El ataque en Leipzig exhibe la fractura política sobre Rusia en Alemania en vísperas de unas elecciones clave para AfD
Las relaciones con Rusia venían ocupando un lugar destacado en el debate político alemán antes de que el gobierno de Friedrich Merz responsabilizara esta semana a Moscú de un intento de ataque con drones en el aeropuerto de Leipzig. Pero el anuncio, tan explosivo como poco sorprendente, llega en las vísperas de unas elecciones regionales clave y ha hecho evidente la polarización de la política alemana en torno a la cuestión rusa.
La formación de extrema derecha Alternativa por Alemania (Afd) lidera las encuestas a nivel nacional y también en el estado de Sajonia-Anhalt, que este fin de semana celebra elecciones. AfD ha abogado en repetidas ocasiones por estrechar los lazos con el Kremlin y, especialmente, por el regreso a Alemania del petróleo y el gas baratos de Moscú, a pesar de la implacable ofensiva rusa contra Ucrania.
Alemania sigue en vilo. El ministro de Interior, Alexander Dobrindt, ya había advertido de que Berlín se enfrentaba a una creciente amenaza de guerra híbrida. El miércoles por la mañana, un día después del anuncio sobre Leipzig, la policía investigaba un segundo acto de sabotaje, contra la red eléctrica. También se vinculó inicialmente con un sabotaje una explosión en la estación de tren de Augsburgo durante la madrugada del miércoles, lo que demuestra el estado de nervios y alerta en que vive el país por los posibles ataques a sus infraestructuras vitales.
Aunque las autoridades advierten de que no se deben sacar conclusiones precipitadas, estos incidentes se siguen investigando, junto con otros ocurridos recientemente que, según se ha dicho, podrían estar relacionados.
Moscú ha negado toda responsabilidad y acusa a Berlín de desviar la atención para que no centrarse en sus propios problemas internos, como el auge de la extrema derecha y la incapacidad del Gobierno para proteger sus infraestructuras.
Munición para AfD
La incertidumbre, el caos y la angustia resultantes son munición para la AfD. Su portavoz de política exterior, Markus Frohnmaier, acusó al Gobierno alemán de adaptar la clasificación de los actos de sabotaje “según lo que le conviene políticamente”. Frohnmaier se refirió al ataque de 2022 contra el gasoducto Nord Stream, del que dos ciudadanos ucranianos son sospechosos. Se trataba de una vía esencial para el flujo de gas ruso a Alemania.
El sabotaje “agravó la situación con Rusia en cuestión de días” pero no tuvo hasta ahora ninguna consecuencia, según Frohnmaier. Lo cierto es que los dos ciudadanos ucranianos señalados por Alemania como sospechosos han sido detenidos. Italia entregó a Berlín a uno de ellos el año pasado y el otro está detenido en Croacia.
“Esto no es una política de seguridad coherente, sino un doble rasero en política exterior”, afirmó Frohnmaier, quien dijo estar convencido de que el gobierno utilizaría el incidente de Leipzig “como justificación para apoyar aún más a Ucrania e implicar aún más profundamente a Alemania en esta guerra”.
La formación ultra ha pedido que se inicien negociaciones con Moscú, levantar las sanciones a Rusia y recortar drásticamente el apoyo a Ucrania. Ahora quiere que el Gobierno de Merz haga públicas las pruebas que demuestren la implicación de Rusia, pues alega que las presentadas hasta el momento no son suficientes.
Preocupado por la posibilidad de agravar el conflicto con Moscú, el Gobierno alemán esperó varios días antes de publicar su conclusión, redactada con sumo cuidado. “No estamos en guerra, pero somos blanco diario de una guerra híbrida”, declaró el ministro de Asuntos Exteriores, Johann Wadephul. Es la admisión más franca hecha hasta ahora por el Gobierno de Merz.
Es poco probable que los detalles revelados el miércoles sobre dos rusos sospechosos de estar implicados en el incidente de Leipzig apacigüen las quejas de AfD. Tampoco las de la izquierda de Die Linke. Su principal parlamentario, Dietmar Bartsch, dijo el miércoles que las sospechas de implicación de Moscú no justifica la decisión del Gobierno de Merz de cerrar el consulado ruso en Bonn y el amplio centro cultural Casa Rusa en Berlín. En su opinión, más que mejorar la seguridad de Alemania, dichas medidas aumentan el riesgo de una “guerra a gran escala”.
AfD ronda el 42% de popularidad en las encuestas y posiblemente esté a punto de formar el primer gobierno liderado por la extrema derecha desde la Segunda Guerra Mundial
Con un 22% de popularidad en las encuestas del estado oriental de Sajonia-Anhalt, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merz se encuentra bajo fuerte presión. AfD ronda el 42% de popularidad en las encuestas y posiblemente esté a punto de formar el primer gobierno liderado por la extrema derecha desde la Segunda Guerra Mundial.
Llamamientos a endurecer la postura frente a Moscú
Las voces que piden endurecer la postura frente a Moscú, y la frustración por no haberlo hecho antes, han ido en aumento dentro del partido de Merz. Según Roderich Kiesewetter, exsoldado y respetado experto en política exterior de la CDU, varias generaciones de diplomáticos llevan años acompañando a los demócratas cristianos y a sus actuales socios de coalición, los socialdemócratas, en la idea romántica de que a Rusia se le podía domesticar con comercio y gasoductos.
“[Alemania] debe abandonar su cautela ante el terrorismo de Estado ruso en territorio alemán, así como esa idea romántica de Rusia como una gran nación cultural”, dijo Kiesewetter a la emisora InfoRadio. “A Rusia le importa un comino esa cautela, que ve como una invitación a seguir aumentando la tensión”.
Kiesewetter criticó que Merz se refiriera hace poco a Rusia como una gran nación cultural. “Las grandes naciones culturales no someten a las naciones vecinas a la guerra, la violencia y los secuestros de menores”, dijo. En su opinión, ya es hora de que Merz llame por su nombre al régimen en Moscú.
El experto en política exterior del partido Los Verdes Konstantin von Notz alabó el “lenguaje significativamente claro” del Gobierno de Merz con relación al comportamiento de Moscú, aunque lo calificó de “muy tardío”. Las urnas dirán si los votantes de Sajonia-Anhalt temen o no el efecto que puede tener sobre ellos un mayor deterioro de las relaciones con Moscú.
Traducción de Francisco de Zárate.
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