Un poeta, Inglaterra y una mano vengadora: la insólita historia de la afición argentina en Bangladesh
Las estadísticas dibujan dos países con muy poca relación. Cuentan que hay apenas cinco argentinos entre los casi 178 millones de habitantes de Bangladesh, y que menos de un centenar de bangladesíes viven en Buenos Aires. Que hay entre los dos territorios más de 17.000 kilómetros de distancia y ninguna historia en común. Sin embargo, este miércoles habrá probablemente más camisetas albicelestes en el quinto país más poblado de Asia que en toda Argentina.
Estas estadísticas son menos fiables que las primeras, pero el periodista deportivo Rajib Hasan se ha encargado de contar en sus redes –y en declaraciones a medios internacionales– que aunque Bangladesh nunca se ha clasificado para un Mundial, posee una afición futbolera que cada cuatro años desborda las calles del país. Y lo hace en su mayoría para apoyar a la selección argentina. Hasan calcula unos 70 millones de hinchas de todas las edades. Según el último censo, Argentina tiene poco más de 46 millones de personas.
Esta pasión aparentemente inexplicable tiene (cómo no) un nexo político y un nombre propio: Inglaterra, precisamente el equipo que se batirá en semifinales con Argentina. Bangladesh vivió bajo dominio británico por casi dos siglos, hasta 1947, cuando pasó a formar parte de Pakistán. Recién consiguió independizarse en 1971. La historia colonial bangladesí y el enfrentamiento de Argentina con Gran Bretaña por las islas Malvinas son la llave de esta historia, la inesperada convergencia entre dos países que no tienen nada en común, salvo una cosa: un enemigo.
Pero las relaciones no se tejen solo desde lo negativo. Cuenta Mercedes Giuffré, analista en Relaciones Internacionales especializada en Asia, que estos insólitos lazos entre Argentina y Bangladesh comenzaron a principios del siglo XX y tuvieron más que ver con el amor.
El poeta y la escritora
En 1924, el Premio Nobel de literatura Rabindranath Tagore enferma en el barco que le llevaba a Perú y se ve obligado a desembarcar de urgencia en Buenos Aires. Los periódicos del momento se hacen eco de la noticia, y la escritora Victoria Ocampo, profunda admiradora del poeta, se acerca a visitarlo.
Ocampo, una mecenas adelantada a su tiempo y una figura clave de la historia cultural argentina, aloja a Tagore durante unos meses. Allí nace una amistad que duraría hasta la muerte del poeta en 1941, una profunda relación platónica e intelectual que inspiró libros de ambos e incluso ha sido abordada por el cine. Esa cercanía genera interés en la intelectualidad local por la situación del pueblo bengalí, que poco después, en 1943, sufre uno de los capítulos más trágicos y oscuros de su historia: la Gran Hambruna de Bengala, una catástrofe humanitaria provocada por la confiscación de suministros de alimentos impuestas por el gobierno de Winston Churchill en plena Segunda Guerra Mundial. Se calcula que murieron entre 1,5 y 3 millones de personas.
En 1971, Ocampo y el escritor Jorge Luis Borges firman un manifiesto y salen a la calle para apoyar la independencia de Bangladesh, que una década después sería uno de los países que apoyaría a Argentina en todos los foros internacionales en su reclamo de las Malvinas, unas remotas islas en el Atlántico sur ocupadas por Gran Bretaña.
Poco después de la guerra de Malvinas de 1982, llega el Mundial en el que Argentina le gana en cuartos a Inglaterra con dos goles de Maradona que son ya historia del fútbol. La estrella mundialista de 1986 es la que multiplica esos lazos improbables hasta la locura: los bangladesíes ven en Diego y su ‘mano de Dios’ al artífice de la venganza contra la Gran Bretaña colonial, y su figura se convierte en devoción deportiva.
Una devoción que crece y se instala en el país, incluso entre las generaciones que no vieron jugar al 10 de Villa Fiorito en aquellos televisores a color que se popularizaron en Bangladesh para disfrutar de México ‘86. Y de la camiseta de 'D10S', a la 10 de Lionel Messi.
Un Lionel Messi que juega su último Mundial, y que nunca se ha enfrentado a la selección inglesa. “He jugado contra todos menos contra Inglaterra, así que también será bonito por eso”, ha dicho el capitán argentino. Y aunque el entrenador Lionel Scaloni ha rebajado expectativas recordando que es “solo un partido de fútbol”, el encuentro se vivirá seguramente con una intensidad extrafutbolística.
“Por Malvinas / Por el Diego / Por la última de Leo / Argentina quiero verte bicampeón”, canta la hinchada argentina en el Río de la Plata. A 17.000 kilómetros, otra afición albiceleste agitará sus banderas, aunque no lo haga a ritmo de cumbia, que no todo se contagia tan fácil. Tiempo al tiempo.
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