Pramila Jayapan, congresista de EEUU: “Trump nos ha causado un daño enorme como potencia mundial”
La congresista estadounidense Pramila Jayapal (Chennai, India, 1965) llegó a EEUU a los 16 años con una beca de estudios tras pasar la mayor parte de su infancia en Indonesia y Singapur. Ligada desde los 90 a causas sociales, representa desde 2017 en la Cámara de Representantes la corriente más progresista del Partido Demócrata, que lideró en el Congreso entre 2019 y 2025 y cuya popularidad crece entre los votantes. Su discurso es la antítesis del de Donald Trump, cuyo poder quiere limitar tras las elecciones de medio mandato de dentro de dos meses. Los demócratas aspiran a recuperar la cámara baja e incluso el Senado. “Sería fantástico”, dice.
Jayapal considera que la guerra de Irán es inconstitucional y daña gravemente la imagen de EEUU en el mundo, fue una de las primeras parlamentarias en criticar sin ambages la influencia del lobby israelí y está en el punto de mira de la patronal de la sanidad privada por su impulso de la opción pública, prácticamente testimonial en el país. Y si la inmigración es una obsesión para Trump, para ella es igualmente una cuestión prioritaria, pero en sentido contrario. “Los inmigrantes son lo mejor de lo mejor de EEUU”, defiende.
Aprovechando el periodo de descanso del Congreso, Jayapal emprendió a finales de agosto una gira internacional por Latinoamérica y Europa, con escala en Uruguay, España, Alemania e Irlanda, para articular una respuesta progresista a la alianza de la extrema derecha global. Desde Madrid, atiende por videoconferencia a elDiario.es.
Quería empezar preguntándole por la reciente tendencia de los candidatos progresistas que están ganando las primarias demócratas, como Abdul El-Sayed o Angie Nixon.
Para nosotros ha sido una ronda electoral increíble. A Abdul El-Sayed lo he apoyado desde el principio. Estuve de campaña en Michigan justo una semana antes de las elecciones y el ambiente sobre el terreno era electrizante. Y esto, en un contexto en el que se invirtieron 80 millones de dólares en su contra.
Así que la victoria fue enorme y nos demuestra realmente lo que busca la gente por todo el país. Porque no es solo Michigan, es Colorado, es Nueva York, son muchos lugares donde creo que la gente quiere a alguien que se levante y luche por ellos, que se enfrente al gran capital, a los multimillonarios, a los CEO, y que sea realmente un defensor de la gente trabajadora de a pie. Por supuesto, todavía tenemos que ganar las elecciones generales. Ese es nuestro próximo reto.
El dinero del lobby israelí, del AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí), antes era determinante. ¿Qué ha cambiado ahora?
Ha habido un movimiento masivo en todo el país debido al genocidio en Gaza y las enormes cantidades de dinero que EEUU envía a Israel.
Se trata de dos frentes. En primer lugar, la gente considera que ese dinero debería gastarse en EEUU. En nuestro país no tenemos asistencia sanitaria universal. Tenemos necesidades acuciantes en materia de vivienda. Y por eso se pregunta: ¿por qué se envía este dinero a Israel cuando lo necesitamos aquí? Y luego está la segunda cuestión: lo que Israel hace con ese dinero. Los contribuyentes estadounidenses se sienten muy responsables de que Israel, el Gobierno de [Benjamin] Netanyahu, utilice ese dinero para bombardear Gaza y provocar este genocidio.
El AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí) se ha vuelto tóxico en EEUU
Así que creo que se trata de ambos niveles. El AIPAC se ha vuelto tóxico en EEUU y, en cierto modo, las tornas han cambiado hasta el punto de que, cuando dicen que van a apoyar a un candidato, en realidad le perjudican. Aunque inviertan decenas de millones de dólares, al final prevalece la voz del pueblo. Eso es lo que ocurrió en Michigan. Y, más recientemente, Aisha Wahab ganó en una elección para una vacante en California tras una campaña en que AIPAC destinó seis millones de euros a su rival en dos semanas.
