Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

Sonsoles Ónega abre San Isidro con un pregón afilado y perspicaz: “Me duele que haya que ser buitre y no paloma para vivir aquí”

Sonsoles Ónega, durante el pregón de San Isidro

Diego Casado

Plaza de la Villa (Madrid) —
7 de mayo de 2026 20:48 h

0

Una escritora y presentadora de televisión, Sonsoles Ónega, ha elevado el nivel de los pregones de los últimos años en Madrid con un parlamento para abrir las fiestas desde la Plaza de la Villa con muchas demandas, alguna gracieta, frases ocurrentes y mucho amor a la ciudad que desde este jueves celebra San Isidro.

“Quizás sea imposible pregonar a Madrid de tanto como se ha dicho, de tanto como se le ha cantado y de tanto como se la ha bailado... de tanto como se la ha pregonado desde este mismo balcón” comenzaba Ónega, visiblemente emocionada ante el numeroso gentío que se congregaba a sus pies, pero sin que por ello le temblara la voz.

Varias reivindicaciones han poblado su discurso, el más evidente ha sido el de la vivienda: “Ya que estoy investida de esta honra de ser pregonera, dejadme también que me haga eco del quejido de Madrid. Se queja y con razón de que no sana la herida de la vivienda. A mí me duele como a todos que haya que ser buitre y no paloma para vivir aquí”, ha dicho antes de agradecer al alcalde la construcción de vivienda pública.

Luego se ha quejado de “la otra herida íntima para la que no encuentro vendaje, la herida de la modernidad. Nos arañan los cierres de librerías, de pequeños comercios, nos duelen los barrios que se van vaciando del paisaje de toda la vida”.

También ha habido espacio para las protestas, que no abandonan nunca a la capital y que hoy estaba representada en la Plaza de la Villa con las trabajadoras de la educación infantil, que llevan tres semanas en huelga y han cantando sus consignas después del pregón de Sonsoles. “Y la manifestación vamos a acabar llamándote madrifestación. Con perdón eh, que no nos faltan los motivos para salir a la calle un día sí y otro también”, decía ante ellas.

Sonsoles Ónega, antes del pregón

La presentadora reivindicaba Madrid como “el kilómetro cero de todas las ilusiones, el sueño de las provincias, la primera vez del emigrante, la excitación que no se disimula, el día más feliz de los que te conquistan”. Para pasar luego a asegurar que “Madrid es la madre que nos parió. Y a los que no, Madrid ejerce la adopción como nadie, porque digan lo que digan Madrid tiene para todos. Madrid acoge sin mirar a quién, Madrid es una mano tendida siempre. Por eso Madrid tiene alma de mujer, con mando en plaza y en la plaza”.

Luego ha ido contra los que usan el nombre de la ciudad como sinónimo de poder: “¿Sabéis lo que me fastidia? Que de todo culpan a Madrid: lo manda a Madrid, dice Madrid, se hará lo que diga Madrid. Te culpan pero, ¿sabéis qué? No hay nacionalista, ¡que digo! no hay independentista que no se quiera quedar. Todos se pirran por conquistar tu escaño. Y larga vida, larga vida a esa ambición, porque Madrid demuestra cada día que aquí cabemos todos.”.

El pregón ha tenido varios guiños de corte feminista. Como cuando Sonsoles se ha acordado de las otras madrileñas que le han precedido en su familia: “Mi ciudad y la ciudad de mi madre, Marisol, y la de mi abuela, Sole, y la de mi bisabuela Julia”, decía entre las loas de los allí presentes. O cuando se ha despedido lanzando los tradicionales vivas y ha incluido en ellos a las mujeres de los que los suelen recibir: “Viva Madrid, viva San Isidro y Santa María de la Cabeza, viva el rey y la reina”, ha espetado para despedirse, mientras el público le seguía a coro.

Ónega es la primera mujer que da el pregón de las Fiestas de San Isidro desde que Almeida está en Cibeles después de una racha de cinco años muy masculinizados en el balcón de la Plaza de la Villa. Sucede en este puesto al futbolista Dani Carvajal, que el año pasado centró su discurso en el hedonismo de las cañas y las terrazas.

Este ha sido el texto completo del pregón de Sonsoles Ónega:

Bienquerida ciudad de Madrid. ¡Madrileños, madrileñas! ¿Los cabezudos y los gigantes dónde están? ¿Los barquilleros, los danzantes, los chulapos?

Alcalde concejales y resto de autoridades, cronistas y compañeros. Muy buenas tardes a todos. Antes de empezar, os quiero hacer dos confesiones. Básicamente para sacudir el demonio de los nervios. La primera es una confesión de orgullo, por haber sido invitada a este balcón a pregonar, nada más y nada menos que mi ciudad, y la ciudad de mi madre Marisol, y la de mi abuela Sole, y la de mi bisabuela Julia.

La segunda confesión es de miedo. De miedo por falta de magisterio en esto de los pregones. Así que a todos los que esta tarde me escucháis os pido indulgencia. Lo único que sé es que hay una lengua universal, un lenguaje sin diccionarios que todos entendemos. Es la lengua de la emoción. Como mejor sepa, hoy vengo a conjugarla con todos vosotros.

Madrid. Quién me iba a decir a mí que un día te pregonaría y a su patrón, San Isidro, tan jornalero como quien nos habla. Sin la esperanza eso sí de acabar santa, ni de obrar más milagro que el de cumplir con este encargo de ser, Madrid, tu pregonera.

