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El negocio del ‘guardacolas’ en los conciertos de Bad Bunny: dos jóvenes se pegan el madrugón a diez euros la hora

Javi Fresneda y José Luis Quintero, los 'guardacolas' de conciertos

Francisco Gámiz

4 de junio de 2026 22:12 h

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Dos botellines de agua de dos litros en el suelo, crema solar metida a toda prisa en la mochila y un paraguas por si el sol empieza a apretar. Javi Fresneda, de 19 años, lleva en la calle desde las seis y media dispuesto a hacer cola para el concierto de Bad Bunny, uno de los cantantes que más le gustan. Lo hace temblando de frío bajo la sombra del estadio Metropolitano de Madrid y vistiendo una única camiseta de tirantes. “Pensaba que sería suficiente con el calor que está haciendo últimamente”, reconoce. Pese a ello, ha logrado situarse en el quinto puesto, una posición soñada para cualquier fan del artista que quiera verlo de cerca... y una recompensa que, sin embargo, sabe que no experimentará. Cuando el reloj marque la hora de apertura de puertas, el joven no dará un solo paso hacia el interior del recinto y volverá a casa.

Pero el trayecto de regreso no lo hará con los bolsillos vacíos. Antes de marcharse, Fresneda y su colega José Luis Quintero, también de 19 años y quien lo ha estado acompañando durante todo el día, cederán su sitio de la cola a dos fans que sí tienen entradas para el espectáculo. A cambio: 80 euros, 10 por cada hora sucedida guardándoles la posición. Se trata de una idea que nace tan solo cuatro días antes, con el mando de la videoconsola en la mano. “Estaba tranquilamente en casa jugando a la Play y mi mejor amigo, Diego Muñoz, que no ha podido venir hoy, me dice: 'Oye tío, que se me ha ocurrido una cosa con la que a lo mejor podemos sacar algo de dinero”, cuenta Fresneda. “Cuando me lo contó, le respondí: 'Vaya idea más buena acabas de tener'”, añade, sumándose así de inmediato.

Fue entonces cuando se pusieron manos a la obra. Quedaron al día siguiente, concretaron un precio inicial “low cost para estudiantes” de cuatro a cinco euros por hora, crearon una imagen promocional con IA y pusieron anuncios en todas las plataformas que encontraron, desde Wallapop hasta Vinted. “¡Consigue primera fila en pista sin hacer cola! ¿Pasas de estar 10 horas pasando frío o calor en la calle? ¡Nosotros hacemos la cola por ti!”, reza el mensaje. “Llegáis descansados un rato antes de abrir puertas, os hacemos el relevo... ¡y directos a la valla!”, continúa. El resultado fue casi 200.000 visualizaciones en TikTok y más de 60 personas solicitando sus servicios, algo que Javi Fresneda describe a elDiario.es como una “locura”.

Javi Fresneda y José Luis Quintero, en los alrededores del Metropolitano

El asombro de los jóvenes los llevó rápidamente a aumentar el precio hasta los 10 euros. “Por cinco euros todo el mundo quería, es un regalo. Estamos dando nuestro tiempo, así que intentamos sacar más beneficio”, explica. Por su parte, Quintero alega que estar en la cola no es tan fácil como parece: “Esta mañana se ha pasado muy mal con el frío”. Y el propósito se torna más complicado cuando te encantaría ser tú quien entrara al concierto. “Lo piensas y dices: 'Mira, estás haciendo esto por dinero'. Pero claro, si el artista del que estás haciendo la cola te gusta, dices: 'Ostras, ojalá poder ir'. Encima [Bad Bunny] ha sacado diez fechas, y que no haya podido ir a ninguna pues duele”, confiesa Fresneda.

De hecho, el dinero es el principal motivo por el que no tienen entradas para ir al concierto. Los jóvenes, que son de Rivas y han cursado un grado medio de Técnico de Emergencias Sanitarias, planean opositar para bombero. No obstante, han intentado dedicarse a cualquier otro ámbito mientras tanto, aunque sin éxito. “Estoy buscando trabajo, pero tampoco es que haya. No dan la oportunidad a los jóvenes, así que hay que buscarse un poco la vida”, indica Diego Muñoz.

Es una situación que corrobora Fresneda: “Hemos tirado por hostelería, por dependiente de tienda de ropa... lo que nos podemos permitir ahora. Hemos echado currículums en toda la ciudad, a lo mejor en 25 sitios”. Pese a que en la cuenta de TikTok que crearon para anunciarse han recibido críticas de gente que les manda a “buscar un trabajo de verdad”, prefieren quedarse con lo práctico: “¿Qué más da eso? Métete con nosotros, pero nosotros ganamos dinero”.

