La exposición que revisita la obra cumbre del fotógrafo Robert Frank y desnuda el alma de Estados Unidos durante la posguerra
La trastienda de una casa –y, en general, de una sociedad–, el interior de una barbería, una recepción de gente bien, el servicio de caballeros de una estación con un limpiabotas, imágenes en las que se lee la diversidad racial o sexual, muchos rostros, mucha gente, muchas figuras solitarias en parajes desolados, militantes de la contracultura, caminantes de la sociedad convencional, un tranvía de Nueva Orleans con asientos separados para negros y blancos…
Estas imágenes, todas en blanco y negro, pertenecen a una exposición acerca de una obra cumbre de la fotografía, Robert Frank & Los Americanos, que se puede ver en el marco de PHotoESPAÑA y en Espacio Fundación Telefónica hasta el próximo mes de noviembre. La exposición está comisariada por el crítico David Campany y organizada con el apoyo de la Maison Européenne de la Photographie (París).
Robert Frank nació en Suiza, donde su familia, judía, se mantuvo a salvo durante la Segunda Guerra Mundial. Se dedicó pronto a la fotografía. Marchó a Estados Unidos en 1947 y trabajó como fotógrafo de moda para Harper's Bazaar. Siguió viajando y tomando instantáneas por distintos países de América del Sul y Europa.
Y llega la génesis de The Americans, su obra cumbre. Frank viajó por Estados Unidos con una beca de la Fundación John Simon en 1955. Los dos siguientes años fueron de carretera y carrete, un periplo durante el que parió 28.000 fotografías con su Leica de 35 mm. De ellas, se seleccionaron 83 para publicar The Americans. En la exposición se muestran las instantáneas de la edición original junto con material adicional.
Se pueden ver, además, negativos, algunas ediciones del libro, una interesante proyección ochentera sobre el autor o un mapa que dibuja los 48 estados atravesados por Frank en su periplo. Pero, esencialmente, la exposición son fotos bien montadas sobre una pared gris oscura (y algunas, las que se salen de los contornos de la obra, blanca). ¿Para qué más?
Su viaje por las interioridades menos cosmopolitas del país no fueron fáciles y terminaron a menudo en situaciones complicadas que incluyeron algunas horas de reclusión. Ya en Nueva York, conoció a algunos de los protagonistas de la generación Beat, como Jack Kerouac –que escribiría una introducción para su obra– y Allen Ginsberg. La colaboración con los beatnicks continuó en 1959 con la película Pull My Daisy, escrita y narrada por Kerouac y protagonizada por Ginsberg. Años después, volvería a filmar con éxito éxito en Cocksucker Blues, un documental sobre los Rolling Stones.
La obra de Frank que podemos ver en Espacio Fundación Telefónica tuvo el arrojo de cuestionar la narrativa oficial de prosperidad y el sueño americano durante la posguerra. La mirada crítica hacia el estilo de vida americano es tan americana, en realidad, como su propia explotación y también como el road trip que lo vehiculiza en este caso.
Fotografías hieráticas que desnudan el carácter de las personas, recortándolas sobre paisajes cotidianos, a menudo austeros, que sin embargo son muy expresivos Sus encuadres inclinados, los desenfoques, el regodearse en el grano y las composiciones fragmentarias no fueron bien entendidas por muchos de sus contemporáneos, pero non tardaron en convertirse en un ejercicio tremendamente influyente.
En The Americans están las desigualdades raciales que pronto se convertirían en una explosión activista por los derechos civiles o la pátina consumista del sueño americano desde la cotideanidad y la crudeza de su mirada. Son la imagen que tenemos interiorizada de la segunda mitad del siglo XX norteamericano sucediendo en directo y sin disfraces.

0