Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

España gana su segundo mundial: el último baile fue colectivo

Rodri levanta al cielo la Copa del Mundo junto al resto de la selección, con Trump e Infantino en una esquina del podium.
20 de julio de 2026 01:05 h

114

No era solo un partido de fútbol. Nunca lo es la final de un Mundial. En el palco estaban Donald Trump, presidente de los Estados Unidos y aspirante a líder del mundo libre, junto al presidente de la FIFA y a ratos su chico de los recados, Gianni Infantino. Y su némesis en el país, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Y Pedro Sánchez, el presidente español y el líder europeo que más ha chocado con Trump. Y los Reyes de España. Y Tom Cruise en el césped con su discurso sobre la importancia del fútbol. Y una lista de celebridades que daría para completar varias carteleras de Hollywood. Y 81.000 espectadores capaces de pagar más de 5.000 euros por una entrada. Y 1.800 millones de personas, la audiencia estimada, ante las pantallas en todo el planeta.

En las horas previas, los titulares de la prensa deportiva, siempre espectaculares, muchas veces reduccionistas, lo vendieron como el primer (y tal vez último) duelo entre Leo Messi y Lamine Yamal. Desde el inicio del Mundial se había preparado el último baile del mejor jugador de la historia, la reedición de la temporada final de Michael Jordan cuando logró el sexto anillo para Chicago después de un año y medio retirado para jugar al béisbol. Sucede que Messi nunca llegó a desatarse del todo las botas: se fue del Barça a París y de allí a Miami, empezó a jugar a un ritmo más lento, pero con el balón todavía cosido a su pie izquierdo. En este Campeonato del Mundo se las apañó para llevar a Argentina a su segunda final consecutiva, entre goles y asistencias pero también entre polémicas y sospechas de que la FIFA (que controla los arbitrajes) tenía demasiado interés en verlo allí.

Enfrente de Messi no había un jugador capaz de hacer sombra al mejor de todos los tiempos. Pero sí un equipo, con su presión alta, las ayudas defensivas y el juego de posesión. Si solo fuese un partido, que nunca lo es la final del mundial, esas eran las armas.

En la primera parte el respeto entre ambas escuadras se impuso al fútbol. España tuvo más el balón sin llegar a crear ocasiones peligrosas ni disponer de un dominio absoluto. Gracias a un rebote, una combinación entre Olmo y Lamine acabó con un disparo de este casi sin ángulo que atajó el Dibu Martínez. Otra jugada colectiva acabó en un disparo de Oyarzábal que tampoco inquietó al portero argentino. Cucurella lo intentó también desde su banda pero el tiro salió fuera. Lamine no acababa de imponerse en su banda y a sus escasos centros no llegó nadie. Olmo, Fabián y Rodri se hicieron a ratos con el medio del campo, sin que el equipo rival pareciera incómodo.

Enfrente, Argentina lanzó varios balones largos que obligaron a Unai Simón a salir dos veces de su área, el primero de ellos a punto estuvo de dejar solo a Messi. El 10 no tuvo gran protagonismo en la primera mitad, pero en su última versión, al borde de los 40 años, tampoco necesita estar enchufado todo el partido. La mayor parte del tiempo camina por el campo esperando su momento. No se implica en defensa y eso lo asumen sus compañeros que se multiplican para que el elegido llegue despejado al momento crucial del partido.

Tras el larguísimo descanso (de 30 minutos para montar un show al estilo de la superbowl, otra vez a costa del reglamento del fútbol, que establece una pausa de un cuarto de hora), el balón ya fue español. No solo fue posesión, también las llegadas a portería. Por la izquierda con Lamine, por la derecha con Baena primero y Nico Williams, después... Desde fuera del área, donde lo intentaron Rodri, Cubarsí y al final incluso Pedri. El portero argentino, Dibu Martínez, tuvo que intervenir varias veces. En los primeros 96 minutos, la selección sacó ocho córners por uno de Argentina, que sufrió el desgaste de la presión y de haber pasado por tres prórrogas en el Mundial. Cayeron sus dos centrales titulares por lesión. Y al borde del final del tiempo reglamentario Enzo Fernández acabó expulsado por doble amarilla.

Luis De la Fuente metió en el campo a Merino y Ferran, que habían sido talismanes en las eliminatorias, y a Pedri para abrir espacios. Pese al asedio, 90 minutos (con el alargue de las pausas de recaudación) no fueron suficientes. Pero la prórroga ya sería de 11 contra diez. La ocasión más clara en ese tiempo extra fue un centro de Pedri que Nico remató de cabeza en el área pequeña. El balón lo volvió a sacar el Dibu. En el 96 se produjo la jugada polémica del partido (de la que con otro final se hubiera hablado durante años). Merino recibió el balón de espaldas en el área, no logró controlar, como tampoco lo hizo el meta argentino, y el balón cayó a Nico Williams. Gol celebrado por poco tiempo: el árbitro interpretó que Merino había pisado al defensa. Anulado.

