La memoria que vuelve a casa: Las Villuercas rinde homenaje al sacrificio de sus emigrantes
Durante décadas, el silencio y la maleta fueron los únicos compañeros de miles de extremeños y extremeñas que, en los años 60 y 70, abandonaron el corazón de las Villuercas para buscar en Alemania, Francia o Suiza el pan que su tierra les negaba. Este sábado, 9 de mayo, ese silencio se rompió en Berzocana. Entre abrazos apretados y alguna lágrima que se escapaba al ritmo de la bandurria, la comarca celebró el I Encuentro de la Emigración de Las Villuercas, un acto de justicia poética y reconocimiento institucional para aquellos que se fueron con nada y volvieron con todo el orgullo del mundo y es que muchas heridas solo cierran cuando se nombran.
El evento, organizado por la Asociación Cultural El Castillo de Cabañas con el apoyo de la Diputación de Cáceres y el Ayuntamiento de Berzocana, no fue solo una reunión de vecinos; fue el cierre de un círculo vital. Bajo el proyecto 'Memoria Oral de la Emigración de Las Villuercas', la asociación ha rescatado del olvido los testimonios de 32 personas que han puesto voz a una herida colectiva.
Un desierto demográfico con rostro humano
Las cifras son muchas veces muy frías, pero en Las Villuercas además congelan. Entre 1961 y 1975, la comarca perdió el 46,61% de su población. Mientras la media extremeña se situaba en un ya dramático 36%, este rincón de Cáceres se vaciaba casi a la mitad. Pueblos enteros vieron cómo su juventud se desvanecía en trenes con destino a la incertidumbre.
Marleen Rueda, de la Asociación Cultural El Castillo de Cabañas y alma máter del proyecto, explica con emoción la necesidad de este archivo vivo: “El proyecto nació de la constatación del profundo impacto que la emigración tuvo en esta comarca. Queríamos que esas historias de vida, que han conformado nuestros pueblos y nuestro territorio, no se pierdan cuando estas personas ya no estén entre nosotros”.
Para Rueda, la importancia de este trabajo reside en la dignidad del relato: “A veces se habla muy poco de lo que significó irse. Se habla de las remesas, pero no de la soledad ni del sacrificio. Teniendo en cuenta la importancia que tuvo la emigración para Extremadura, me parece que se habla muy poco de las personas que la vivieron y, en muchos casos, la sufrieron”.
La música del regreso y el “sentirse extranjero”
La jornada arrancó en la Plaza de España con los bailes del grupo folklórico El Rehoyo. El ambiente se electrizó cuando sonaron los primeros acordes de la Jota del Emigrante. Muchos de los presentes, hoy ya de pelo cano, cerraron los ojos recordando aquellos veranos en los que esa misma melodía era el himno de su retorno temporal.
Tras el baile, la emoción se trasladó a la Casa de la Cultura. Allí, la alcaldesa de Berzocana, María Ángeles Díaz Benito, dio la bienvenida a su vecindario con un discurso que salió de las entrañas. Como hija de emigrante, recordó la ausencia de su padre, un vacío compartido por casi todas las familias de la zona. Fue la primera vez que muchos de estos “héroes invisibles” recibían un reconocimiento oficial por su historia de vida.
El broche de oro musical lo puso el cantautor berzocaniego Luis Pastor. Su voz, cargada de la nostalgia de quien también emigró a Madrid siendo niño, resonó con temas como 'Soy' y 'Te Doy Las Villuercas'. Pastor cantó a la infancia, al barro de las calles y al arraigo, ese hilo invisible que, según Marleen Rueda, se transmite de padres a hijos: “Es muy emocionante ver cómo, en muchos casos, el amor al territorio se hereda. Tenemos ejemplos de hijos de emigrantes que nunca vivieron aquí, pero que han regresado al pueblo de sus padres con sus propios hijos e hijas porque este sigue siendo su hogar”.
Un archivo contra el olvido
Los resultados del proyecto de 'Memoria Oral' presentados durante el acto dibujaron un mapa de la España del siglo XX: la pobreza extrema de los años 40, el analfabetismo forzado, el miedo, pero también la capacidad de adaptación en tierras extrañas y el doloroso sentimiento de “ser extranjero” tanto al irse como al volver.
“El proyecto ha pretendido recoger las vivencias contadas en primera persona, desde los exámenes médicos y el viaje, hasta la vida en el país de destino y la decisión de regresar”, apunta Rueda. “Queríamos sentar las bases para reconocer públicamente su gran contribución a nuestra sociedad actual”.
El acto culminó con la entrega de una pieza de alfarería local a cada emigrante. Uno de los momentos más conmovedores fue ver a tres mujeres de la “segunda generación” (hijas de emigrantes que también vivieron fuera) subir al escenario cogidas de la mano para recoger su recuerdo. Fue el símbolo perfecto de un legado que no se rompe.
Al finalizar, entre aperitivos y conversaciones que mezclaban el acento extremeño con algún giro de Francia o Alemania, quedó claro que Berzocana no solo celebró un encuentro, sino un acto de reconciliación con su propia historia. Porque, como recordaron los organizadores, la emigración de ayer es el espejo de la que hoy acogemos en nuestros pueblos, un ciclo de búsqueda de dignidad que nunca debería caer en el olvido.
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