“Para mí el año empieza en septiembre”: por qué el fin del verano es un momento de reinicio para muchos
“Septiembre es un lunes por la mañana”, “el 1 de septiembre es año nuevo”, “en septiembre empieza todo” son frases fáciles de encontrarse estos días. Hay quien lo vive con la ilusión de las nuevas oportunidades y expectativas y, por supuesto, quien lo enfrenta con la melancolía de un verano o espejismo que llega a su fin, pero para casi nadie es un mes más.
“Para mí el año empieza en septiembre, siempre ha sido mucho más 'año nuevo' que enero”, asegura Laura, profesora de 34 años. “Llega enero y sí, cambia el año, pero al final tu vida el 2 de enero es prácticamente la misma que el 30 de diciembre. En septiembre, en cambio, siento que realmente empieza algo, supongo que tiene mucho que ver con que llevemos toda la vida funcionando en cursos”, defiende.
Para María, enfermera de 22 años, el fin de agosto marca una frontera en su rutina: “Es como si el verano fuera una pausa y septiembre fuera el botón de 'empezar de nuevo'”. “Me compro una libreta nueva, me marco objetivos y tengo más ganas de crear hábitos”, describe, una percepción compartida, por una parte, importante de la sociedad que encuentra en la vuelta de vacaciones el verdadero punto de partida.
Las razones, a pesar de que este fenómeno social ha sido muy poco estudiado desde el punto de vista científico, cruzan la biología, la historia y la psicología. “Vivimos con los ciclos de la naturaleza, entonces nos afectan las estaciones, y el inicio del otoño es el momento de soltar cosas, de organizarse y prepararse para lo que viene”, explica la psicóloga Isabel Aranda, especializada en el ámbito laboral, que detecta en septiembre un punto de partida similar al de enero.
“Además, a la hora de plantearse metas, una frase muy común es hablar de aquí a final de año” como forma de acotar el espacio temporal, señala la psicóloga, que añade que las empresas tienen tan estudiada la predisposición social en esta época que tradicionalmente era cuando se iniciaban las enciclopedias, fascículos o artículos coleccionables.
Es como si el verano fuera una pausa y septiembre fuera el botón de 'empezar de nuevo'. Me compro una libreta nueva, me marco objetivos y tengo más ganas de crear hábitos
La psicología científica nombra como fresh start effect o ‘efecto de nuevo comienzo’ esa necesidad de establecer “hitos temporales”, como el inicio de una semana, un mes o un cumpleaños, para dividir la percepción del tiempo o establecer nuevos periodos. Recoge estos términos una investigación hecha por un grupo de psicólogos de la Universidad de Pensilvania en 2014, que analiza cómo estos marcos temporales ayudan a que las personas perciban un antes y un después, eleven su perspectiva del presente e inicien objetivos. Aunque los autores aclaran que se trata de una tendencia promedio y, por tanto, no puede considerarse que afecte por igual a todo el mundo, sí encontraron aumentos en búsquedas de palabras clave como “dieta”, así como un aumento en las cifras de asistencia al gimnasio después de distintas fechas entendidas como hitos temporales.
El efecto económico
“En septiembre y enero, después de los parones, la gente se reincorpora a cualquier cosa que implique algo de compromiso”, declara Aitor Sánchez, director del centro de nutrición Aleris, que constata “un incremento de entre el 30% y el 40% las consultas durante estos meses”. “Muchos de los objetivos relacionados con la salud vienen después de una época de excesos, como pueden ser las vacaciones o la navidad”, asocia el nutricionista.
Una situación similar confirma David Sanjurjo, CEO del centro de entrenamiento personal Ezen, sobre cierta estacionalidad en el sector: “En épocas de verano todo el sector sufre una reducción de altas y de facturación”. “Nosotros, al no ser un gimnasio convencional, porque trabajamos mucho con gente que tiene patologías o que viene a mejorar algún problema músculo-esquelético, tenemos una estabilidad; pero igualmente, incluso así, sí que es cierto que los meses de septiembre y enero son donde hay mayor número de peticiones de información”, reconoce, destacando que en los últimos años esta reactivación se ha desplazado incluso hacia octubre y febrero.
“Septiembre es uno de los meses con más demanda en psicología. Septiembre y enero, o sea, a la vuelta de las vacaciones y a la vuelta de navidad, por motivos distintos, son meses en los que hay muchísima demanda”, afirma la psicóloga María Bernardo, siguiendo con el pico de actividad que experimentan los negocios basados en el cuidado de la salud y la mejora de hábitos.
