“Nuestros mejores meses no son ni julio ni agosto”: el barrio de Ibiza que rompe con los tópicos de la temporada alta
El 31 de agosto es un día de intensa movilidad en la isla de Eivissa. Las vacaciones para algunos turistas se terminan mientras que para otros están a punto de empezar, lo que lleva aparejado un ajetreo de maletas que bajan y suben de las habitaciones de los hoteles, así como taxis que entran y salen del aeropuerto con más frecuencia. Esta circunstancia también se ve reflejada en algunas zonas turísticas, como el barrio de ses Figueretes. En apariencia están más vacías estos días, pero lo que se desprende de las cifras más actualizadas es un nuevo verano de récord en la llegada de visitantes, lo que está generado malestar entre los residentes y nuevas protestas en torno a la turistificación. “Mientras haya playa, el negocio irá bien”, resume el encargado de uno de los souvenirs de la zona.
Figueretes es un barrio con una de las tres playas urbanas del municipio de Eivissa, ciudad que ya tiene 56.549 personas empadronadas –según el Ayuntamiento–, lo que la convierte en la segunda con más habitantes, solo por detrás de Palma. Hace ya cuatro años que el paseo marítimo recibió una importante inversión: 4,3 millones de euros –casi 2,6 procedentes de la tasa turística– con el objetivo de priorizar la circulación peatonal y mejorar la conexión directa con la playa.
Además, el Ayuntamiento –donde gobierna el PP con mayoría absoluta– aprobó en febrero de 2026 la declaración de este y otros barrios de la ciudad –Platja d’en Bossa, Es Viver, La Marina, Es Prat de Vila, Dalt Vila, Talamanca y ses Figueres– como “zonas turísticas saturadas y en reconversión”. Pese al discurso de los sectores institucionales –y la mayor parte de los empresariales– sobre la necesidad de aplicar políticas de “contención” en la llegada de visitantes, las Illes Balears recibieron más de dos millones y medio de turistas en el mes de julio –un incremento del 0,12% respecto a julio de 2025–, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
La temporada empezó “bastante bien”
En este último día del mes de agosto, la playa está todavía tranquila a primera hora de la mañana, mientras algunos negocios empiezan a abrir sus puertas para servir los desayunos. En uno de estos locales –sirven brunch, zumos naturales y batidos– que abrió a principios de marzo, la temporada turística empezó “bastante bien”. “Vino mucha gente, sobre todo por las aperturas de las discotecas”, explica el encargado. Sin embargo, como han asegurado otros hosteleros, los meses de julio y agosto han sido más flojos. “Desde la perspectiva de la hostelería, muy flojo”, afirma y atribuye la bajada a la celebración del Mundial de fútbol en Estados Unidos. “Hasta después no empezó a venir más gente”, atestigua.
La caída en los meses fuertes de julio y agosto en la oferta complementaria no se ha visto reflejada en los datos de ocupación hotelera disponibles –julio, a falta de agosto–. La ocupación en el municipio de Eivissa ha sido del 91,15% en el mes de julio, dos puntos más que el año pasado durante el mismo mes, según datos facilitados por la patronal hotelera pitiusa (FEHIF). En la primera línea de playa –sin contar aquellos que están más adentro de la ciudad– hay casi una decena de hostales, hoteles y/o apartamentos vacacionales, así como casi una veintena de bares, cafeterías y restaurantes.
El encargado del primero de los restaurantes consultados, que lleva tres años trabajando en el barrio, describe que atraen un tipo de turista “más familiar, de gente más tranquila”. “Otros años había gente mucho más fiestera: a las ocho de la mañana pedían cócteles, alcohol, venían de after para seguir con la fiesta”, asevera. Este hostelero afirma que también atraen a gente del fitness, que “sale a correr, entra y se toma un zumo natural”. El cliente medio es el turista inglés.
Otro de los restaurantes de la zona ofrece un menú variado en su carta, con carnes, pescados, recetas con influencia oriental, así como veganos. Abrió durante los primeros días de abril, y cerrará a finales de octubre, como la mayoría. “Los primeros meses fueron muy fuertes”. “Realmente nos asustamos”, explica una trabajadora, que compara este incremento respecto a los años anteriores, que ya tuvieron un balance de incremento general, sobre todo tras el fin de la pandemia de coronavirus.
