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Cómo una exposición sobre la revolución cuántica nos da ganas de entrar a clase de Física y preguntarnos acerca de la realidad

La última parte de la exposición, sobre computación cuántica

Luis de la Cruz

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Si me dicen hace unos años que iba a asistir a una clase de Física voluntariamente no me lo hubiera creído. Pues sí, y me ha encantado. El pasado 7 de mayo se inauguró en Espacio Fundación Telefónica la exposición Revolución Cuántica: un viaje desde Galileo hasta los ordenadores del futuro, que es algo parecido a una clase con todos los recursos didácticos al alcance del profesor.

La muestra comienza refrescándonos los principios básicos de la física clásica (mecánica), con una disposición muy didáctic,a acompañada de preciosos instrumentos de medida y libros de Galileo, Newton o Kepler. De lo que se trata es de preparar el camino hacia lo cuántico, lo mollar de la muestra.

Durante siglos, los científicos consiguieron una explicación predecible de la realidad a través de la Física. Un edificio sólido construido desde los cimientos hasta el tejado, del que podríamos predecir con certeza casi absoluta sus características, durabilidad, comportamiento en un eventual derrumbe…Certezas escritas con fórmulas matemáticas.

Pero, a comienzos del siglo XX, algunas de estas personas con bata empezaron a darse cuenta de que, al estudiar el mundo microscópico —átomos, electrones, partículas de luz—, las reglas de la física que conocíamos dejaban de funcionar como se esperaba. Se dieron de bruces con fenómenos desconcertantes e inesperados: partículas que pueden estar en varios lugares a la vez, comportamientos probabilísticos en lugar de certezas, conexiones entre partículas separadas por grandes distancias, diferentes procesos de observación que modifican el resultado del experimento…

Exposición Revolución cuántica

Según lo escribo, me sigue sonando críptico, más aprehensible a través de la intuición que explicable en palabras. Por ello es tan valioso el ejercicio narrativo de la exposición, comisariada por Fundación Telefónica y la doctora en Información y Óptica Cuántica Sonia Fernández-Vidal. Desde el principio de incertidumbre de Werner Heisenberg, el de complementaridad de Niels Bohr, las simetrías de la naturaleza de Emmy Noether o la descripción del núcleo atómico de Maria Goeppert-Mayer, cambió también la forma de interrogar la realidad de los seres humanos. O está cambiando, según he creído entender.

La muestra es bonita –incluso si no llegamos a entender qué quieren decir los haces de luz o las estructuras moleculares en tres dimensiones– y tiene la virtud de bajar al suelo de vez en cuando para explicarnos que asuntos cotidianos como el transistor, los semiconductores, el láser o la electrónica moderna son hijos de la revolución cuántica. Pero sobre todo atrapa por las preguntas filosóficas suspendidas en el ambiente científico que la conforman. La realidad es de una determinada manera solo en el momento en que es medida, se nos dice. Una misma causa puede desembocar en diversas consecuencias. La realidad no es tan real o, al menos, es movediza.  

Al final del camino nos topamos con Richard Feynman y la computación cuántica, una promesa misteriosa para los legos que plantea un cambio radical: si la naturaleza es cuántica, quizá necesitemos ordenadores cuánticos para simularla.

La exposición puede resultar exigente para las personas de letras que, como yo mismo, tenemos algo olvidadas las clases de física del instituto. Precisamente por ello, resulta un acierto que nos la cuenten. Hay visitas guiadas (se pueden encontrar en la página de Espacio Fundación Telefónica) pero también señores y señoras expertos en la materia –y los cuantos– que nos ilustran sobre el cambio de paradigma de la física desde pantallas en cada sala de la exposición.

Está musealizada por todo lo alto. Con vistosos experimentos en gran formato, infografías que van de lado a lado de la pared, proyecciones y leds –mucho led, hoy en día no pueden faltar– empleados con criterio. Viendo algunas de las instalaciones ciclópeas que la ilustran me preguntaba, ¿cómo han resistido los creadores de la muestra a la tentación de hacer alusión al multiverso de Márvel?

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