Hay muchos ejemplos por todo el país. En la campaña de Abdul, también fue significativo que las grandes empresas del sector sanitario invirtieran una enorme cantidad de dinero debido a su apoyo a mi proyecto de ley, Medicare para todos, que supondría implantar la sanidad universal. Así que fue el lobby de la AIPAC, junto con el lobby de la sanidad privada, los que realmente se le opusieron. Perdieron, y el pueblo ganó.
Usted dijo en 2023, antes de los atentados del 7 de octubre, que Israel era un Estado racista, y luego se vio obligada a dar marcha atrás. Con todo lo que ha pasado desde entonces, incluido el genocidio que usted misma señala, ¿se siente reivindicada?
Sí, en el sentido en el que hablaba entonces, que era afirmar el derecho de los contribuyentes de EEUU a garantizar que el dinero que demos a cualquier gobierno extranjero, incluido Israel, tiene que cumplir el derecho internacional y nuestra propia legislación. Entonces precisé que lo que quería decir es que el Gobierno israelí es racista. No creo que ningún Estado que no permita la plena igualdad de sus habitantes, independientemente de su origen, pueda considerarse verdaderamente democrático.
Pero también me siento reivindicada respecto a la sanidad universal; fue una de las razones por las que me presenté al Congreso en 2016. Se trata del derecho fundamental a poder llevar una vida digna y asegurarnos de que nuestro Gobierno represente los valores del pueblo. Y creo que eso es cierto en lo que respecta al genocidio en Gaza, y también lo es en lo que respecta a la sanidad universal, así como en la lucha contra un Gobierno de derecha autoritaria que parece estar tomando el control de EEUU y alentando a otros gobiernos autoritarios de todo el mundo.
En cuanto a la sanidad, como ha dicho, también hay grupos de presión que apoyan a otros candidatos que se oponen al sistema de pagador único. Si no fue posible implantarlo bajo los mandatos de Barack Obama ni Joe Biden, ¿es posible ahora? ¿Ha cambiado algo?
Lo que ha cambiado es que las empresas farmacéuticas y las aseguradoras médicas se han vuelto increíblemente codiciosas y, básicamente, han robado a la gente en un sistema sanitario que es uno de los más caros. Gastamos el 18% de nuestro PIB en sanidad, y aun así tenemos algunos de los peores resultados del mundo. Alta mortalidad infantil, alta mortalidad materna, esperanza de vida en descenso, alta incidencia de accidentes cerebrovasculares, enfermedades cardíacas, etcétera. Creo que la gente ha visto la destrucción del sistema sanitario, incluso las pequeñas cosas que teníamos, ya fuera Medicaid (para personas sin recursos), Medicare (para mayores y discapacitados) o los créditos fiscales de la Ley de Asistencia Asequible que subvencionaban parte de los costes de la gente.
Somos el único país del mundo en el que, si tiene cáncer, puedes acabar arruinado
Así que todo el mundo lo ha notado. Acabamos de hacer una encuesta que publicaremos pronto: el 94% de los demócratas, el 60% de los independientes y uno de cada cinco republicanos están a favor de un sistema del tipo “Medicare para todos”. Incluso si se esgrimen todos los argumentos en contra, ese apoyo no disminuye porque la gente se gasta entre 20.000 y 25.000 dólares solo en el seguro médico. Lamentablemente, somos el único país del mundo en el que, si tiene cáncer, puedes acabar arruinado. No queremos que se nos conozca por eso.
Esto tiene mucho que ver con el poder del dinero en la política, como señala. Hay una sentencia del Tribunal Supremo que consagró las donaciones electorales como una manifestación de la libertad de expresión. Usted está intentando revocarla con cambios en legislación. ¿Eso está avanzando? ¿Hay una posibilidad real?
El dinero que hay en política es el problema número uno para la gente de todo el país; o sea, la corrupción del sistema político. Por eso propuse una modificación legal que revierta [las consecuencias de] Citizens United. Pero además de eso, cuando me presenté al Congreso hace 10 años, fui uno de los cuatro únicos miembros del Congreso que dijo que nunca aceptaría dinero de los comités de acción política (PAC) corporativos en mi campaña. Así es como se financian tantas campañas: a través de las empresas. Y así acabas con candidatos que, o bien parece que están comprados por las empresas, o efectivamente lo están.