Cae el turismo de restauración
Igual que en el caso anterior, julio y agosto han sido meses con menos trabajo, aunque esta trabajadora pone contexto a esta actividad más baja. “Los restaurantes de aquí trabajamos con clientes de abril, mayo, junio, septiembre y octubre. Nuestros mejores meses no son ni julio ni agosto”, aclara. El caso de este local no es particular, sino que es la panorámica general, puntualiza.
La zona de ses Figueretes están dejando atrás, poco a poco, el turismo de “masas”, explica esta trabajadora, que añade que no tienen apenas clientes de “todo incluido”. “Los meses de julio y agosto, que en general son los del ‘todo incluido’, nosotros lo notamos. Y en agosto este año ha sido realmente muy, muy heavy”, analiza. En general, la empleada apunta a que se trata de una zona “más familiar, en general”. “Pero tenemos parejas también, gente que viene a tomar cócteles. No solo padres y madres con hijos”.
Los meses de julio y agosto, que en general son los del ‘todo incluido’, nosotros lo notamos. Y en agosto este año ha sido realmente muy, muy heavy
A diferencia de otros locales del barrio, en este restaurante salvaron los muebles durante el mes de julio porque tenían una pantalla para que los clientes pudieran ver los partidos. “Eso nos favoreció”. Si no la hubieran tenido “hubiese sido peor”, reconoce. El perfil de cliente que atraen es el turista europeo con poder adquisitivo medio alto, que gasta dinero y deja propinas: alemanes, británicos, italianos, franceses y holandeses, sobre todo. Un tipo de visitante que no suele visitar esta zona durante los meses de julio y agosto.
Pese a que la mayoría de negocios son de temporada, unos pocos mantienen las puertas durante todo el año, aquellos que dan vida al barrio al margen de la llegada masiva de turistas. En uno de estos restaurantes –con una carta basada en la dieta mediterránea–, una de las trabajadoras cuenta que la mayor parte de la plantilla trabaja “todo el año” en el local. “Nosotros en verano trabajamos más de noche que de día. Ahora que llega el invierno es totalmente al revés: trabajamos más de día que de noche”, explica. Para ellos, la temporada empieza cuando termina el verano, por lo que está menos centrada en los meses de julio y agosto, y más en los meses de otoño, invierno y primavera.
La temporada de los locales empieza cuando termina el verano, por lo que está menos centrada en los meses de julio y agosto, y más en los meses de otoño, invierno y primavera
“El turismo ha cambiado, ahora hay más gente joven, antes venían más familias”, asegura esta empleada, que lleva tres años trabajando en el restaurante, y vive en la isla desde el 2017. “Vienen más a disfrutar del verano y de la noche que de los restaurantes y del servicio”. “Están menos tiempo y se van más de fiesta”, afirma. De hecho, trabajadores y empresarios de esta zona describen la llegada de un nuevo fenómeno sociológico: viajeros que cogen un vuelo de un día. Comen en cadenas de comida rápida, dejan la maleta en locker (taquilla), salen de fiesta, duermen en la playa, y se van.
Los últimos datos publicados por Ibestat reflejan que por Eivissa y Formentera han pasado 711.357 turistas en el mes de julio. Es decir, 4.592 más que en el mismo periodo de 2025. La estancia media en el mismo mes ha sido de 3,39 días respecto a los 3,17 días de julio de 2025, según el INE. Es decir, el incremento es del 6,9%. Las Illes Balears, en general, han sido el primer destino principal de los turistas en julio, con el 22,3% del total. Le siguieron Catalunya (20,6%) y Andalucía (14,6%), según la Estadística de Movimientos Turísticos en Fronteras (FRONTUR) que publica el INE.
