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Bad Bunny llega a España: el rey del pop odiado por los padres que ahora une a las generaciones

Bad Bunny, en su residencia de conciertos en Puerto Rico

Francisco Gámiz

21 de mayo de 2026 21:45 h

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Escuchaba la música de Bad Bunny a escondidas de sus padres. Lo hacía cada mañana, al salir de casa, a través de los auriculares con los que ponía rumbo a uno de los colegios católicos más prestigiosos de Puerto Rico. Lian Molina tenía tan solo 13 años en aquel entonces. “Eran canciones que hablaban de sexo, de alcohol, de cosas sobre las que nadie quiere que escuche su hijo”, rememora la joven, que no supo de la existencia del artista hasta que no entró en ese centro y habló con sus compañeros. “Que llegara nueva y conociera todo esto en un sitio bastante conservador, donde no debían gustar mucho las letras de Bad Bunny, no me lo hubiese esperado nunca”, confiesa.

El punto de inflexión tuvo lugar en la fiesta de fin de curso. “Los papás no querían que pusiéramos esa música, y me acuerdo de que al final de la fiesta, uno de los nenes la apagó, sacó el celular y puso esas canciones, que coreamos a todo volumen”, explica Molina. Aquello sucedió, además, con los padres delante. Fue un acto de rebelión que hoy se torna una metáfora de la trascendencia global que Bad Bunny ha alcanzado en todo el planeta. Tanta, que Lian Molina tiene ahora 23 años y es su padre quien le pone esas canciones: “Es fanático. Me ha pasado que me monto en el carro, son las siete de la mañana y él ya está poniendo a Bad Bunny. ¡No quiero escuchar a Bad Bunny a esa hora!”.

El cantante puertorriqueño también era el secreto de Carlos D. Matos, de 22 años. “No me atrevía a decirles a mis papás que a mí me gustaba”, afirma a elDiario.es. “A pesar de que lo escuchaba, no lo decía. En Puerto Rico somos una sociedad reservada y ellos veían que él se exponía mucho”, explica. Pero con el lanzamiento de Debí tirar más fotos (2025) y su residencia de conciertos en Puerto Rico algo cambió: “Se emocionaron, se adentraron en su carrera y les llamó la atención”. Tal fue la efervescencia, que sus padres acabaron yendo con él a uno de sus espectáculos. Una efervescencia que llega este viernes a España, con la primera de las doce citas que el rapero tiene programadas en el país.

Bad Bunny, en su concierto en el Coliseo de Puerto Rico

Bad Bunny actuará dos veces en el Palau Sant Jordi de Barcelona y hará lo propio hasta en diez ocasiones en el estadio Metropolitano de Madrid. En total, más de 600.000 entradas vendidas. Sin embargo, los puertorriqueños han sido los primeros en poder disfrutar de este evento, ya que Bad Bunny dio hasta 31 conciertos en la isla el año pasado. Matos celebra la “oportunidad de compartir el aspecto musical de nuestras vidas con la familia”: “Nos unió a mis padres y a mí. Debí tirar más fotos habla mucho de nuestra cultura, permite dialogar sobre cómo era Puerto Rico en los tiempos de mis padres, cómo es ahora... Bad Bunny nos brinda ese espacio”.

Dicho espacio ha logrado reforzar el sentimiento de pertenencia puertorriqueño. Karely E. Santiago, de 28 años, también pudo asistir a la residencia del intérprete y siente que “trasciende la música”. “Desde muchas décadas atrás han intentado borrar nuestra identidad. La gente no se da cuenta de que los que nos han colonizado nos han hecho más mal que bien, pero esta carta de amor que hizo Bad Bunny para Puerto Rico nos hace darnos cuenta que hay que estar orgullosos de ser quienes somos y de lo que hacemos”, cuenta sobre el último álbum del artista, que entrelaza la nostalgia por los seres queridos con la defensa de la identidad boricua, abordando temáticas como la gentrificación y el miedo al desplazamiento.

Carlos D. Matos, junto a su amiga y sus padres en el concierto de Bad Bunny

“He pecado creyendo de pequeña que la gente de EEUU era mejor que nosotros, pero Bad Bunny ha abierto la puerta a conversaciones como esta”, agrega Santiago, “y verlo en la Super Bowl, especialmente en esa última parte donde reúne todos los países de América, te enseña que nosotros somos una potencia brutal, que no lo es solamente EEUU”. Es una sensación muy similar a la que ha experimentado Adriana Rivera, de 22 años, que considera que “la relación de Puerto Rico con EEUU es de aspiración”: “El país ha tratado de asimilar lo más posible a EEUU y eso influye mucho cuando uno se está criando. No quieres decir que eres puertorriqueño, quieres decir que eres estadounidense”.