La experiencia de quien “compra” la primera fila

Lejos todavía de Madrid, hay quienes miran atentamente la ubicación en tiempo real que un desconocido les ha enviado por WhatsApp. Joselin Aldaz, de 26 años, y Johan Aguirre, de 30, sí tienen entradas para el concierto de Bad Bunny, pero viven en Alicante y la distancia que separa la ciudad de la capital hacía muy difícil que pudieran llegar temprano a la cola para conseguir una buena posición. Aunque ya se habían gastado 160 euros cada uno en las entradas, el principal obstáculo residía en el hotel: no podían registrarse y dejar el equipaje hasta bien entrada la tarde, lo que los obligaba a cargar con las maletas a cuestas.

De origen ecuatoriano pero residentes en España desde niños, los dos amigos han estado planificando el gran día desde que ocurriera la venta de entradas. “Llevamos un año pasándonos vídeos de TikTok sobre lo que pasaba en los conciertos, sobre la organización...”, recuerda Aguirre a este periódico, a lo que Aldaz agrega que querían “tener la experiencia completa lo más cercana posible y vivirla”. Sin embargo, todo cambió tres días antes del evento, cuando el algoritmo de la aplicación les mostró la publicación de Diego Muñoz y Javi Fresneda. “Al principio no me fiaba, parecía que era un timo porque no te esperas que nadie haga eso”, afirma Aguirre, pero se puso en contacto con ellos y se pusieron de acuerdo.

Joselyn Aldaz y Johan Aguirre, en primera fila del concierto de Bad Bunny

Nada más llegar a la cola, Fresneda les envía fotos desde el sitio, vídeos y un GPS activo por WhatsApp para que comprueben en todo momento que se encuentran en la zona. El joven también les ofrece la opción de hacer videollamada, en tanto que ellos solo tienen que pagar la primera hora por Bizum como señal. El trato consistía en un horario partido: ellos les custodian la posición en la cola hasta las once de la mañana, cuando Aldaz y Aguirre planean llegar al estadio, y vuelven a cogerles el relevo durante las horas que ellos pueden ir a hacer el check-in al hotel.

En el momento acordado y cargando con sus maletas, los dos amigos se presentan en el estadio Metropolitano. Allí conocen a Fresneda y Quintero, quienes les ceden su sitio y proceden a intercambiarse el dinero del resto de las horas. “A mí me dio un poco de vergüenza, la verdad, porque había gente delante y me corté un poco”, confiesa Aguirre, consciente de que “se ve raro, no es algo normal”. No obstante, la estrategia que les plantearon ayudó a que el relevo se hiciera de forma simétrica. “Si somos dos y guardamos el sitio para más personas... eso tiene que molestar”, apunta Fresneda. Es por ello que fue junto a Quintero, para que así la gente no reclamara que de pronto tenían a más fans delante.

Javi Fresneda y José Luis Quintero hacen cola por ti en los conciertos

Para Aldaz y Aguirre, pagar por ahorrarse el asfalto no admite remordimientos. “Yo me siento superorgullosa. He dicho: 'Qué idea tan genial, menos mal que encontramos la publicación'”, celebra ella. Aguirre, por su lado, se muestra igual de convencido de haber apoyado la iniciativa: “Yo no me siento culpable. Ellos han ganado su dinero y nosotros hemos ahorrado tiempo que no teníamos”. Para la pareja, este servicio directo es mucho más útil y real que las estrategias de marketing con las que experimentan otras marcas, que hacen publicidad con la figura del guardafila. Dos ejemplos son una marca de tacos y otra de congelados, que hacen cola por ti mientras consumes sus productos.

Con las reservas prácticamente completas para el mes de julio —incluyendo un encargo de 20 horas consecutivas de noche que les reportará 300 euros—, los jóvenes de Rivas defienden su actividad frente a posibles malentendidos con la seguridad del estadio. “Lo hemos mirado y es totalmente legal, porque es como si tu amigo te reserva cola dos horas porque es tu amigo. Nosotros, como se lo hacemos a desconocidos, pues cobramos”, argumenta Fresneda.

Lejos de tomárselo como un pasatiempo veraniego, ya proyectan su idea a gran escala y con conciertos de otros artistas. “Queremos hacer unas camisetas para que nos distingan”, detalla el joven. “Y si esto lo peta en España y conseguimos a muchísima gente, quizá hacemos una web o una aplicación en la que se puedan unir desde todas partes del país para que no solo se haga en Madrid, sino también en Barcelona, por ejemplo”, asevera. Este, que reconoce que “todo está inventado” y que no es extraño que algo así ya se haga fuera de España o en otros lugares, asegura que jamás lo había visto antes. Además, tampoco le asusta que alguien pueda robarles la idea: “Está todo pensado. Hay que ser los primeros y los mejores en ello”.

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