Pero también podemos hacer otras cosas. Todos los candidatos progresistas que han ganado se presentaron con una plataforma que rechaza los PAC corporativos y asume el compromiso de sacar el dinero de la política. Estamos presionando también a nivel nacional para que no haya dinero de los grupos de interés en las campañas de las primarias demócratas. Ya veremos qué pasa, pero lo que antes era un inconveniente —no aceptar dinero de los PAC corporativos, porque no se dispone de tantos fondos para la campaña—ahora te hace ser visto como alguien creíble y que no está comprado por los lobbies.
También ha sido muy activa a la hora de criticar la política migratoria del actual Gobierno, especialmente el modelo del [Servicio de Inmigración y Control de Aduanas] ICE. Hemos visto recientemente el caso de un militar de la Armada que se entera de que su padre es detenido por ICE mientras está desplegado en un portaviones.
El rechazo a la inmigración se utilizó en nuestra contra en las últimas elecciones, y Trump llegó prometiendo que iba a deportar a lo peor de lo peor. Pero le ha salido el tiro por la culata, porque la gente se ha dado cuenta de que los inmigrantes son lo mejor de lo mejor de EEUU, y han visto cómo padres de personas que están desplegadas para luchar por nosotros, residentes de toda la vida sin antecedente penal alguno, son secuestrados y hechos desaparecer en plena calle.
Han visto a la Guardia Nacional, el ICE y la CBP (la agencia de protección de fronteras) matar a ciudadanos como Renée Good y Alex Pretti. Por eso la opinión pública ha cambiado enormemente. Y mientras que este sentimiento antiinmigrante era positivo para Donald Trump, ahora la gente de todo el país y de todos los partidos políticos está diciendo que queremos un sistema de inmigración humano y ordenado.
No aceptar donaciones de las empresas antes era un inconveniente, pero ahora te hace ser visto como alguien creíble y que no está comprado por los 'lobbies'
Queremos tratar a las personas con respeto. Aquellos que llevan tiempo en nuestro país, que han trabajado, que se han casado con ciudadanos estadounidenses, que son hijos de ciudadanos o padres de ciudadanos, deberían contar con un programa para regularizar su situación.
Yo llegué a EEUU con un visado de estudiante. Luego pasé por un proceso para obtener un visado H-1B (para trabajadores especializados). Esa vía ni siquiera existe ya para la mayoría de la gente. La Administración Trump lo ha eliminado todo. Así que cuando recuperemos la Cámara de Representantes, yo seré la presidenta de la subcomisión de inmigración. Nuestro objetivo es, en primer lugar, hacer que este Gobierno rinda cuentas por lo que ha hecho, pero también aprobar reformas migratorias humanas que realmente abran las vías legales que han permitido a tantos inmigrantes venir a EEUU y contribuir al progreso de nuestro país. Estamos convencidos de que necesitamos inmigrantes. Son contribuyentes netos al sistema y queremos un sistema que siga permitiendo que lleguen para aportar sus habilidades.
¿Da por hecho que van a recuperar la Cámara de Representantes? No es algo seguro.
Tengo la sensación de que lo conseguiremos, pero nos queda mucho trabajo por hacer y no damos nada por sentado.
¿Trump podría intentar rechazar el resultado si las cosas no salen como él quiere?
Estamos preparados para todas esas posibilidades. Hemos analizado todas las formas en que Trump podría intentar interferir en las elecciones, manipular los resultados o negar las victorias. Pero la mejor preparación es que la gente acuda a votar. Si obtenemos resultados muy sólidos en cada una de estas contiendas, le resultará más difícil interferir en los resultados.
En caso de victoria demócrata, ¿cuáles serán las primeras medidas que tomarán?
Dependerá mucho también de lo que podamos aprobar en el Senado. También existe la posibilidad de que recuperemos el Senado, y eso sería fantástico.
Pero es una posibilidad menor.