Un ejercicio de memoria histórica

Homenajeando las raíces puertorriqueñas, Bad Bunny ha servido como nexo de unión entre diferentes generaciones. Un ejemplo de ello es la casa que utiliza en sus conciertos, de los años 60 y 70 en Puerto Rico, que representa el cambio del mundo más rural al más urbano en el país. El historiador Rafael L. Cabrera, de la Universidad de Puerto Rico, explica a este periódico que Bad Bunny “mueve estos símbolos nostálgicos hacia el presente y juega con ellos”. “La gente lo achaca a que está revisando la historia del país, pero él realmente no está haciendo nada de historia. Lo que está haciendo es memoria histórica”, apunta.

Fans de Bad Bunny en su concierto en el Coliseo de Puerto Rico, en San Juan

Cabrera destaca que el cantante “ha despertado la sensibilidad y la curiosidad por la cultura puertorriqueña en muchos jóvenes”, algo especialmente importante en un contexto en el que, como país, reclaman haber sido “vapuleados por la retórica de EEUU”. “La pregunta que surge muchas veces es: '¿Por qué esto se ha invisibilizado?'”, reflexiona el historiador, que ahora utiliza en sus clases elementos que Bad Bunny incorpora en sus canciones para enseñar sobre el pasado. Entre quienes lo han notado, Lian Molina: “En todas mis clases de este semestre mis profesores buscaron una manera de integrarlo. Ahí es donde ves que no es un cantante más, que es una revolución en la universidad”.

El artista conecta esencialmente con los jóvenes, una generación que ha crecido en una burbuja de crisis. “Desde el siglo XXI estamos tolerando y resistiendo un tipo de recesión económica, por lo que ellos se preguntan cuál es su futuro en esta situación, cómo hemos llegado a esto”, comenta Cabrera, señalando que “ellos son las consecuencias” y que Bad Bunny les ha impulsado a abordar estos problemas “con otras generaciones”. De hecho, Bad Bunny tituló su residencia No me quiero ir de aquí, una referencia a quienes se ven obligados a abandonar Puerto Rico en búsqueda de nuevas oportunidades. Para Karely E. Santiago, estos gestos importan: “Son pequeñas cosas que nos dan vida para seguir luchando”.

Fans de Bad Bunny se reúnen a las puertas del Coliseo, en Puerto Rico

La joven indica que “convivir en Puerto Rico es un acto de resistencia, ya que a veces muchas personas se van con dolor en el alma por otros trabajos donde les pagan mejor o por otra calidad de vida, pero siempre con el orgullo de ser puertorriqueños”. “Ahora mismo nuestro sistema público de la universidad también está en juego y siento que estos son recordatorios de seguir resistiendo”, añade. Aun así, la economista Indira Luciano, de la Universidad de Puerto Rico, enfatiza que es importante que los jóvenes miren desde el contexto actual cómo se puede mejorar el país, pero sin romantizar lo anterior. “Antes, la situación no era la mejor posible en aspectos políticos y económicos, así que no se trata de volver atrás”, detalla.

Unidos por el español

Asimismo, Bad Bunny ha demostrado que se puede alcanzar el éxito internacional desde una expresión lingüística natural. Maia Sherwood, directora del Tesoro Lexicográfico del Español de Puerto Rico y autora de un diccionario de Debí tirar más fotos, declara a este periódico que escucharlo hablar en español ante medios anglosajones “se ha sentido como una gran validación para los puertorriqueños, pero también para todos los hispanohablantes que han pensado en alguna ocasión que 'no hablan bien'”, transmitiendo un “sentido de dignidad y poder propio a los puertorriqueños y todos los otros pueblos americanos y caribeños”.

Sherwood resalta que “Bad Bunny es un ejemplo de alguien que se ha asumido tal cual es y que, desde ahí, ha manifestado una creatividad espectacular, junto con otras acciones que también son buenos modelos: el establecimiento de puentes intergeneracionales, la colaboración y el apoyo a grupos que solo necesitan un empujoncito para descollar, el poner a Puerto Rico primero”. El reguetonero ha acuñado palabras y frases que resuenan con la experiencia de muchos jóvenes puertorriqueños, como 'P fucking R' y 'Puerto Rico está cabrón', que la lexicógrafa describe como “emociones intensas que van desde el amor profundo por el país hasta la frustración desesperada con la administración de los gobiernos, local y federal”.

“Los jóvenes reclaman honestidad y aceptación de las cosas tal cual son. Esa mirada sin juicio a nuestra experiencia particular, con sus contradicciones, puesto que muchas cosas que los extranjeros no entienden son absolutamente naturales para nosotros, es el punto de partida para plantearnos quiénes queremos ser”, reclama Sherwood. Y el artista, como concluye Indira Luciano, invita a ello sin aludir únicamente a los jóvenes: “Bad Bunny no era alguien a quien pudieran escuchar las abuelitas y los abuelitos, pero unió generaciones a través de su figura, de su álbum y de sus canciones. Hasta los mayores están mirándolo porque lo que canta hace a todos sentirse identificados”.

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