Miles de personas cruzan a Ceuta en la mayor entrada desde la crisis de 2021: “Queremos ayudar a nuestros padres, allí no hay nada”
Muad llega tan exhausto como eufórico. Tan solo lleva un bañador y una funda de brazo en la que guarda el móvil y algo de dinero. En cuanto recupera el aliento, el joven de 25 años exclama: “Gracias a Alá por todo”. Es una de las miles de personas, la mayoría hombres jóvenes, pero también mujeres y niños, que han logrado acceder este jueves a Ceuta, en lo que es la mayor entrada irregular desde Marruecos desde la crisis diplomática con el país vecino en 2021.
Según indican a elDiario.es fuentes oficiales del Gobierno local, este jueves han llegado más de 20.000 personas. Muchas han conseguido alcanzar el espigón del Tarajal y la alambrada sin que se apreciara un dispositivo policial que impidiera su avance. Al mismo tiempo, otras se lanzaron al mar con la intención de acceder bordeando la línea fronteriza. La Guardia Civil y Salvamento Marítimo han recuperado a lo largo de este jueves los cuerpos de nueve personas que supuestamente intentaban entrar a nado, lo que eleva a casi 40 el número de migrantes localizados sin vida en el litoral de la ciudad autónoma en lo que va de año.
Hasta el momento, el mensaje que ha transmitido el Gobierno durante el día es de “colaboración” con Marruecos, que Interior ha tachado de “ejemplar”. El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, viajarán este viernes a Ceuta. El Gobierno ha anunciado que desplegará al Ejército para “reforzar a la Guardia Civil en el ejercicio de sus competencias y aquellas que puedan resultar necesarias para mantener la seguridad en la ciudad de Ceuta”.
“Entramos para aprovechar la vida, para trabajar”
Natural de la vecina Castillejos, Muad cuenta que alcanzó Ceuta en una hora de trayecto a nado. Transmite ilusión tras pisar suelo español. “Ahora entramos a Ceuta para aprovechar la vida, para trabajar, para ayudar a nuestros padres. Venimos para ayudar a nuestros padres. Allí en Marruecos no hay nada”, dice el joven. Poco después entra Hassan, aún más joven. Cuenta que lo que quiere es un empleo. “No sé de qué, pero quiero trabajar… tener un buen trabajo”, dice.
Quienes buscan entrar en la ciudad autónoma suelen iniciar la travesía a unos 500 metros de la instalación fronteriza marroquí. Para ello, bajan desde la carretera que da al paso limítrofe, por una ladera de piedra. Luego nadan atravesando el doble vallado, con un espacio de playa, que aún pertenece al lado marroquí, para a continuación superar el primer espigón, cruzando a continuación la playa que la Guardia Civil tiene en sus dominios dentro de la parte española del recinto y finalmente bordeando el espigón que da a la playa del Tarajal.
Ese complejo y largo recorrido, plagado de cámaras de calor que detectan a los migrantes, suele llevar entre dos y cuatro horas. Sin embargo, durante la afluencia de este jueves, quienes se arrojaban al mar lo hacían en un punto de la carretera mucho más cercano a la frontera de lo habitual, pasando además considerablemente más pegados a la costa de lo normal, cuando no directamente caminando sobre el espigón.
Dejé a mis dos hijos con mi madre en Larache y me tiré al agua. No tenía nada, así espero poder mandarles dinero
Una vez en Ceuta, Hassam cuenta que espera a “la Guardia Civil” para que le digan qué hacer: “Yo quiero ir al CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes)”, subraya, pero el espacio de acogida, de poco más de 500 plazas, ya no daba abasto antes de la entrada de este jueves.
En los últimos diez días, se estimaban unas 1.500 llegadas a la ciudad autónoma. En la otra punta de Ceuta, mientras comenzaba la afluencia de personas, Amina descansaba en el centro de San Antonio, de la Fundación Cardjn, que acoge a jóvenes que acaban de cumplir la mayoría de edad y también a quienes llegan con complicaciones físicas derivadas de la diabetes y de otras enfermedades crónicas comunes.
“Dejé a mis dos hijos con mi madre en Larache (Marruecos) y me tiré al agua”, contaba a este medio con la ayuda de una traductora la mujer de 38 años. “No tenía nada, así espero poder mandarles dinero”, relata esta mujer, que viéndose viuda, desempleada y “sin acceso a ninguna ayuda” en Marruecos, optó por dejar atrás a sus seres queridos, a quienes planea ahora ayudar en la distancia.
Muchas de las personas que han entrado este jueves han pasado por la comisaría Policía Nacional, siguiente parada de los recién llegados al Tarajal, que acuden allí para ser filiados y posteriormente derivados a algún recurso de acogida, antes de un hipotético traslado a la Península, que de cumplir con el protocolo habitual, se demoraría varios meses.
De las dependencias policiales salían hacia la frontera números efectivos pasada la 13:00 de la tarde. Llegados a la zona fronteriza, procedieron a cortar los accesos, rotondas y caminos que daban a las barriadas cercanas y finalmente a tratar de contener para que quienes entraban por el espigón no pudieran avanzar. Algunos agentes hicieron uso de la porra contra quienes salían del Tarajal, tal y como ha quedado recogido en varios vídeos.
Posteriormente, las entradas de migrantes han continuado al mismo ritmo pasadas las 18:00 horas. Mientras, los que caminaban por el centro de la localidad acabaron siendo hostigados por manifestantes que llegaron a lanzarles piedras y tuvieron que ser interceptados por la Policía Nacional, según ha presenciado este medio.
