Soy Tribulete 7 o cómo una nevera nueva puede dar esperanza ante los buitres
Antonia tiene una pequeña nevera que gotea cada vez que abre. Se debate entre comprar otra o no, porque vive de alquiler en un piso de Lavapiés y el propietario no le cobra mucha renta, pero tampoco le paga sus electrodomésticos. Un día decide ir a una tienda y mirar modelos, pequeñitos, porque solo quiere guardar “cuatro ajos”, como dice ella.
Cuando va de camino, una vecina le llama y frustra los planes: su casero va a vender a un fondo buitre el piso de alquiler y las otras 51 viviendas con las que comparte escalera. Antonia se queda en shock y decide pausar la compra, para volver a recoger el goteo de su refrigerador y a su incierto futuro.
La siguiente escena -os estoy contando una película real- es con Antonia en la tienda de electrodomésticos, hablando con el dependiente y escogiendo su nueva nevera. Eligiendo resistir junto a otras vecinas. Quedándose con la esperanza.
La metáfora de la nevera es uno de los hilos conductores de Soy Tribulete 7, un documental recién sacado del horno, que tuve la suerte de ver el pasado martes en el Teatro del Barrio, donde se mostró al público por primera vez. Sus autoras, las periodistas Leah Pattem y Elisa González, se han pasado dos años grabando historias de los vecinos de este bloque, adquirido por el fondo Elix y ejemplo de los desahucios silenciosos que tienen lugar -a miles- en Madrid.
“Lo cotidiano que tenemos en el barrio lo están vendiendo y lo están destruyendo. Están echando a nuestros vecinos para traer a turistas y queremos que se oiga”, explicaba Elisa durante la presentación sobre los procesos económicos que amenazan espacios como este edificio, cuyos habitantes son la pura esencia de Lavapiés, el ADN que compone Madrid.
Lo que pasa en Tribulete 7 lleva mucho tiempo apareciendo en los medios de comunicación. Somos Madrid lo ha contado varias veces, incluyendo la última gran victoria vecinal: la de sentar en el banquillo por acoso inmobiliario al fondo buitre, acusándolo de llevar a cabo molestas obras de reforma con intención de echar a los vecinos. De momento han conseguido expulsar a la mayoría: solo quedan 15 de los 52 alquilados. Pero los inquilinos prometen quedarse todo lo que puedan.
La historia de su lucha se hubiera podido perder en el tiempo, pero gracias a este magnífico documental podrá pervivir y enseñar a otros el camino para resistir ante la voracidad inmobiliaria. La película, que tiene un enorme trabajo de grabación y montaje detrás (hay más de 1.000 horas de material, condensado en 53 minutos), acaba de echar a rodar y su camino de exhibición va a ser largo. También costoso.
De momento sus impulsoras están vendiendo carteles ilustrados del documental para financiar los siguientes pasos y ofrecen proyecciones gratuitas. En la web oficial del documental tienes más información sobre ellas, así como en el email de contacto (soytribulete7@gmail.com) y en sus redes sociales, donde acaban de estrenar un tráiler que te deja con ganas de conocer más historias. No desvelo ninguna otra porque merece la pena sentarse a verlas y escucharlas.
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