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Sobre este blog

Stories Matritenses es un blog del grupo de periódicos hiperlocales Somos Madrid escrito por Pedro Bravo.

Pedro Bravo escribe ensayo y ficción. Su último libro es ¡Silencio! (Debate, 2024). Además, ha publicado Cabo Norte (Menguantes, 2020), Exceso de equipaje (Debate, 2018), Biciosos (Debate, 2014) y La opción B (Temas de Hoy, 2012). Habita en la linde occidental del barrio.

www.pedrobravo.es

¿Y si el sentido de la vida urbana no fuese competir con Miami?

Alojamiento turístico sobre una antigua panadería en una calle de Tetuán

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La semana pasada se ha celebrado en Madrid un gran evento sobre ciudades. Organizado por Bloomberg Citylab y Aspin Institute y alojado en espacios ilustres —Teatro Real, Real Teatro de Retiro (Centro Cultural Daoíz y Velarde), Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía—, los participantes han sido también nombres ilustres de distintos ámbitos —ministros, alcaldes, altos cargos, directivos y arquitectos y técnicos de todo el mundo— y unos pocos periodistas especializados y creadores de contenido cercanos al activismo como Leah Pattem (Madrid No Frills). El foro era de acceso muy restringido, sólo mediante invitación o acreditación de prensa. Es decir, Madrid ha acogido un gran evento sobre ciudades al que los ciudadanos no han podido asistir. Un detalle interesante para los amantes de lo simbólico.

Aprovechando la circunstancia, Citylab —un buen medio de comunicación sobre lo urbano financiado por Bloomberg— ha hecho algún reportaje sobre España y su capital. En uno de ellos trata, ya desde el titular, sobre su “crisis de identidad”, acosada por el “turismo de lujo”. Se habla del fomento de grandes eventos por parte de las administraciones y de la llegada de más y más visitantes mientras el pequeño comercio se ve forzado a cerrar o a subsistir a duras penas. Y se menciona también la vocación de que Madrid sea la “nueva Miami”.

Un día después, el alcalde Almeida era el protagonista de una amable entrevista en The New Madrid Post —un nuevo medio creado para “impulsar la proyección nacional e internacional de la ciudad con informaciones de calidad y rigor”— en la que el titular parecía ser un desmentido: “Madrid no quiere ser Miami; quiere competir con ella desde su propia identidad”.

Refutaciones aparte, lo cierto es que en los últimos años hemos escuchado repetidas veces a gobernantes locales y regionales la ambición de que Madrid sea Londres y, efectivamente, Miami. Y, si nos vamos un poco más atrás, siempre se ha podido percibir una envidia no sé si muy sana por el éxito internacional de Barcelona. En algún momento alguien debería analizar cómo ciertas inseguridades operan como motor de las políticas públicas o, al menos, de sus argumentarios. Uno tiene la impresión de que Madrid ha tenido históricamente complejo de ser una ciudad poco fascinante: un pueblo manchego, la ciudad de la corte, una capital sin un gran río ni mar ni nada muy icónico que la represente… Esta última fue, por cierto, una de las razones para crear un concurso de marca ciudad convocado hace diez años que finalmente quedó desierto.

Quizá lo verdaderamente interesante de esta villa haya sido precisamente que pasaba de hacerse la interesante. Pero, en cualquier caso, en todo este proceso en el que estamos metidos lo de la identidad sólo sirve para distraernos de lo importante. Para empezar, tendemos a considerar la identidad como algo estático. Como una fotografía a la que mirar para recordar qué tiempos aquéllos. Lo explica Rem Koolhaas en esta cita extraída de su librito La ciudad genérica (GG, 2006): “La identidad concebida como esta forma de compartir el pasado es una proposición condenada a perder: no solo hay —en un modelo estable de expansión continua de la población— proporcionalmente cada vez menos que compartir, sino que la historia también tiene una ingrata vida media, pues cuanto más se abusa de ella, menos significativa se vuelve”.

La identidad urbana es, por definición, cambiante. Si no, la ciudad estaría muerta. De hecho, lo que nos está ocultando el debate identitario es la dificultad cada vez mayor de la vida en la ciudad. Si nos reunimos en comunidades urbanas desde hace miles de años es por el deseo de llevar una existencia mejor, más fecunda. La ciudad representa el encuentro entre personas distintas que hacen cosas juntas y, así, se desarrollan tanto individual como colectivamente: familia, trabajo, creatividad, ocio, política, economía, sociedad... Para que sea posible, hace falta que esté pensada, administrada, participada y gobernada con este objetivo. Más allá de la defensa de postales identitarias, es momento de plantearse si la obsesión por la competición entre urbes nos está desviando del verdadero sentido de la existencia urbana.

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Pedro Bravo escribe ensayo y ficción. Su último libro es ¡Silencio! (Debate, 2024). Además, ha publicado Cabo Norte (Menguantes, 2020), Exceso de equipaje (Debate, 2018), Biciosos (Debate, 2014) y La opción B (Temas de Hoy, 2012). Habita en la linde occidental del barrio.

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