Es mucho menor, pero tengo muchas esperanzas de que ocurra, y estamos trabajando para ello. Lo que tenemos que hacer es abordar el coste de la vida, ante todo. Me parece vergonzoso que, en el país más rico del mundo, la mayoría de la gente no pueda permitirse una vivienda, la asistencia sanitaria ni el cuidado de los niños. En mi circunscripción se pagan unos 24.000 al año solo por la prima del seguro médico. Y eso sin contar si vas al hospital. No es sostenible.
Eso tiene que ser lo primero. Pero, al mismo tiempo, tenemos que exigir responsabilidades al Gobierno Trump y dar marcha atrás también en algunas de sus políticas en lo relativo al ICE, a la CBP y a muchas de las cuestiones de política exterior que nos perjudican.
Hemos dado más poder a los iraníes para controlar el estrecho de Ormuz y tener una influencia económica de la quizás antes no eran conscientes
Y luego, una tercera parte tiene que ver realmente con las reformas más generales. Creo que el Partido Demócrata no puede limitarse a ser lo que yo llamo un “partido de la oposición”, sino que también tiene que ser un “partido de las propuestas”. Y tenemos que proponer políticas transformadoras y audaces en la Cámara de Representantes, aunque no puedan aprobarse en el Senado, porque necesitamos mostrar a la gente cuál es nuestro proyecto para recuperar el Senado y la Casa Blanca en 2028.
Gran parte del dinero que no se gasta en sanidad u otros servicios públicos se está destinando al Ejército. Y ahora vemos la guerra de Irán, que ha cumplido seis meses y ha sido muy costosa. ¿Qué se puede hacer desde el Congreso para pararla?
Justo antes de acabar el curso legislativo, aprobamos mi resolución sobre poderes bélicos para poner fin a la guerra en Irán, a pesar de ser minoría, con todos los votos demócratas y cinco votos republicanos. Fue una señal clara al Gobierno de que la Cámara de Representantes, incluidos los republicanos, no quiere esta guerra. Creemos que es una guerra innecesaria, ilegal e inconstitucional. Trump no acudió al Congreso para solicitar autorización. Y ha sido muy costosa, también en términos de las vidas perdidas.
En EEUU, el precio de la gasolina ha vuelto a subir casi a su nivel más alto, y no vemos ninguna solución porque el presidente intervino en Irán sin ninguna estrategia, sin autorización y, desde luego, sin un plan de salida. Hemos dado aún más poder a los iraníes para controlar el estrecho de Ormuz y tener una influencia económica de la quizás antes no eran conscientes. Así pues, la única vía posible es la diplomática.
Si controlásemos todo, volveríamos al acuerdo nuclear con Irán que Obama puso en marcha, que no habría permitido que esto ocurriera. Pero Trump nos sacó de ese acuerdo y ahora vemos las consecuencias de esta guerra sin sentido.
Hay algunos analistas que dicen que la guerra se ha convertido en un punto de inflexión. Que EEUU está perdiendo parte de su posición como gran potencia. ¿Se habla de eso en el grupo parlamentario?
Sin duda. Creo que Trump ha causado un daño enorme a nuestra reputación como potencia capaz de formar coaliciones multilaterales y que cuenta con el respeto y la confianza de diferentes gobiernos de todo el mundo. Creo que hemos dañado estas relaciones de forma drástica con la guerra, con los aranceles y el retorno a la doctrina Monroe del imperialismo y la agresión estadounidenses. Decir que vamos a apoderarnos de Groenlandia o de Cuba, secuestrar al presidente de un país... Estas cosas eran inimaginables.
Muchos de nuestros homólogos en otros países dicen que no pueden confiar en EEUU. Nos comprometemos a cumplir un acuerdo, pero luego alguien puede intervenir y darle la vuelta de inmediato. Relaciones que han sido muy importantes con aliados de todo el mundo —en Europa, Canadá, América Latina— dejan súbitamente de ser importantes. Así que sí, Trump ha causado un daño increíble a EEUU como potencia mundial, porque si la gente no puede confiar en nosotros, establecerá relaciones con otros países, incluida China. Es un problema enorme que va a requerir bastante esfuerzo revertir, porque el déficit de confianza es grande. Incluso si hay un gobierno demócrata en el poder, la gente duda: ¿podemos confiar en que las inversiones o compromisos que acordemos se van a mantener?