Veréis, he pensado que quizás sea imposible pregonar a Madrid de tanto como se ha dicho, de tanto como se le ha cantado y de tanto como se la ha bailado, de tanto como se la ha pregonado desde este mismo balcón. Así que madrileños decidme vosotros. ¿Por dónde se empieza el pregón de Madrid? Si empiezo por Cibeles... ¿qué hago con Neptuno, alcalde? Si lo hago por Alcalá, ¿qué hago con la otra Puerta del Sol? Cualquiera empieza por la Gran Vía teniendo Prado y la Castellana.

Así que he pensado empezar por aquí y decir ¡que viva la Plaza de la Villa! Apenas a un kilómetro del kilómetro cero de todas las ilusiones. Porque esa es precisamente la suerte que tiene Madrid: es el sueño de las provincias, es la primera vez del emigrante es la excitación que no se disimula, es el día más feliz de los que te conquistan, es tierra de promisión desde la meseta, es un deseo en Despeñaperros, es el parvulario de todas las emociones. Ay, Madrid, eres el número 7 de la calle melancolía. Eres la chica de ayer, el chotis de la pradera y las mujeres del Santo. Madrid es La Elipa y Atocha en su mediodía. Ay Madrid, eres el Retiro y también el Ateneo y a todas horas Matadero. Tertulia, teatro, salón de ricos y buhardilla de pobres.

Madrid es la madre que nos parió. Y a los que no, Madrid ejerce la adopción como nadie. Porque digan lo que digan Madrid tiene para todos. Madrid acoge sin mirar a quién. Madrid es una mano tendida siempre. Por eso Madrid tiene alma de mujer, con mando en plaza y en la plaza.

¿Sabéis lo que me fastidia? Que de todo culpan a Madrid: lo manda a Madrid, dice Madrid, se hará lo que diga Madrid. Te culpan pero, ¿sabéis qué? No hay nacionalista, ¡que digo! no hay independentista que no se quiera quedar. Todos se pirran por conquistar tu escaño. Y larga vida, larga vida a esa ambición, porque Madrid demuestra cada día que aquí cabemos todos.

Madrid es el corazón de esa España que late con pulsos de fiebre, como escribió Rafael Alberti. Madrid ya no es el vuelva usted mañana de Larra. Madrid es hoy el quédese hasta mañana. Madrid es todo eso y lo que deja mi pluma a medias.

Y ya que estoy investida de esta honra de ser pregonera, dejadme también que me haga eco del quejido de Madrid. Se queja y con razón de que no sana la herida de la vivienda. A mí me duele como a todos que haya que ser buitre y no paloma para vivir aquí. También tengo que decir y agradecer y mucho alcalde que usted haya entregado 116 pisos en Cañaveral. 116 llaves que son 116 vidas que se ponen en marcha.

Dejadme confesar la otra herida íntima para la que no encuentro vendaje: la herida de la modernidad. Nos arañan los cierres de librerías, de pequeños comercios, nos duelen los barrios que se van vaciando del paisanaje de toda la vida. Compensan -y también es justo reconocerlo- los que vienen, los que emprenden, los que apuestan por Madrid. Y ya que estamos con los quejidos, duelen las obras como muelas de tanto apretarlas, alcalde. Yo creo que le han hecho precio por hacerlas todas a la vez. Menos mal que luego le lucen a Madrid.

A Madrid le sienta bien la capital. Aunque esté mordisqueada por la revuelta, la popular, entendedme. La de los levantamientos. Madrid no sería Madrid sin tanta política y tanta acampada. De tanto aguantar, qué bien aguantas el peso de la balanza. Madrid es la justicia de su barrio y de su Tribunal Supremo, que no hay mangante que no te tema, Madrid.

Y la bronca. Ay Madrid, qué bien llevas la bronca. Te cala pero no te moja la tormenta de San Jerónimo. Si yo fuera el santo, ya habría salido a la carrera de mi propia calle. Y la manifestación vamos a acabar llamándote madrifestación. Con perdón eh, que no nos faltan los motivos para salir a la calle un día sí y otro también.

Decía Raúl del Pozo, cuya muerte se veló en esta casa, decía Raúl que era de Cuenca, pero tenía gastada la suela de caminar ciudades, que Madrid es la mejor ciudad del mundo. De eso, además de Raúl, además de Umbral, además de Galdós o de la Pardo Bazán, han dado fe todos los que han hecho de Madrid un oficio. Todos los que han merodeado cantinas, bodegas y cafés. Ay del café Gijón, larga vida al Varela.

Madrid, yo quiero ser siempre de aquí, pasearme por El Prado, perderme en El Rastro, contar las baldosas de Moyano. Yo quiero barrear las mejores noches de España. Tachar los besos, oirme gata y amanecerte desierta. Yo quiero dar las señas de tus calles con nombres de bolero de zarzuela. El amor hermoso de Usera. Válgame dios, no hay ley que se atreva a rebautizarte, Madrid. Ay mi ciudad, pido ayuda al poeta para concluir. Madrid, eres el rompeolas de todas las Españas. Y rendida, rendidos, clamamos desde este balcón la divina invocación: Viva Madrid, viva San Isidro y Santa María de la Cabeza, viva el rey y la reina.

Disfrutad de estas fiestas con mesura y prudencia. Muy buenas tardes.

Etiquetas
stats