Viene después de un momento de descanso grande, porque te vayas o no de vacaciones, julio y agosto es un balón de oxígeno
“Hay como dos olas, una a principios de septiembre de gente que decide que quiere cuidar su salud mental, un poco como propósito, y otra que llega un poquito a final de mes en la que está la frustración de volver a la rutina, de volver a frustrarse en el trabajo o tener de nuevo la ansiedad disparada”, detalla Bernardo.
Además de una oportunidad para el reinicio personal, la psicóloga apunta al contexto sociocultural de comienzo colectivo: “Viene después de un momento de descanso grande, porque te vayas o no de vacaciones, julio y agosto es un balón de oxígeno en el que no se hace nada, muchas empresas cierran, no se hacen trámites y el país se para también porque hace muchísimo calor y todo se reinicia en septiembre”.
Vivir por cursos
“El descanso estival es más largo que el descanso de navidad, por lo que fomenta más un cambio de rutinas”, concuerda Daniel Gabaldón, profesor titular de sociología de la Universitat de València especializado en sociología del tiempo y de la educación, lo que explica muchos otros ritmos sociales se acojan a ese ritmo. Para él, habernos socializado en esta estructura temporal durante toda la infancia y adolescencia tiene mucho que ver con la interiorización del ciclo: “Muchos además tenemos hijos en edad escolar, por lo que el ciclo académico nos afecta a través de la conciliación familiar, los horarios de los centros o las actividades extraescolares”.
Más allá de las clases, los profesores y los alumnos, en septiembre también comienza el año judicial, la temporada cultural de teatro, ópera y danza, la televisiva, la editorial, el curso político con la reactivación de Congreso y Senado, momento de cosecha y vendimia, el inicio del calendario de fútbol —aunque cada año, un poco antes— y muchas otras actividades y clubes. Esto explica que en muchos casos este inicio de año alternativo no sea una decisión propia, sino consecuencia de un entorno con un funcionamiento concreto.
El descanso estival es más largo que el descanso de navidad, por lo que fomenta más un cambio de rutinas
“No sé si será por haber trabajado en la radio, por mi afición al fútbol o porque tengo muchas buenas amigas que son profesoras, pero, para mí, septiembre es el verdadero nuevo comienzo. En Navidad suelo pensar más sobre mi relación con la gente a la que quiero, pero no me pongo propósitos el 1 de enero”, comparte Sergio, periodista de 33 años, que aprovecha el final del verano para preguntarse cómo se siente con la vida que lleva y qué le apetece hacer.
“El 1 de septiembre vuelve la cultura, los pódcast, el cineclub universitario, la biblioteca pública en horario completo y empiezan las actividades”, destaca Rafael, de 43 años, que encuentra algo “mágico” en la vuelta a la oficina tras las vacaciones, cuando su ciudad, Granada, recupera el bullicio tras el letargo de agosto. “Todo abre de nuevo a la vez, se vuelven a llenar las calles y es una sensación muy agradable de comienzo que, ni por asomo, tengo en enero”, valora.
Si enero cuenta con la fuerza de la simbología que le otorgan las campanadas o la cuenta atrás para el inicio del calendario gregoriano vigente; septiembre, que como su propio nombre indica no siempre fue el noveno mes del año, sino el séptimo para los romanos, es para muchos una reestructuración forzosa en sentido práctico. Aunque no existe una causalidad demostrada, ya los romanos contaban con tres años nuevos: el sacerdotal, en enero; el nacional, en marzo; y un año nuevo cíclico o político, en septiembre, según el escritor bizantino Juan Lido en su obra sobre los meses ‘De mensibus’.
Además de picos en ciertas búsquedas en Internet, ambos momentos acumulan tareas, metas, expectativas, que pueden ser motivadoras, pero también una trampa psicológica de la que alertan las expertas. “Nos hemos convertido en un proyecto constante de optimizar. Estoy harta de escuchar en consulta hablar del autocuidado, que se entiende fatal, y estoy harta de escuchar el ‘quiero mejorar’, ‘quiero ser más productiva’, ‘no quiero estar cansada’, ‘quiero hacer todo lo que me propongo’ porque no es realista”, explica Bernardo, que subraya que “ponerse metas imposibles de superhumano” deriva en poco tiempo en una frustración que puede ser destructiva. “Es como un tren que te atropella, porque incluye pensamientos negativos de que no valgo, de que no soy constante, de que no tengo capacidad de esfuerzo”, ejemplifica.
En esa confluencia entre la nostalgia de un verano que se va y la ilusión o el estrés por los nuevos proyectos, la recomendación es la progresividad: “Entrar en la rutina poco a poco, siempre que se pueda, y no renunciar al ocio, sino adaptarlo a la nueva realidad”, resume la psicóloga. El calendario oficial seguirá inalterable en enero, ofreciendo otra oportunidad, pero queda a la elección de cada uno cuándo y cómo apretar su propio botón de reinicio.
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