¿Qué hay de Cuba? Es otro caso que el Gobierno de Trump ejerce una presión máxima. ¿Cuál debería ser la forma de abordar la situación?
He encabezado dos delegaciones del Congreso a Cuba en los últimos dos años; la más reciente fue hace solo unos meses, unos tres meses después del embargo de combustible. Mi postura ha sido muy clara. El embargo histórico de EEUU y el embargo de combustible contra Cuba son ilegales. Constituyen un castigo colectivo para el pueblo cubano.
La forma de alcanzar los objetivos de democracia, respeto de los derechos humanos y apertura de Cuba es la vía diplomática. Esas conversaciones se reanudaron bajo el mandato del presidente Obama, cuando empezamos a normalizar las relaciones. De hecho, aquello dio lugar a un enorme auge de la empresa privada en Cuba. Además, hubo presión interna sobre el propio Gobierno cubano para que continuara con la apertura.
Impedir la entrada de todo tipo de combustible en Cuba es tan cruel e ilegal que sobrecoge
Pero el embargo de combustible ha supuesto un bombardeo económico de las infraestructuras de Cuba; impedir la entrada de todo tipo de combustible es tan cruel e ilegal que sobrecoge. Por eso hemos impulsado una resolución sobre poderes bélicos relativa a Cuba que esperamos aprobar a la vuelta de las sesiones. Es más complicado políticamente que la guerra en Irán, obviamente, pero creo que el pueblo estadounidense no quiere otra guerra en Cuba, y realmente pienso que cuanto más entiendan sobre este embargo menos creerán que redunde en beneficio del pueblo estadounidense.
Tenemos una nación situada a 145 kilómetros al sur de nuestra frontera, con 11 millones de personas, y seríamos su socio comercial natural. El sistema de salud pública cubano es excelente. Por ejemplo, han desarrollado un tratamiento para el alzhéimer que podría beneficiar a nueve millones de personas mayores en EEUU.
¿Cuál ha sido el motivo de su visita a España?
La derecha se coordina muy estrechamente entre países y gobiernos y los partidos progresistas debemos hacer lo mismo. Creo que hay mucho entusiasmo en España, en la UE y en todo el mundo, por los candidatos progresistas que están ganando en EEUU, y es importante compartir las estrategias de organización de la izquierda progresista estadounidense. También lo es que nosotros aprendamos de los éxitos del Gobierno de Pedro Sánchez. España es uno de los focos importantes del movimiento de resistencia frente a cierto autoritarismo de extrema derecha y a algunas de las acciones de Trump. Sabemos que el Gobierno de Sánchez ha tomado decisiones muy importantes en relación con Israel, con la guerra en Irán, la migración, la inteligencia artificial y la tecnología digital.
También me he reunido con algunos partidos de izquierda de la UE. Voy a Alemania y después a Irlanda por el mismo motivo. Estamos intentando construir esa red.
Es una respuesta al movimiento global de la extrema derecha.
Acabo de llegar de Uruguay, donde también me reuní con varias delegaciones latinoamericanas en el marco del Congreso Panamericano. Además, formo parte de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, así que hemos colaborado con muchos de nuestros homólogos latinoamericanos en torno a la injerencia electoral. Sabemos que se acercan las elecciones en Brasil. Estamos siguiendo la cuestión de la injerencia de Donald Trump en sus elecciones muy de cerca, pero necesitamos una red mucho más sólida que se coordine a nivel transfronterizo en todo el mundo.
¿Cree que Trump intentará interferir en las elecciones de España el año que viene?
Espero que no. Haremos todo lo que podamos para asegurarnos de que eso no ocurra. Es importante que España esté dando pasos adecuados en materia de IA y las grandes empresas tecnológicas. Eso es muy importante para la seguridad electoral. Con suerte, recuperaremos el control al menos de la Cámara de Representantes y quizá también del Senado, así que esperemos que, para cuando lleguen las elecciones en España, estemos en una posición aún mejor para garantizar que sea el pueblo español quien decida el resultado de las elecciones y no Donald Trump ni las grandes empresas tecnológicas.
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