Rumba, rock duro y algo de pop: la música que saltó la valla de las prisiones de Carabanchel y Yeserías
“El hombre nació para ser libre. Cada hombre es una historia, cada persona un mundo”, decía el Jero antes de empezar a cantar los primeros versos de Ni tú ni yo –auténtico himno carcelario– en el patio de la cárcel de Carabanchel. El vídeo de 1982 se puede ver en YouTube, aunque seguramente el concierto más conocido de la banda en una cárcel fue el que ofrecieron en 1985 en el penal de Ocaña, justo después del estreno de Yo, el Vaquilla, película de la que firman la banda sonora.
Llevar los instrumentos dentro de los muros de las cárceles es una tradición de la música más comprometida. Son muchos los conciertos que se han producido intramuros de una prisións, quizá los que antes acudan a nuestra cabeza sean lo de Johny Cash, Sex Pistols, Billy Bragg, Los Tigres del Norte, The Sex Pistols, Metallica o B. B. King, entre otros artistas cuya carrera alberga algún tipo de trasfondo social.
Los conciertos de Los Chichos no son una excepción en España o en Madrid. Hubo otros artistas que también actuaron para llevar un soplo de libertad a los presos en las antiguas cárceles de Carabanchel y Yeserías durante las décadas de los ochenta y los noventa.
La realidad carcelaria de la Transición fue extremadamente dura. Por ello, había nacido en 1976 la Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL), que llenó los presidios de motines y huelgas de hambre que buscaban la mejora de las condiciones penitenciarias y que los presos comunes no quedaran excluidos de las amnistías de la época. De manera que el combate cultural también abrazó a los presos.
El rock fue una de las bandas sonoras del maco durante esto años. En 1980 Moris, el rockero argentino, acaso uno de lo primeros rockeros españoles, actuaría en el salón de actos de Carabanchel presentado por el conocido periodista Mariskal Romero.
En 1981 el programa de radio Discocross, comandado por el periodista Mariano García, organizó un concierto de Ramoncín. Tenía su guasa porque Ramón había pasado unos días en la misma prisión cuando tenía 17 años por pertenecer a la Organización Sindical Obrera. Para el programa de García, los presos eran radioyentes de lujo a los que dedicaban canciones en antena.
En 1988 la Asociación Cultural Victoria Kent de funcionarios progresistas organizó un festival por las fiestas del Dos de Mayo. Actuaron durante dos días Desperados, Moncho Alpuente, El Gran Wyoming, Reverendo, Chicho Sánchez Ferlosio, Javier Krahe o el grupo de rock Caronte, entre otros hasta sumar 33 artistas. El mismo número reclusos de la Central de Obervación de Carabanchel que tuvieron la suerte de presenciar las actuaciones.
“Pues no os imagináis las reticencias que ha habido que vencer, primero para hacer el festival, y luego para que actuaran mujeres”, contaba un funcionario de prisiones al periódico El País en la época.
Otro concierto importante que puede escucharse en internet es el que el grupo heavy Santa, con su carismática cantante Azucena, ofrecieron en la cárcel en 1985. El rock duro y el heavy seguirán siendo banda sonora eventual para los presos de Carabanchel hasta el cierre de la prisión. Durante el verano de 1994 actuaron, por ejemplo, Master Blues (con ex miembros de Sangre Azul, Barón Rojo y Hamlet) o Santafé, un grupo de rock que despuntaba en aquel momento.
La cárcel cerró en 1998 y fue demolida por el gobierno del PSOE, casi de la noche a la mañana, en 2008. De sus muros, solo quedan en pie el pórtico de entrada, un tramo de muro exterior, el antiguo hospital penitenciario (actual Centro de Internamiento de Extranjeros, CIE) y restos subterráneos de celdas y galerías.
Con la cárcel ya cerrada, se produjo el que quizá sea el concierto más famoso de cuantos allí han tenido lugar. En 1999 Rosendo Mercado organizó un concierto mítico en el recinto, que quedó inmortalizado en el disco Siempre hay una historia. En la grabación se escuchan los gritos del público coreando “¡No estamos todos, faltan los presos!” No era la primera vez que el músico carabanchelero entraba en la cárcel con la guitarra colgada en bandolera. En marzo de 1994 había participado en un festival benéfico junto con Ketama, Peret y Antonio Vega.
La música también llegó a finales del siglo XX a la antigua cárcel de mujeres de Yeserías, en el distrito de Arganzuela. El edificio, que había sido asilo para mendigos, se convirtió en prisión durante la guerra y el franquismo. Después de servir como prisión masculina –sobre todo para presos políticos durante los primeros años– se transformó en penal femenino en los años setenta. Permaneció abierta hasta 1991 y hoy en día es el Centro de Inserción Social Victoria Kent. Por sus instalaciones también pasaron algunos artistas, la mayoría de visita, aunque tuvo alguna reclusa ilustre como Tina de Las Grecas.
En septiembre de 1983, por el Día de la Merced –patrona de las cárceles–, se organizó en el patio de la cárcel un festival de rock. El espectáculo fue presentado por el escritor bohemio Eduardo Haro Ibars (hijo del histórico periodista Eduardo Haro Tecglen). Se subieron al escenario, del que colgaban los mensajes “Amor” y “Os queremos”, los grupos Ciudad Jardín, Flash Strato, PVP, Fiebres de Malta y Atómicos. Las actuaciones se llevaron a cabo entre las cuatro y media y las ocho de la tarde, una hora poco habitual para el rock…fuera de la cárcel.
“Es la única vez que he tocado en una cárcel. Esta, además, era una cárcel de mujeres, que estaban allí con sus criaturas, y se caía a pedazos, un auténtico resto de la España más negra, del que salí apesadumbrado”, explicaba en su blog Rodrigo Lorenzo, fundador de Ciudad Jardín.
Pocos años después nacería en la misma cárcel de Yeserías Teatro YESES, una compañía formada por mujeres reclusas que se fue, con las presas, a la prisión de Mujeres de Carabanchel y, luego, al Centro Penitenciario de Madrid-Mujeres en Alcalá de Henares.
Las cárceles se han llevado a poblaciones fuera de la ciudad de Madrid, donde siguen entrando músicos de vez en cuando. El lamento del de enmedio de los Chichos sigue vivo.
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