Núcleo Nacional y su salto a la política: “Puede haber un recrudecimiento de la violencia”
Con una cuidada escenificación, Iván Rico se quita el pasamontañas que cubre su rostro. El líder del grupo neonazi Núcleo Nacional anuncia en redes su salto a la política. “Vamos a pelear para que no se sustituya racialmente a nuestro pueblo en su propia tierra”, asegura. La teoría del Gran Reemplazo y el supremacismo blanco como programa.
Para demostrar que va en serio en su apuesta, convoca a una rueda de prensa flanqueado por su hermano David y Enrique Lemus, un histórico de la ultraderecha, y quien inscribió Noviembre Nacional (NN) –el nombre elegido para la andadura democrática– en el registro de partidos.
NN no va a ser el primer partido vinculado al mundo neonazi: la ultraderecha a la derecha de Vox lleva tiempo participando en las elecciones. De la histórica Falange de las Jons (1976) a Democracia Nacional (1995) –de donde viene el propio Lemus– o España 2000 (registrado en 2002), los grupos radicales que orbitan en ese espacio han dado el paso de las calles a las papeletas sin provocar grandes cambios en el panorama electoral español.
Sin embargo, la escenificada maniobra de Rico y los suyos ha tenido una enorme repercusión en los medios. “La pregunta no es tanto qué pasará a partir de ahora, sino qué ha pasado para que estemos en este punto”, introduce Anna López Ortega, politóloga y autora de La extrema derecha en Europa. Para esta doctora en Ciencia Política, lo que diferencia este hecho de otros anteriores es el momento en el que nos encontramos.
Overton y más allá
“En los últimos años las extremas derechas han alcanzado mucho más poder. Y esos movimientos que estaban en los márgenes, que veíamos en la calle puntualmente, ya empiezan a formar parte de las reuniones de partidos institucionales que toman decisiones importantes. Esto es una novedad respecto al siglo pasado”, explica.
Vox, como gran fuerza política de ultraderecha en España, ya integró en sus filas a personas provenientes de estos grupos. “Cuando a Vox le descubrieron varios nazis en las listas, los depuraron. Pero ahora ya no, ahora los rehabilitan. Algunos incluso están al mando de organizaciones dentro del partido o tienen cargos de responsabilidad”, apunta Miquel Ramos, periodista y escritor especializado en extrema derecha.
El hecho de tener un partido con peso en las instituciones que defiende políticas xenófobas ha normalizado debates y afirmaciones que hasta hace no mucho eran inasumibles. Y rescata de la marginalidad un discurso público de odio que se exhibe con orgullo. “¿Qué le parece que le llamen racista?”, le preguntaron a Rico en la presentación de su partido. “Me parece bien”, respondió, sonriendo.
“Núcleo Nacional dice que viene a ‘reventar’ la ventana de Overton, pero eso ya lo ha hecho Vox, y ellos simplemente se están aprovechando de eso”, opina Ramos. “Vox ha conseguido que lo que decían los nazis en los años 90 hoy sea parte del discurso político de la derecha de este país. Basta leer lo que escribió Rajoy sobre los jugadores de Francia”, señala.
Cuando lo radical se convierte en normal o mainstream, hay quien busca ir más allá. Y ahí, en esa lógica exponencial, es donde Noviembre Nacional quiere abrirse paso. “El PP copia a Vox y Vox se radicaliza: pasa de hablar de control migratorio a las deportaciones masivas. Y acto seguido la galaxia supremacista habla de sustitución demográfica. El verdadero problema es que Vox ya gobierna, y que el Parlamento Europeo va a financiar centros de deportación en terceros países. Esta es la verdadera derrota”, sostiene López Ortega.
Más difíciles de ilegalizar
Además del momentum, en la decisión de Núcleo Nacional pesa una cuestión estratégica: un partido es más difícil de ilegalizar y fiscalizar que una asociación. “Ellos siguen siendo igual de neonazis, pero ahora será más complicado analizarlos y rastrear su financiación”, explica López Ortega.
Para Ramos, “se sirven de las herramientas del Estado y de la ley aunque no crean en las instituciones”. De esta legalidad española, porque en otros países los neonazis lo tienen más difícil para hacer política.
“Alemania establece que la democracia no es neutral ante sus enemigos, y debe defenderse activamente. Allí estas asociaciones se prohibirían, se investigarían, tendrían una reacción judicial. Nuestro modelo, en cambio, considera un pluralismo político casi absoluto. El límite de una ilegalización lo pone la Ley de Partidos de 2002, que se pensó para el tema de ETA. Por eso es muy complicado ilegalizar partidos neonazis, porque nuestra democracia acepta las diferencias. Tendrían que ir explícitamente en contra del orden constitucional, por ejemplo, o utilizar métodos violentos. Va a ser muy complicado”, advierte López Ortega.
“No van a poner en los estatutos ‘queremos gasear a millones de personas’. Van a hablar de defender nuestra patria, nuestro futuro, nuestras fronteras. No son tontos. Y no se puede ilegalizar una formación así como así”, señala Ramos, que, sin embargo, cree que esta dificultad “no exime a las instituciones ni a la izquierda de actuar”.
“En la historia democrática española, este tipo de organizaciones neonazis no han caído por sus ideologías, sino porque formaban parte de una organización criminal, como en el caso Panzer) o por una violencia directamente perpetrada. No por la violencia del discurso”, detalla López Ortega, que también destaca la importancia de la “reacción política”.
Multiplicación y escalada violenta
“Más que a nivel institucional o electoral, la incidencia que pueden tener es a nivel de calle. ¿Y esto para quién es un riesgo? Para los colectivos diana, de los grupos nazis –migrantes, personas LGTBI…– y para la gente de izquierdas que pone el cuerpo, colectivos militantes”, enumera Ramos.
Para López Ortega, el efecto puede ser de multiplicación. “Van a aparecer nuevas ramificaciones, por una mayor conexión internacional o porque aparecen nuevos temas o nuevas crisis puntuales, que son las que contribuyen al surgimiento de nuevos grupos supremacistas. Lo hemos visto en Torrepacheco”, ejemplifica.
“No hay nada nuevo con núcleo nacional, nada nuevo. Es decir, es más de lo mismo que venimos viendo hace 30 años. La única novedad es que están teniendo un foco mediático que no han tenido en la vida”, se queja Ramos. .
Estas formaciones nazifascistas, explica, suelen ser fugaces, efímeras. Pero esta nueva marca está aprovechando muy bien la cobertura informativa que está teniendo. “Si las cámaras no estuvieran ahí, nadie se enteraría de que existen. Hay una responsabilidad del periodismo y de las instituciones sobre dónde poner el foco. Porque las cámaras están ahí siempre, aunque a una concentración de Núcleo Nacional vayan una decena de personas. Me gustaría ver una cámara en cada acto de la izquierda que multiplica por mil el número de asistentes”, señala el autor de De España al mundo: la proyección global de la ultraderecha española.
López Ortega apela al frente judicial, a los partidos conservadores y también a la izquierda. “Los que son antifascistas tienen que reaccionar. Hay que dar la batalla en todos los ámbitos, no solo en el Parlamento, sino en las redes sociales. ¿Cuántos tiktokers están dando la batalla por una democracia que tenga en el centro la dignidad del ser humano? ¿Y cuántos tiktokers, youtubers e instagramers están dando la batalla por el supremacismo racial blanco? Ahí está la clave, y no en si hay un grupo neonazi más o menos. Ya no tenemos excusa, sabemos lo que pasó en el siglo pasado”, concluye.
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