hacia el litoral. El recorrido puede hacerse sin seguir una única dirección cerrada, enlazando distintos puntos del centro antes de llegar a la zona de la iglesia.

Uno de los lugares habituales durante el paseo es el Mirador de los Cronistas. Desde este punto se obtiene una panorámica del Mediterráneo, del núcleo urbano y del relieve que rodea Altea. Su posición permite apreciar además la diferencia de altura entre el barrio histórico y la franja costera que se desarrolla a sus pies.

La iglesia del Consuelo, en el centro de la parte alta

La plaza de la Iglesia concentra uno de los principales puntos de interés de la visita. Allí se levanta Nuestra Señora del Consuelo, el templo más conocido del municipio y uno de los edificios que mejor se distinguen desde diferentes lugares del entorno. Su emplazamiento en la zona superior hace que las dos cúpulas sobresalgan por encima de buena parte de las construcciones próximas.

La Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo de Altea.

El origen del templo se encuentra en una parroquia de comienzos del siglo XVI, aunque el edificio actual corresponde a una etapa bastante posterior. La iglesia que se conserva hoy fue levantada entre 1900 y 1910 y responde a un estilo neobarroco. A finales del siglo XX se realizaron varias intervenciones, aunque se mantuvieron los principales elementos de su configuración.

En el interior presenta una planta de cruz latina y diferentes motivos decorativos de inspiración clásica y floral, con acabados dorados. En el exterior destaca especialmente la gran cúpula recubierta de tejas azules, acompañada por otra de menor tamaño. Este conjunto explica el sobrenombre de “cúpula del Mediterráneo” con el que también se ha denominado a la localidad.

La plaza funciona además como uno de los puntos desde los que continuar la visita por El Fornet. Desde allí se puede acceder a otras calles del barrio, acercarse a los miradores o comenzar el descenso hacia las zonas situadas más cerca del mar. La iglesia sirve así como una referencia fácil dentro de un casco marcado por los cambios de nivel.

Del casco antiguo a las playas de Altea

Playa de la Roda.

Desde el centro histórico, el paseo puede prolongarse hasta el frente marítimo. Altea cuenta con más de seis kilómetros de costa repartidos entre playas de cantos rodados y pequeñas calas. Buena parte de este tramo está acompañada por un paseo marítimo que discurre en paralelo al Mediterráneo y comunica sectores próximos al puerto con diferentes puntos de baño.

Entre las opciones se encuentra la playa de La Roda, situada junto al núcleo urbano y con una longitud aproximada de 1.400 metros. Es una de las principales áreas de baño de la localidad y dispone también de espacios destinados al público infantil. Otra alternativa es La Olla, frente a la que aparece un pequeño islote, mientras que la cala de Soio ofrece un tramo más reducido junto a una zona portuaria.

El descenso desde la zona histórica hasta el litoral permite continuar la visita sin necesidad de desplazarse a otro punto del municipio. Después de recorrer las calles del centro, es posible enlazar con el paseo marítimo y acercarse a alguna de las playas o calas próximas. Esa cercanía facilita organizar una jornada que combine ambos ámbitos sin repetir el mismo tipo de recorrido.

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