Las Illes Balears, en general, han sido el primer destino principal de los turistas en julio, con el 22,3% del total. Le siguieron Catalunya (20,6%) y Andalucía (14,6%)
María Costa, presidenta de la patronal hotelera (FEHIF), explica que la valoración de los meses de julio y agosto es “positiva”. Esta empresaria, que regenta un hostal modesto y sobrio de la zona de Figueretes, recuerda que la isla viene de “muchos años de crecimiento, sobre todo, después del coronavirus”. Así, matiza que cualquier pequeña variación a la baja en cuanto a los beneficios de las empresas puede dar una percepción “catastrófica” de la situación económica, cuando los datos siguen mostrando una ocupación muy elevada. De hecho, el histórico de julio de 2018 a 2026 –obviando los años pandémicos 2020 y 2021– muestra que en el municipio de Eivissa la ocupación se mueve en unos márgenes de entre el 88,67 y 92,46%, lo que suponen cifras muy elevadas.
Respecto a la pérdida de turismo familiar en esta zona de Eivissa, la presidenta matiza que Figueretes “no es el lugar para valorar el turismo familiar, como lo sería Sant Joan, Santa Eulària, o zonas de Sant Josep como Cala Tarida o de Sant Antoni como Port des Torrent”. Costa matiza que con la promoción de eventos deportivos, en los últimos años, Figueretes está atrayendo a un tipo de turista –en octubre, fuera de los meses de verano– diferente, más familiar y que, en su opinión, “nos conviene”. “Es un turista que disfruta de la isla, aprovecha muchos los días y viene a competir”.
Contra el alquiler turístico ilegal
En cuanto al debate sobre la saturación, las instituciones ibicencas –todas gobernadas por el PP– consideran que el problema está en el alquiler turístico ilegal y la oferta no reglada. En la isla hay unas 100.000 plazas turísticas, mientras que la población residente se sitúa en torno a las 168.000 personas. El nuevo gerente de FEHIF, Santiago García, explica que las instituciones han trabajado en dos vías: el Consell Insular inspecciona y sanciona por la vía turística, mientras que los ayuntamientos inician procedimientos de sanción por la vía urbanística –cambio de uso sin título habilitante–.
“Las medidas están teniendo efecto y eso es positivo”. El alquiler turístico ilegal, afirma García, perjudica principalmente a la gente que vive o quiere vivir todo el año en la isla. “La vivienda está pensada para tener un uso residencial”, indica y recuerda que, además de sacar del mercado vivienda que se podría alquilar a trabajadores, amigos, parejas o familias, ocasiona molestias en los vecinos debido al ruido, entre otros problemas asociados. El alquiler turístico está prohibido en toda la isla de Eivissa en los edificios plurifamiliares, quedando relegado a las casas de campo –con licencia turística– o a los apartamentos vacacionales.
“Ibiza está reduciendo la presión turística ilegal sin atacar al turismo legal”, explica Mariano Juan, vicepresidente primero y conseller insular de Ordenación Turística y Lucha contra el Intrusismo en X (antes Twitter). Desde marzo de 2026, el Consell d’Eivissa ha iniciado 785 inspecciones, ha abierto 360 expedientes y ha precintado 32 viviendas que funcionaban como pisos turísticos ilegales, según Juan.
“Los recursos de la isla están dimensionados en relación a una oferta turística legal”, opina Costa y añade que la indignación que hay entre la sociedad ibicenca por la saturación tiene su origen en este problema. Sin embargo, los resultados “se ven a largo plazo, no a corto”. La presidenta de la patronal hotelera considera que hay que “seguir trabajando en esta línea”. “Al final, no saldrá a cuenta alquilar a turistas porque las multas son contundentes”, asegura. La sociedad debe hacer una reflexión sobre cuál es el modelo turístico que queremos tener, indica Costa, que en su opinión debe alcanzar “un equilibrio entre residentes y turistas”. “En la isla, muchas otras alternativas –al turismo– para vivir no tenemos”, concluye.
Precisamente, en la última semana de agosto diferentes colectivos ibicencos han ocupado espacios públicos y playas para comer, tomar algo y reivindicar que los residentes también tienen derecho a disfrutar de la isla en los meses de verano, criticando los procesos de turistificación que acaban engullendo un territorio sensible, que apenas sobrepasa los 572 kilómetros cuadrados. Un tipo de protesta que también han protagonizado los vecinos de Palma en una de las zonas más emblemáticas de la ciudad.
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