El entrenador argentino, Leo Scaloni, sacó a Julián del campo para meter otro defensa más. Su objetivo ya solo parecía llegar con vida a los penaltis.El equipo español seguía asediando y un centro de Nico Williams lo envió Merino fuera por muy poco. Luego hubo un par de tanganas. Argentina intentaba que corriese el tiempo, España, que lo hiciese el balón. Y así se llegó al descanso de la prórroga. Y en el minuto siguiente, el 105 de partido, la jugada que se recitará en los próximos años, como la de Iniesta en Sudáfrica que un país entero se sabrá de memoria.

Zubimendi, que había entrado por Rodri, el mejor jugador del campeonato que acabó lesionado, jugó para Lamine. Como tantas veces en estas seis semanas, el 19 vio asomar a dos defensas y cedió el balón a su socio en la banda derecha. Pedro Porro puso un centro llovido al segundo palo y allí, Nico Williams, con su 1,81 de estatura, llegó con la cabeza para dejarla hacia atrás. Ferran Torres, otro nombre para la historia, reventó primero la red y luego el banderín de córner en la celebración. Fiesta total entre la expedición española: quedaban 14 minutos para la gloria, con un jugador más contra una Argentina que parecía fundida.

Las prisas a partir de ahí parecían argentinas y el rondo, por momentos, fue español, con olés incluidos en el público de New Jersey. Argentina colgó un balón desde muy lejos al área de España y un nuevo contraataque de Ferran acabó en gol, pero fue anulado por fuera de juego. Cuestión de centímetros, menos de medio brazo, según los muñequitos que dibuja el sistema informático.

Pero entonces entró en escena Messi, desaparecido durante casi todo el encuentro. En el minuto 115 dejó de caminar por el césped y se fue a la derecha, desde donde había arreglado todos los desaguisados de Argentina durante el campeonato. Primero puso un balón al área que acabó en un córner que él mismo sacó en corto. Buscó un apoyo y su centro, al segundo palo, como el que permitió remontar contra Inglaterra, se fue por encima del larguero. La réplica en la otra área la tuvo Nico Williams: con todo para sentenciar erró en la definición.

Los últimos momentos del 10 en el mundial se convirtieron en un tormento para España. En una jugada posterior disparó con fuerza desde fuera del área y golpeó a Merino en la cabeza que cayó desplomado. Recibió atención médica y regresó al campo.

Con todo el equipo esperando el balón en el área la siguiente falta a favor de Argentina la volvió a sacar Messi en corto para que le devolviesen el balón. Ahí fabricó un espacio para Giuliano Simeone que centró al corazón del área. Intentó rematar Senesi, con todo para empatar, pero llegó antes Cubarsí y mandó el balón a córner mientras dos países enteros contenían la respiración. Volvió a sacarlo Messi. Y una sucesión de rechaces acabó en otro saque de esquina. Messi, de nuevo en el córner en el descuento de la última prórroga. En esos minutos agónicos no peleó solo contra el reloj, también contra su propio calendario. Puso el balón al primer palo con bote y el remate posterior de Simeone junior se fue alto.

Fue la última de Argentina y un trago superado para España, que había puesto el fútbol, siempre coral durante la mayor parte del encuentro. El árbitro pitó el final. Rodri fue elegido el mejor jugador del mundial pero el triunfo es colectivo: de quienes formaron cada once inicial y de aquellos que salieron desde el banquillo y también fueron determinantes, como Ferran Torres en la gran final, como Merino antes, como Zubimendi los minutos que hizo falta, Pedri o Marcos Llorente.

Igual que en 2010 en Sudáfrica y nunca antes, campeones del mundo. Rodri, el capitán, esperó a que Trump, uno de los grandes estorbos de este mundial, se saliese de la foto para levantar la Copa del Mundo, la segunda de España en su historia. En los álbumes del futuro saldrá en una esquina junto a su subordinado, Infantino, mientras una de las mejores generaciones de futbolistas de la historia celebran su gesta.

Un triunfo, decíamos, colectivo. Los números no explican todo el fútbol pero a veces ayudan a entenderlo: el equipo más ofensivo recibió solo un gol en contra durante ocho partidos contra las mejores selecciones del planeta. Y Argentina, la vigente campeona, no llegó a tirar entre los tres palos, durante 120 minutos.

En el reverso de la foto que siempre depara el deporte: Messi, el mejor jugador de todos los tiempos, llora con su medalla puesta mientras mira a la grada. El último baile fue colectivo y también español. A él le espera LA HISTORIA.

Etiquetas
stats