El recuerdo de mayo de 2021
El único precedente de un volumen similar de entradas irregulares en la ciudad autónoma es la que se produjo en mayo de 2021 en plena crisis con Marruecos. Entonces llegaron a la localidad más de 12.000 personas, tanto marroquíes –la nacionalidad mayoritaria en esta ocasión– como de países subsaharianos y Argelia. La estampa fue similar, con el CETI lleno, los servicios de atención a menores no acompañados –de competencia municipal– también saturados, falta de alimentos y servicios sanitarios al límite. Todas estas circunstancias vuelven a repetirse, según han advertido en diversos comunicados los sindicatos representados en el Centro de Estancia y en el Sistema Público de Salud.
La organización Sur Acoge ha vuelto a reclamar que los recursos de acogida de la ciudad autónoma “se dimensionen” para responder con garantías a situaciones como la actual. “La Federación insiste en que el Estado y la Ciudad Autónoma deben contar con plazas suficientes para atender con dignidad a las personas que llegan, especialmente a niños, niñas y adolescentes sin referentes familiares”, dice.
Ante el repunte de llegadas, organizaciones como la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) han pedido medidas como una “derivación rápida” hacia la península. Pero en un escueto comunicado, Interior ha anunciado, sin dar más detalles, que España y Marruecos han “acordado reforzar la coordinación y los esfuerzos para hacer frente a estos flujos y se han comprometido a revisar e implementar medidas para la entrega, lo antes posible, de todas las personas que han entrado ilegalmente en Ceuta”.
Las ONG especializadas son contrarias a los procedimientos acelerados, que pueden impedir, por ejemplo, la detección adecuada de personas en situación de vulnerabilidad o que necesiten protección internacional. En 2021, España negoció con Marruecos la repatriación de sus nacionales en cuestión de dos meses. La mayoría fueron saliendo paulatinamente desde las naves industriales en las que los habían acogido. En el caso de personas de otras nacionalidades se optó por su traslado a la Península, aunque este proceso se demoró hasta octubre de aquel año.
En 2021, el pacto entre España y Marruecos también fue aplicado en agosto, meses después, a los menores de edad. Al menos 55 niños fueron llevados de vuelta al país vecino en una acción que el Tribunal Supremo consideró ilegal. La Audiencia Provincial de Cádiz también estimó que la delegada del Gobierno, Salvadora Mateos y la vicepresidenta ceutí, Mabel Deu, prevaricaron al saltarse el procedimiento y no hacer valer el interés superior del menor.
El fin de las devoluciones en caliente por mar
Entretanto, las autoridades habían continuado las devoluciones en caliente de los migrantes nada más ser interceptados saltando la valla, llegando a nado a las playas de la Bahía sur de la ciudad o en plena travesía marítima a través de los límites entre países. La Guardia Civil y la Policía realizaban estas devoluciones sin ocultarlas, tanto de día como de noche.
Según reconocían los agentes y la Delegación del Gobierno local, la orden consistía en expulsar inmediatamente a todas las personas interceptadas, salvo aquellas que aparentaban ser menores, sin atención individualizada ni asistencia letrada. Sin embargo, tanto un tribunal andaluz, como recientemente el Supremo, han confirmado la ilegalidad de las devoluciones instantáneas de quienes llegan a nado y empujó a las fuerzas de seguridad a dejar de aplicar esta práctica hasta entonces sistemática.
Las organizaciones de derechos humanos han rechazado que lo sucedido este jueves responda a un supuesto 'efecto llamada' provocado por la reciente sentencia del Tribunal Supremo, como se asegura desde algunos sectores. “La evolución de los acontecimientos, con intentos de acceso tanto por vía marítima como terrestre, apunta a una realidad mucho más compleja”, ha dicho Sur Acoge. Entre los factores que las ONG han mencionado detrás del repunte de llegadas a la ciudad autónoma en los últimos días está el periodo estival y la situación favorable del mar.
“No se les pueden brindar las necesidades mínimas”
Antes del episodio vivido este jueves, el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, había calificado de “emergencia nacional” la situación que sufre la ciudad autónoma en los últimos días y había pedido “un mando único”. El Gobierno dejó pronto claro que la activación de este mecanismo no es posible. “Forma parte de la normativa estatal de protección civil, que no contempla los flujos migratorios como un riesgo del Sistema Nacional de Protección Civil ni establece planes especiales, directrices básicas o instrumentos específicos de protección civil para su gestión”, dijeron fuentes de Moncloa.
Nayat Abselam, de la Fundación Cardjn, lamentaba esta misma mañana en declaraciones a este medio la situación por la que atraviesa la ciudad y las malas condiciones en las que se encuentran los recién llegados. “En los centros de menores la saturación es total. No se les pueden brindar las necesidades mínimas que tienen”, advertía la mujer, que gestiona el centro de acogida de San Antonio, donde ahora mismo se encuentran por encima de sus capacidades, atendiendo a personas “especialmente vulnerables”. “Tenemos personas enfermas, con diabetes y con algunas lesiones”, explicaba la activista. “La solución es muy compleja”, sentenciaba.
El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) ya albergaba a 1.700 personas este miércoles, antes de la entrada de este jueves. 1.000 de ellos, según trabajadores del propio espacio, se encontraban viviendo en la calle: “No son condiciones aceptables ni para ellos ni para los trabajadores”, apuntaban, advirtiendo de que la plantilla queda “muy corta” para el contexto presente. “No hay más espacio de acogida y el problema es cuando tampoco haya comida”, agregaban responsables de la Policía Nacional consultados por este medio.
Es de esperar, según apuntan fuentes internas del Ejecutivo local, que en las próximas horas Ciudad y Delegación acuerden habilitar naves, polideportivos e incluso campos de fútbol en zonas periféricas como alojamiento temporal para las miles de personas que alcanzaron Ceuta este jueves.
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