Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
El Mundial de Gonzo

La segunda estrella de España desde un bar pijo de Nueva York

La gran pantalla en el Metlife Stadium de Nueva York, donde se disputó la final
20 de julio de 2026 01:57 h

32

No saber decir no y echárselo en cara a uno mismo durante esas conversaciones íntimas que van construyendo el yo a lo largo de la vida no deja de ser muchas veces un autoengaño. Acusarte de no saber decir no es la mayoría de las veces no querer reconocer que no quisiste decir no. No caeré, por tanto, en ese truco de la mente para justificar el punto de partida del viaje que me llevó a Nueva York el día que España ganó su segundo Mundial. Cuando dije sí a la propuesta de cruzar el charco a gastos pagados dos veces en cuatro días, lo hice con la esperanza de acabar sentado en una grada del Metlife Stadium con una invitación.

Era un viaje de trabajo placentero programado que se aceleró cuando España se citó en su segunda final mundialista. Solo tenía una línea roja: no pagar lo que la FIFA dice que valía vivir la final en directo: 17.000 dólares la entrada más barata a 48 horas del inicio del partido. Hay fiestas en las que no se participa aunque puedas pagar la entrada y tengas en el armario la ropa exigida. En la cola de embarque unos señores reconocían haber pagado 8.000 dólares por la entrada. “Igual dejo a los niños sin universidad, jajajajajaja”, llegaron a decir. Ese era el precio al que la RFEF puso algunas de las entradas de las que dispuso tras confirmarse que jugaría la final. A nosotros también nos las ofrecieron y no dudamos ni un segundo. Esta vez supe decir no.

La aventura estuvo a punto de no empezar por un plátano olvidado en la mochila. Con todas las precauciones que tomé para no generar dudas en el control de pasaportes del aeropuerto de Newark (Nueva Jersey), casi me deja en la estacada una simple banana que ni era de Canarias. “¿Trae usted comida, tabaco o alcohol?”. Hostias. Llevo un plátano que metí por si me entraba el hambre…. “Acompáñeme, por favor”. La inspección quedó en anécdota y al reencontrarme con mis compañeros de viaje me enteré de que lo de entrar con invitación en la final estaba descartado. Había algo de vergüenza y dolor en el tono de quien me convenció para viajar y en ese momento me tenía que dar la mala noticia. Creí conveniente en ese momento confesarles a mis compañeros de viaje que un par de años antes había viajado con amigos influyentes a Liverpool contando con que nos iban a invitar a un partido en el que el equipo local se jugaba el campeonato con el Manchester City.

El fiasco de aquel viaje lo acabó contando Rafa Cabeleira en el 'Hoy por Hoy' de la Cadena SER y fuimos el hazmerreír de la profesión por unos días. En esta vida hemos venido a jugar y de esa burra no me pienso bajar. Fue un momento “trágame tierra” lo suficientemente breve como para transmutar en carcajada colectiva. Por increíble que parezca y por mucho que contradiga lo que escribí hace un mes en este espacio, Nueva York desbordó durante el fin de semana fútbol por los 5 boroughs. El negocio manda. La mayoría de escaparates se subieron a la moda del Mundial y camisetas rojas y albiceleste adornaban desde los Deli indios en las esquinas de Staten Island hasta las tiendas más pijas de Columbus Circus. El sistema de alertas informaba a los neoyorquinos más alejados de la realidad de los mortales; en las autopistas los luminosos informaron de cortes y atascos para el domingo. Por las calles esas camisetas vestían a una amplia minoría. Lo llamativo es que muchas de esas personas no hablaban ni castellano ni español. Conclusión: en pleno Nueva York la FIFA y el fútbol marcaron un buen gol.

Llegó el día. En el este de Estados Unidos el partido lo retransmitió la FOX. Entre los comentaristas estrellas contaban con Thierry Henry que, para explicar el estilo de juego que define a cada selección, buscó símiles con el beisbol, el baloncesto y el fútbol americano; no vaya a ser que mis vecinos del bar Onieal's se aburran y no entiendan la obra que España está a punto de ejecutar.

El exjugador francés sabe que se dirige a norteamericanos que sin entender muy bien este deporte se han dejado llevar por la marea que invade el país y reservaron mesa en su bar de siempre para pasar una comida de domingo un “little bit diferent”. Henry les dice que lo que hace España es defenderse con balón porque “no hay límite de posesión en el fútbol” y pueden usar la pelota para lo que quieran. Mientras comentan entre ellos llegan los anuncios. A la vuelta entrevistan a Trump, que en este bar pasa sin pena ni gloria. Los camareros nos preguntan si somos argentinos o españoles y, como respuesta pero también para entreneternos, empezamos a cantar: “Espantina!!!”, Nos miran con cariño condescendiente y siento que, a falta de dos horas para que empiece el partido, somos lo mejor de su soccer experience del día. Podrán contar que vieron el partido con cinco gallegos que les comimos la oreja hablando sobre nuestra relación con España y Argentina. Sobre ese tema tenemos historias e Historia para aburrir. Y los americanos se aburren pronto, así que volvimos a cantar.

La previa de la FOX se divide entre un icono que resulta familiar a los estadounidenses (Messi) y un producto que tiene mucho futuro en esta tierra (Lamine). A Messi lo comparan con Tiger Woods y Jordan y le dedican una pieza de cuatro minutos que suena a despedida. A Lamine lo venden como el futuro. Se presenta en el estadio con un look que en este país está cargado de simbolismo. La estrella de España viste como un rapero de Compton. O del Bronx. O de cualquier lugar del que no debería salir un joven para acabar siendo rico y exitoso. Esas historias gustan mucho a los propietarios de medios y relatos de este país. Alabar y promocionar a un inmigrante de barrio parece ahorrarles a esos blancos poderosos minutos de rezo y confesión. Entra en el bar un tipo con una camiseta del Tottenham. Llega a la mesa de los amigos y se da la vuelta: es la camiseta de Pedro Porro. Es americano, viste camiseta de equipo inglés y va con España. Su ejemplo me anima y, ¡qué carallo! Me quito mi camisa aséptica y neutral y decido vestir la camiseta del Celta con el 7 de Borja Iglesias que llevo guardada en la mochila. Es hora de significarse. También de confundir: la gente del bar asocia celeste con argentina y me empiezan a mirar gritando “Let’s go, Messi”. FOX muestra imágenes de Madrid, Barcelona y Zaragoza. Sobre todo de Zaragoza, y siempre se cuela una bandera con la cruz de Borgoña.

Gonzo en el bar Onieals, en Nueva York, durante la retransmisión de la final.

Cuando vuelven a la señal desde el Metlife Stadium nos muestran el plano de Gianni Infantino, Donald y Melania Trump tras un cristal blindado y acto seguido suena el himno americano. Se hace el silencio en el Onieal's hasta que los clientes que ya llenan el pub rompen en aplausos cuando finaliza. “Flipante” es el único comentario que se escucha en nuestra mesa. Cuando llegó la hora del fútbol la televisión va perdiendo protagonismo poco a poco en favor de los selfis, los pulgares deslizándose por las pantallas y las conversaciones. Las cabezas se giraban hacia las teles como en una coreografía cuando desde las mesas que estábamos pendientes del partido se transmitía algún pico de emoción. Los momentos aparentenente planos en los que manda la táctica y se disputa el control del centro del campo no acaba de atraer a los habituales del bar. Lo más parecido a un gol que se cantó al otro lado de la barra hasta el que hizo Ferran fue la aparición de Shakira en el show del intermedio. Se ve que aquí la aman. El aplauso al final de su brevísima actuación fue lo más cerca de la unanimidad del respetable que estuvimos durante toda la final.

Por mucho que los europeos no compartamos la cesión de valores y principios que supuso el descanso más largo de la historia del fútbol en este bar entiendo que los estadounidenses, como cualquier otro pueblo, tienen sus filias y cualquier apuesta por hacerse con su atención pasa por darles aquello que les emociona, en este caso, música-espectáculo y las celebrities.

Acompasada a la manera en que España acorrala a Argentina en la segunda parte, la parroquia del Onieal's aplaza las cuestiones con las que se evadieron de la primera parte de la final. El remate de cabeza de Ferran que casi entra, la inseguridad del Dibu y las cabriolas de Lamine han macerado a los que ya son feligreses del fútbol. Fue el momento en el que Enzo Fernández puso en órbita a Cubarsí, cuando los norteamericanos con los que ya nos comunicamos a base de gestos y sonrisas entraron definitivamente en el partido. Violencia con consecuencias que la FOX siente que debe explicar con un rótulo que indica “Down to 10 players” (“se quedan con 10 jugadores”). Cuando el Dibu despeja el último disparo de Lamine al borde del final, los argentinos del lugar saben ya a ciencia cierta que su equipo ha perdido el favor de los parroquianos que vienen a su bar habitual a vivir emociones fuertes de domingo. Esperando a la prórroga me acuerdo de que la intención de esta aventura era estar dentro de lo que muestran las pantallas de televisión del bar. No lo echo de menos. No me arrepiento de no saber decir no. Permítanme no comentar el gol anulado. Ya estarán aburridos de leer, ver y escuchar versiones sobre la jugada.

En el Onieal's no cambió nada de lo que se respiraba y en nuestra mesa optamos por no insistir. Otra ronda y a seguir. Alguien nombró el minuto 116 y poco después la FOX mostró entre otros a Iniesta. Goooooool. Once minutos antes que en 2010. Ganan once tipos que son un equipo. Ahora mismo, el mejor del mundo. El resto del partido la gente lo ve de pie. Este es solo un bar de pijos neoyorquinos que ha visto cómo toda una final del Mundial que se les vendió como un Lamine vs Messi acabó siendo una obra coral. Y les gustó. Dicho y vivido todo esto, me quedo con la pena de una última imagen de un futbolista al que voy a echar mucho de menos. Gracias por tanto, Messi. Se lo quería haber dicho a los argentinos que había en el bar, pero se han ido.

Etiquetas
stats